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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Es cosa de hombres

Así se publicitaba una marca de brandy en los años sesenta y setenta del pasado siglo: “Es cosa de hombres”. Proyectando que una bebida de alta graduación, como aquella, solo podía estar dirigida a satisfacer los placeres de masculinos paladares. En sus anuncios aparecían futbolistas, militares, corredores en un encierro taurino o pilotos de carreras, dejando bien claro a quien se dirigía el producto. Tras las imágenes, una joven afirmaba: “Es cosa de hombres. Los hombres beben Soberano porque es cosa de hombres”. Hoy no se atreverían, pese al evidente machismo que destila buena parte de la producción publicitaria. No lo harían por el rechazo social que suscitaría y, asimismo, por razones puramente comerciales: estarían renunciando a captar la clientela femenina.

Semejante frase publicitaria casaba a la perfección con la manera de pensar y hacer de una sociedad, la de la última etapa del franquismo y comienzos de la Transición democrática, en que casi todo, la política, la economía, el deporte, continuaba siendo, salvo excepciones, “cosa de hombres”. Como señala Montserrat Boix en La representación de las mujeres y la lucha por la paridad, aproximación histórica,  “en las elecciones al Congreso de Diputados de 1979 la presencia femenina no es superior a un 6 %, cifras similares a las convocatorias electorales posteriores desde el 82 al 89 en el que la presencia femenina oscila entre el 2,4 % y el 5,6%”. El establecimiento de cuotas, guste o no, fue determinante, ya en este siglo XXI, para que comenzaran a cambiar las cosas.

Los avances experimentados por las mujeres en la IIª República –donde se aprobó el sufragio femenino o el divorcio, así como el reconocimiento de derechos en la familia y en el matrimonio; y se hizo un esfuerzo para incorporar a las mujeres a la educación- fueron cercenados por el franquismo. En la dictadura, las mujeres quedaron relegadas al espacio doméstico o al ejercicio de profesiones consideradas una prolongación de su “vocacional” papel de cuidadoras.

Mucho ha cambiado la situación de la mujeres desde entonces. Están presentes en los parlamentos, en porcentajes semejantes a los de los hombres, y dirigiendo varias comunidades autónomas y numerosas alcaldías, entre ellas las de Madrid y Barcelona. Han aumentado su papel en las universidades y en las empresas, aunque mucho menos en su dirección. Juegan cada vez un rol más relevante en la actividad deportiva… Más temprano que tarde tendremos la primera presidenta del Gobierno central, como ya ha ocurrido, como presidentas o primeras ministras, en Alemania, Reino Unido, Chile, Noruega, Argentina, Canadá o Brasil.

Leyes

Sin embargo, pese a las importantes modificaciones legislativas, pese al avance de las mujeres en todos los ámbitos sociales, pese a los cambios educativos y los que se han ido produciendo en la mentalidad ciudadana, continúan existiendo espacios y actuaciones que prolongan aquel “es cosa de hombres”.

Sucede, en este caso es una circunstancia mundial, en el ámbito de la Iglesia Católica, así como en otras confesiones religiosas, entre ellas, y de forma destacada, el Islam. Son cosa de hombres. No es de recibo que en pleno siglo XXI marginen a la mitad de la humanidad y no posibiliten su acceso, no ya a su máximo nivel de mando, sino ni siquiera a ejercer el sacerdocio. Una marginación que no es gratuita, que tiene consecuencias, y que muestra a las mujeres como ciudadanas de segunda que no merecen consideración divina.

La Justicia española tampoco anda para dar ejemplo. No por el número de mujeres juezas, cada vez mayor, sino por su escasa representación en la carrera judicial que, como el anuncio de marras, parece ser cosa de hombres. Como viene denunciando la Asociación de Mujeres Juezas que preside Gloria Poyatos, en el  Tribunal Constitucional hay solo dos magistradas de un total de doce y en el Tribunal Supremo son 11 las mujeres de un total de 78, es decir representan un 13% del órgano.

En cambio no suelen ser tanto cosas de hombres el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos e hijas. Según el INE, en los hogares integrados por una pareja con hijos la dedicación diaria de la mujer casi duplica la dedicación del hombre (4 horas y 37 minutos la mujer, 2 horas 34 minutos el hombre). Además, si atendemos a la situación laboral, “las mujeres ocupadas dedican 3 horas y 46 minutos diarios a las actividades de hogar y familia y 2 horas y 21 minutos los hombres. La diferencia es mucho mayor en el caso de inactividad (estudiantes, jubilados o pensionistas, labores del hogar), 4 horas y 49 minutos las mujeres y 2 horas y 25 minutos los hombres”.

Violencia

Si es, por contra, cosa de hombres la violencia machista. Más de 800 mujeres han sido asesinadas desde 2004 a hoy por sus parejas o exparejas en España. Mensualmente se presentan más de 2.400 denuncias por violencia contra las mujeres. Los comportamientos machistas se reproducen entre los jóvenes. Pero no aparece como problema relevante en el barómetro del CIS. El Pacto contra la Violencia de Género es una buena noticia.

Por último, también parecen ser cosa de hombres las gestas deportivas. Cuando un equipo supera una eliminatoria que parecía imposible los medios de comunicación hablan de una “machada”. Como he señalado en diversas ocasiones, saltando obstáculos, superando las más diversas pruebas, las mujeres han mostrado su capacidad de conseguir las mayores gestas en el mundo laboral, empresarial o político. El uso a estas alturas de “machada” resulta tan machista e impresentable como extemporáneo y ridículo.

El machismo es un asunto en el que los hombres tienen mucho que ver. Con el problema y con la solución. Lo peor son, sin duda, los hombres con execrables actitudes violentas hacia las mujeres. Pero no son menos impresentables los que justifican o quitan hierro a la grave situación y muestran una enorme misoginia, como vemos en las redes o en algunos medios. Aunque, afortunadamente, cada vez hay más hombres críticos con la realidad actual y comprometidos en cambiarla para lograr la plena igualdad.

 

——–Publicado incialmente en Canarias7

Me gusta la bandera

Sí, me gusta la bandera, la canaria, tricolor con siete estrellas verdes. A la que canta Taburiente en Aguañac: “Un mar azul que brille con siete estrellas verdes, el amarillo en tus trigales y el blanco en tus rompientes”. No soy el único. Es la habitual en las diversas fiestas populares y en los más variados acontecimientos deportivos; también en las movilizaciones sociales. De más arraigo y, en mi opinión, de mucha mayor belleza que la oficial que reconoce el Estatuto; pero eso último es solo una cuestión de particular gusto, claro. Es verdad que, desde hace tiempo, es la bandera de las formaciones nacionalistas canarias, partidos y sindicatos, pero también de muchos canarios y canarias que votan otras opciones políticas. Y que en las sedes de las instituciones y en los acontecimientos oficiales debe presidir la estatutaria, como corresponde.

Relativizo bastante los símbolos. No estoy dispuesto a morir ni a matar por ninguna bandera, por ninguna. De hecho, en mi casa no hay banderas, grandes ni pequeñas, ni figuras de personaje alguno, ni emblemas políticos ni religiosos.

Envolverse en una bandera no me dice nada de quien lo realiza. No supone que por hacerlo se sea ni mejor persona ni más patriota que el resto, salvo una visión acartonada e hipócrita de las patrias, en las que poco o nada importan sus gentes. Como puede comprobarse con tantos abanderados, muchos de ellos ilustres –de la economía, del deporte o de la música- , que luego, sin la menor vergüenza, defraudan al fisco o colocan todo su dinero en paraísos fiscales y, por tanto, dañan a la hacienda pública y muestran su absoluta falta de empatía y solidaridad hacia sus conciudadanos.

Comparto, en este sentido, lo que hace unos años dijo el hispanista Ian Gibson en la Comunidad de Valencia: “”Menos banderas e himnos y más enseñanza pública y hospitales, más sanidad”. O las de Benedetti: ¿Qué pasaría si de pronto / dejamos de ser patriotas para /ser humanos?”

Solidaridad

Además, considero que las banderas que más valen la pena son las de la solidaridad, de la igualdad, del rechazo a cualquier forma de marginación y discriminación. Tal vez, por eso, tengo especial afecto a la arcoíris y a la violeta, que tanto han hecho para comenzar a superar injustas situaciones. Y a la verde que pretende salvar el planeta de su destrucción a causa de las agresiones humanas contra el territorio y el medio ambiente.

Por otra parte, el hecho de que me guste la tricolor y estrellada bandera no supone que quiera imponérsela a los demás. En modo alguno. Claro que me encantaría que fuera el símbolo de la Comunidad Canaria pero entiendo que una buena parte de las organizaciones políticas -especialmente, pero no solo, PP y Ciudadanos, también el PSOE- tengan legítimas discrepancias sobre el asunto. Por supuesto que las respeto.

Y, por otra parte, no le veo el menor interés a plantear una singular guerra de banderas. Ni ahora, que tenemos suficientes y graves problemas de desempleo, pobreza y débiles servicios públicos, a los que conviene dedicar todos los esfuerzos, ni en otro momento en que la sociedad canaria fuera menos desigual que la actual y el bienestar mayoritario.

Solo si hubiera un consenso muy elevado tendría sentido modificar el Estatuto y cambiar la actual y oficial bandera por la de las siete estrellas verdes. Y no es, evidentemente, el caso. De los partidos que están en el Parlamento tres –CC, Podemos y NC-, que representan a 30 diputados y diputadas, probablemente estarían por la labor. Insuficiente, sin duda.

Puestos a elegir me resulta más interesante, más imprescindible, por sus consecuencias en la mejora de la calidad de la vida democrática, cambiar el sistema electoral y ganar en pluralidad y representatividad. O el reconocimiento de las aguas canarias. O, en fin, que los contenidos sociales del nuevo Estatuto tengan expresión práctica, no solo formal. Y, sobre todo, que Canarias deje de ser la cola de las comunidades autónomas en casi todos los parámetros –sanidad, educación, aplicación de la ley de la dependencia…- y los líderes de los bajos salarios, las paupérrimas pensiones, la pobreza y la exclusión social.

Prohibir, no gracias

Pero dicho esto no entiendo el intento de prohibir la misma, por ejemplo, en nuestros recintos deportivos. No creo que la bandera esconda intentos totalitarios ni de desprecio a los derechos humanos, como sí hacen las fascistas. No considero que pretenda imponerse a otras enseñas y ser enarbolada en la conquista de territorio alguno. Detrás de ella no hay violencia, intolerancia, racismo ni xenofobia. Salvo la que puedan mantener personas individuales como sucede con la española, la francesa, la italiana, la estadounidense o la alemana. También, por si acaso, la rusa.

El escritor, profesor y político Juan Manuel García Ramos acaba de llevar al Parlamento de Canarias una proposición no de ley (PNL) en la que pide se derogue la prohibición de la bandera con siete estrellas en los estadios promovida por la Comisión Estatal contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte. La propuesta de CC-PNC solicita a la Delegación del Gobierno en Canarias que elimine la prohibición de la enseña en los actos deportivos y populares; y reclama a la Liga de Fútbol Profesional que excluya a la bandera de las siete estrellas verdes de su listado de emblemas que incitan a la violencia.

Peticiones muy razonables y que fueron apoyadas por la mayoría de la Cámara, todos los grupos a excepción del PP. Esta bandera, la tricolor con las siete estrellas verdes, no hace el menor daño. Sí lo hacen, con creces, los cánticos racistas, xenófobos, machistas y misóginos que se escuchan en muchos estadios, las expresiones de odio y de desprecio. La violencia gratuita de grupos de extrema derecha que ha crecido en las calles de manera importante en los últimos meses. Ocúpense de ello. Ahí si nos jugamos la seguridad, la democracia y la libertad.

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Publicado inicialmente en el periódico Canarias7.

Quiero ser vasco

Quiero ser vasco. No lo digo solo por la posibilidad de pasear diariamente por mi amada Donostia. Ni por las conversaciones sosegadas en cualquier rincón de esa tierra con mi amigo Koldo. Tampoco por su excelente gastronomía. O por su más que relevante oferta cultural: jazz, cine, escultura, museos…. Ni por La Concha que, con ser muy hermosa, no la cambio por mi playa de Las Canteras, con su singular barra y, por estar lista para el baño, por su suave temperatura, casi los 365 días del año.

Lo digo, sobre todo, atraído por sus condiciones económicas y sociales: desempleo muy por debajo de la media española, una economía bastante diversificada en la que el turismo ha crecido en lugares antaño industriales (caso de Bilbao) y en la que se mima la I+D+i. Unos elevados parámetros educativos –pese a las advertencias de estancamiento del último informe PISA- y unas bajas tasas de abandono escolar temprano…

Configurando una sociedad que se codea con las europeas más avanzadas. Y que, además, pese al predominio histórico de gobiernos moderados, mantiene elementos importantes de cohesión social y de apoyo a los sectores más débiles, con peor situación económica. Como sucede con la implantación de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), una especie de renta mínima para persona sin ingresos o con ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades básicas.

Asimismo, no es un lugar donde se hayan producido las numerosas escandaleras de corrupción de otros territorios. Aunque durante medio siglo les tocó sufrir –no en exclusiva- la irracional barbarie de los que pretendían imponer sus ideas con secuestros, coches bomba y tiros en la nuca.

Inyección millonaria

Hoy es, sin duda, una de las comunidades más equilibradas y con mayor calidad de vida. Y lo será más a partir de ahora, si finalmente se aprueban los Presupuestos Generales del Estado para 2017. La inyección millonaria que supondrán por la forma muy favorable a las tesis del Gobierno del PNV en que se ha resuelto el contencioso en torno al cupo vasco, incrementará aún más sus arcas públicas y permitirá potenciar sus servicios públicos y sus infraestructuras.

Y no ha sido solo el cupo, que supone varios miles de millones de euros. También la financiación del AVE que unirá las capitales vascas en seis años, el ahorro que supondrá para las empresas la bonificación de la tarifa eléctrica o, en fin, el apoyo al desarrollo de distintas infraestructuras. Y, en el plano político, donde el Gobierno central dijo digo, recurriendo ante el Tribunal Constitucional distintas iniciativas del Ejecutivo de Ajuria Enea, ahora dirá diego, desistiendo a continuar con las mismas.

Demuestra, por un lado, los escasos complejos de la derecha española. Aunque no lo parezca, es el mismo PP que criticaba hace un año a Pedro Sánchez por la posibilidad de que pactara con los independentistas, entre los que entonces se incluía al PNV, situación que “rompería España”. Su visión patriótica termina, justo, donde empiezan sus particulares intereses de partido. Y, por otro, la capacidad de tragadera y de hacer el ridículo del uniformador y jacobino partido de Albert Rivera, el Ciudadanos que se oponía al cupo y que ahora va a aprobar con su votos el cuponazo con tres estrellas michelin.

Agravios

Decisiones, por cierto, que incrementan el arsenal de agravios de los catalanes –especialmente de los que apuestan por la desconexión de España, pero no solo- que miran asombrados la enorme diferencia de trato.

Y, sobre todo, confirman una visión desequilibrada e injusta en el reparto de los recursos públicos: beneficiando a los que más tienen en detrimento de los que menos. El Sur –mucho menos desarrollado, con más pobreza y desempleo, con menos nivel cultural y educativo, con peores infraestructuras y servicios públicos- también existe.

Y al Sur del Sur se encuentra Canarias, a más de 1.000 kilómetros del continente europeo, con un 50% menos de riqueza y duplicando las cifras de paro EPA (25,7% frente al 11,9%), con un 35% de personas en riesgo de pobreza frente al 9% de Euskadi. Y, sin embargo, si no se modifican las cosas, no va a recibir en los PGE 2017 un trato ni parecido al de Euskadi, ya quisiera, cuando sus circunstancias son terriblemente peores.

Lo dicho: quiero ser vasco. Eskerrik asko.

 

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Moción espectáculo

 

Plantear una moción de censura contra un Gobierno acosado por la corrupción -y por algo más que sospechas de uso torticero de la Justicia, ahí están las vergonzosas grabaciones- puede suscitar el inmediato aplauso de muchos. Cabreados ante la barranquera de detenciones y la aparición de nuevos casos parece que todo vale para hacer frente al PP y sus dislates. Pero no es así.

La moción de censura es algo muy serio y por eso resultan contadas las llevadas a cabo en democracia: la de Felipe González contra Adolfo Suárez en 1980, con un líder que solo necesitaba tiempo para llegar a La Moncloa, aunque quien intervino en su defensa fue Alfonso Guerra; y la de Antonio Hernández Mancha a Felipe González en 1990 que, por el contrario, con un candidato que no era ni siquiera diputado (la defendió Juan Ramón Calero), demostró que la AP de entonces no tenía alternativa ni liderazgo.

En ambos casos las posibilidades de éxito eran nulas (aunque en el primero la diferencia fue de 24 votos: 156 síes y 166 noes; en el segundo la aplastante mayoría absoluta del PSOE no ofrecía dudas, pero además rechazaron también la censura a González IU, PNV y EE). Y fueron protagonizadas por el principal partido de la oposición, en un Parlamento que se parece poco al actual en el que el bipartidismo ha sido tocado en su línea de flotación y la fragmentación, especialmente en el caso de las izquierdas, exige gobiernos con variados apoyos parlamentarios.

En ese marco, lanzarse a presentar una moción de censura como lo ha hecho Pablo Iglesias se asemeja a como se lanzó hace más de un año a presentar a Pedro Sánchez su Gobierno en aquella esperpéntica rueda de prensa, con la mitad de los ministerios asignados sin contar con el futuro presidente. Un acto de prepotencia que solo ayudó a incrementar la desconfianza entre Podemos y el PSOE. Política espectáculo en estado puro. Una moción de censura sin apoyos, sin candidato y sin posibilidades es, en mi opinión, un ejercicio de onanismo que solo generará más frustración en la izquierda.

Rechazo

Ahora, con un Podemos desnortado en el Parlamento, que no ha sabido aprovechar las circunstancias del PP en minoría mayoritaria, para tejer acuerdos que posibiliten mejorar la vida de la gente, Iglesias vuelve a las andadas. Y, en solitario, sin conversaciones ni acuerdos previos con otras formaciones políticas plantea una censura que difícilmente recabará algún apoyo suplementario a los 71 diputados de UP y las convergencias.

La moción tampoco tiene programa (tema más fácil de resolver, pondrán el suyo) ni candidato. En el caso de que finalmente se decidan por Pablo Iglesias tendríamos el combate entre los dos líderes que generan más rechazo en la ciudadanía: Rajoy y el propio Iglesias. Bueno, ni eso, Rajoy no está obligado a intervenir y puede delegar en otro compañero de filas.

La moción se plantea, fundamentalmente, contra el PSOE más que contra el PP, sabido de que su fracaso será inevitable. Es un envite a los socialistas que hoy no tienen ni secretario general ni candidato a la Presidencia del Gobierno. Ni un claro líder en el Congreso de los Diputados.

En esas condiciones, Iglesias y los suyos aprovechando de forma oportunista la parálisis socialista le plantean un reto, conocedores de que la respuesta va a ser indudablemente negativa. Y, tal vez, consigan generar problemas al PSOE con la moción. Pero esta no servirá ni para cargarse a Rajoy ni para cambiar las políticas que afectan negativamente a la vida de la gente.

Eso sí, pretenderán aparecer como los salvadores de la patria en estos tiempos de corruptelas varias y de manipulaciones políticas intolerables. Con varios problemas. Uno, el anunciado fracaso que dejará las cosas como están, o no, que igual Mariano sale fortalecido de la jugada, confirmando que no tiene alternativa. Dos, la frustración aparejada a un intento baldío de cambio y a la continuidad de los conservadores. Tres, peores relaciones en el seno de las izquierdas que dificulten futuros (e imprescindibles) entendimientos.

Responsabilidad

Y, en fin, el cuarto, y muy importante: si Mariano Rajoy sigue al frente del Gobierno es, no conviene olvidarlo, gracias a su voto negativo (junto al del PP) cuando Sánchez se presentó a la investidura, lo que no quita las responsabilidades de una parte del PSOE en evitar cualquier acuerdo con la formación morada. Entonces había recortes, austericidio, pérdida de derechos, limitación de libertades y, por supuesto, corrupción en dosis elevadas. Y el señor Iglesias no tuvo a bien evitar un nuevo Ejecutivo de Rajoy, impidiendo que Sánchez accediera a la Presidencia. Prevalecieron más otros intereses.

El cierre de la ventana de oportunidad de los años 2014-2015, la desorientación parlamentaria y política de quienes iban a asaltar inmediatamente el cielo y tuvieron que gestionar un panorama menos dinámico, con menos posibilidades transformadoras a corto y medio plazo, situó a Podemos en Vistalegre II ante una difícil coyuntura, al borde del abismo. Con la elección de Iglesias y sus tesis dieron un significativo paso adelante.

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Jesé, expectativas desmesuradas

No sé si a Jesé Rodríguez le han condicionado en exceso las elevadas expectativas que levantó su cesión a la UD Las Palmas entre una parte significativa de la afición amarilla. O si, asimismo, le ha perjudicado que el equipo no haya atravesado el mejor momento de la temporada en estos últimos meses, más bien todo lo contrario, coincidiendo con su incorporación y la de Alen Haliloviç, lo que se supone eran refuerzos para dar aún más calidad al colectivo. O, tal vez, que le ha podido la ansiedad por demostrar que no es un futbolista del montón, que no se justifica el ostracismo que padeció en el PSG.

Lo cierto es que su rendimiento ha defraudado y su aportación al equipo ha sido más bien escasa. Muchos fallos frente a la portería y exceso de individualismo han caracterizado su fútbol desde que llegó a las filas de la UD. Lo que en algunos partidos le ha llevado, tengo la impresión de que merecidamente, a ir desapareciendo de las alienaciones de partida.

Las dos incorporaciones de enero, Jesé y Haliloviç, tenían una enorme oportunidad para rehacer sus irregulares carreras de la etapa futbolística más cercana. Cuestionados en sus equipos de origen, la UD que tantos aplausos había levantado en la primera vuelta por su fútbol de toque y asociativo, parecía el lugar más adecuado, el ecosistema más preciso para que ambos jugadores explotaran todas las virtudes que atesoran.

Viera

Como sucedió en su momento con Jonathan Viera. Después de su poco exitoso paso por distintos clubes -Valencia, Rayo Vallecano o, más recientemente en el tiempo, Standard de Lieja-, tras su regreso al equipo el grancanario se ha convertido en un jugador esencial, en el creador más brillante y reconocido del equipo.

Pero volvamos a Jesé. Reconozco que me resultó asombrosa y completamente desmesurada la euforia desatada tras su fichaje en el mercado de invierno. Llegué a escuchar que se trataba del fichaje “más importante de la historia de la Unión Deportiva Las Palmas.” Como si el mundo empezara en este siglo y no hubiera la menor referencia de un pasado con muchas páginas brillantes.

Y me acordé, por ejemplo, de los argentinos Daniel Carnevali, Quique Wolf, Carlos Manuel Morete y Miguel Ángel Brindisi, o del chileno Coke Contreras, futbolistas de mucha calidad y que rindieron a gran nivel en su etapa amarilla.

Ojalá Jesé llegue a ser un futbolista de primera categoría y triunfe aquí o en otros destinos. Pero, de momento, se encuentra muy alejado de los futbolistas citados. Y, por supuesto, de figuras relevantes canarias que jugaron en la UD, como Germán, Guedes, Tonono, Martín, Gilberto II, Alexis Trujilo  o Valerón. Así como del jugador del Manchester City David Silva, que nunca militó en la UD, actualmente el más grande de los jugadores isleños y, sin duda, uno de los mejores futbolistas canarios de la historia.

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Ya se encuentra en las librerías el libro ‘El fútbol canario. Identidad, Valerón y otros desmarques’, de ediciones Tamaimos, mi personal homenaje a nuestro fútbol.

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Juan Carlos Valerón: “Messi se encuentra por encima de todos”

 

  • “Se puede hacer un fútbol que sea efectivo y práctico y, al mismo tiempo, que se juegue de forma bonita”
  • “Era una maravilla ver jugar a Laudrup: no tenía un físico espectacular pero lo suplía con una calidad extraordinaria”

 

Esta mini entrevista con Juan Carlos Valerón forma parte de mi libro ‘El fútbol canario. Identidad, Valerón y otros desmarques’, editado por la Fundación Canaria Tamaimos. Su presentación en Tenerife tendrá lugar este miércoles, 22 de marzo, a partir de las 20 horas en el Ateneo de La Laguna, con la participación de Carmelo Rivero, director del periódico Diario de Avisos, y Francisco Galante, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna. 

–¿Cuáles son a tu juicio los mejores jugadores de todos los tiempos?

–He oído hablar y he visto en vídeos a los que casi todo el mundo considera los cuatro grandes (Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona). Pero solo vi jugar, por edad, a Maradona; y era, en efecto, un jugador excepcional. De los otros, siendo sin duda muy grandes, puedo opinar menos.

–¿Y de los futbolistas actuales?

–Messi se encuentra por encima de todos. Es muy difícil disponer de tantas virtudes y mantener el nivel que mantiene partido a partido, temporada a temporada. Es un enorme placer disfrutar de su inteligencia, de su juego, de sus asistencias, de sus goles. Es muy completo y estable.

–¿De los que viste jugar en tu puesto de mediapunta a cuáles admiras más?

–En mi puesto hay muchos jugadores de gran nivel y que he admirado. Ahora bien, si me pides uno: Michael Laudrup. Era una maravilla verle jugar en el Dream Team: no tenía un físico espectacular pero lo suplía con una calidad extraordinaria.

–¿Es compatible lo práctico con lo bello?

–Claro que sí. Se puede hacer un fútbol que sea efectivo y práctico y, al mismo tiempo, que se juegue de forma bonita. Tenemos la gran suerte de haber visto como ejemplo de ello durante los últimos años a un equipo, el FC Barcelona, que hace un fútbol vistoso y que ha ganado más títulos que nadie en este siglo.

–¿Guardiola o Mourinho?

–Cada uno tiene su manera de interpretar el fútbol y las dos son válidas, como confirman las grandes trayectorias de estos dos entrenadores. Sus respectivas y bien diferentes maneras de jugar reciben el apoyo de muchos seguidores, y eso hay que respetarlo.

–Pero si te pido que elijas…

–Otra cosa es que, personalmente, a mí me gusta un fútbol más creativo, más de toque, donde las asociaciones y las combinaciones son más hermosas para el espectador y, por tanto, me identifico más con la propuesta que ha venido desarrollando Guardiola en el Barça, en el Bayern o ahora en el City.

–¿Hubiese sido compatible tu estilo de juego con el de ese Barça de Pep Guardiola?

–No lo sé. Seguramente por mis características, puede que sí. Pero la verdad es que nunca lo he pensado.

–Recuerdo que alguna gente se molestó contigo por decir que era normal celebrar un gol con el equipo en el que estabas enrolado aunque este haya sido marcado a un club al que perteneciste en el pasado. A mí me pareció razonable; y lo otro, francamente me parece que roza la hipocresía. Pero te llovieron unos cuantos palos por aquellas declaraciones.

–Todo lo que se saca de contexto puede facilitar la apertura de polémicas, que resultan en muchos casos poco o nada justificadas. Lo que dije es que yo consideraba que el hecho de celebrar un gol no significa desprecio ni que hayas perdido el cariño hacia el club en el que estuviste anteriormente ni mucho menos, sino que es una muestra del simple y justo compromiso con el que estás ahora.

–Parece lógico…

–Es que le podríamos dar perfectamente la vuelta a ese argumento: a la propia gente de tu actual club también le podría parecer mal que no celebres el gol, como si no te alegrara. Al final, creo que se trata de hacer siempre las cosas con sentido común, aunque puede haber alguien que no lo entienda o que discrepe abiertamente, lo que también tengo que respetar.

–¿Qué se te pasa por la cabeza cuando ves imágenes de estadios en los que se insulta y denigra a un jugador por el color de su piel, como ha sucedido en la liga española y en otras competiciones europeas?

–Pienso que es algo intolerable que cuenta, por supuesto, con mi máximo rechazo y que debemos condenar todos. Creo que, por fortuna, actualmente hay más consciencia sobre estas lacras y se ponen en marcha campañas de mentalización y los propios medios de comunicación denuncian cuando se producen insultos lamentables de carácter racista. De todas maneras, hay que seguir insistiendo para que esos hechos no se repitan.

Por último, cuando estabas en el Mallorca, en el estadio Lluis Sitjar hiciste una jugada extraordinaria, plenamente maradoniana, en un partido contra el Athletic de Bilbao, regateando a todos los que iban saliendo a tratar de quitarte la pelota, e incluso al portero. Fue de una factura bellísima.

–Bueno, estuvo bien…

Escueta respuesta que, de alguna manera, lo retrata. No le verán pavonearse ni tirarse flores, por merecidas que estas sean. Le quita importancia a una de las jugadas que te enganchan al fútbol, que te enamoran de este deporte.

Véanla, por favor, en Youtube, merece la pena. ¿Bien? Una auténtica maravilla.

 

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¡Quique, márchate!

Decía Bertold Brecht, a través del señor K, que, en respuesta a los sofistas que afirmaban saber mucho sin haber estudiado nada, Sócrates sorprendió con su tantas veces repetido “Solo sé que no se nada”. Y que se esperaba que completara su argumentación con un “pues yo tampoco he estudiado nada”, pero los estruendosos aplausos que recibió, prolongados durante muchos siglos, hicieron imposible cualquier frase aclaratoria posterior.

Los aplausos, en muchas ocasiones, se convierten en ruido que impide completar la frase con adecuados matices. Le ocurre a los equipos de fútbol cuando reiteran los triunfos y avanzan en lugares en la clasificación. Entonces todo son parabienes. El entrenador es un semi dios y los jugadores se convierten en ángeles que transitan por el césped. Ovacionados y adorados por la afición, silenciadas las siempre necesarias críticas.

Todo cambia cuando se encadenan derrotas. Se cuestiona al entrenador y a sus métodos y planteamientos tácticos, ayer indiscutibles. Y las figuras son escrutadas con lupa y lo que hace apenas unas semanas eran indiscutibles virtudes, hoy resultan poco o nada disimulados defectos.

Pensé escribir alguna reflexión al principio de la temporada. Cuando se hablaba, con enorme facilidad y, a mi juicio, frivolidad, de que estábamos liderando la liga de las estrellas; o, al menos, en puestos europeos. Sin que se hubiesen disputado media docena de partidos. Entiendo que no se debió alimentar semejante dislate. Que la necesaria y estimulante ilusión no debe llevar a la irrealizable quimera. Aunque, seguramente, debe formar parte del espectáculo deportivo-mediático la extensión de tales ficciones.

Claro que tenemos derecho a soñar pero también a tener los pies bien puestos en el suelo. A establecer metas realistas de acorde con la potencialidad del equipo, de su plantilla, de su presupuesto con relación al resto de clubes, que también juegan y se fijan objetivos. Lo del Leicester la pasada campaña en la Premier forma parte de las excepciones y su situación actual es bien distinta: acaban de echar al entrenador que obró el milagro, Claudio Ranieri, y a estas alturas de competición coquetean con el descenso.

Triunfalismo

Nunca me gustó aquel triunfalismo desenfrenado del otoño de 2016 que solo podía transformarse en una posterior y enorme frustración. Y me sentía más cercano a las propuestas futbolísticas de la UD Las Palmas, al fútbol de  buen nivel desplegado en la primera vuelta, al aprecio por la pelota y el toque que a los posibles resultados que, estaba convencido, tendrían sus limitaciones.

Lo reconozco, no soñé nunca con Europa (me parecía que no era el momento, que había que cubrir otras etapas previas), sí con mantener una filosofía (la prevalencia de la cantera y el respeto al balón) y encontrarme satisfecho con el juego del equipillo. Y en muchos partidos, ganados o perdidos, lo que la UD ofreció fue mucho y bueno.

Es cierto que entonces y hoy nos ha faltado más concreción de las jugadas, más goles. Disponemos de jugadores adecuados en las distintas zonas del campo. Aunque es cierto que es en la zona de creación donde más calidad hay, más finura, más capacidad de creación de belleza. Pero no contamos con un Suárez, un Benzema o un Griezmann.

Y por lo que se ha visto hasta ahora, los recién llegados no cumplen esa función. Eso hace que en algunos partidos lo que debió ser merecida victoria o consolante empate se convirtiera en dolorosa derrota. Con el agravante de la esterilidad fuera de la isla: ese permanente regreso de vacío, cuanta diferencia entre el Estadio de Gran Canaria y la imagen en otros campos. Aunque en Madrid se jugó de maravilla y el equipo mereció ganar a los de Zidane.

Invierno

El mercado de invierno volvió a alimentar triunfalismos extremos, con la llegada de dos jugadores jóvenes de renombre que en su momento estuvieron en Real Madrid, Jesé Rodríguez, y Barça, Alen Haliloviç, pero que se encontraban en un parón en sus carreras, con demasiadas incógnitas abiertas sobre su presente y futuro. Si vinieron aquí no fue por amor a los colores –eso forma parte del pasado, no sé si ya incluso remoto- sino para buscar un ecosistema preciso para relanzar sus más que dubitativas carreras. De momento, no lo han logrado, pero les deseo lo mejor, por ellos y por el equipillo.

Algunos llegaron a hablar del fichaje más relevante de la historia de la Unión Deportiva, con relación a Jesé. Olvidando que fichados fueron en su momento futbolistas como Miguel Ángel Brindisi o Quique Wolf, en mi opinión situados varios escalones por encima. E incluso koke Contreras. Ya me gustaría que el rendimiento del grancanario procedente del PSG llegara al nivel del mostrado por el chileno durante seis temporadas.

Y después de otra inyección de euforia, nueva dosis de abatimiento. Se ponen en duda los fichajes y, tras cuatro derrotas consecutivas, el entrenador también es sujeto de debate. Aunque con la Real Sociedad no se jugara mal y solo un desafortunado lance, el erróneo pase de Varas, regalara la victoria a los donostiarras sin que hicieran méritos para ello.

No sé si, cuando llegue el encuentro con el Osasuna, se tornarán los cánticos en el Estadio y del ¡Quique, quédate! se pase al ¡Quique, márchate! Deseo que no sea así. Sería completamente injusto. Esta temporada es, debe ser, la de la consolidación en Primera y, con los ajustes necesarios, la próxima la del crecimiento en busca de mayores metas. Y considero que con la labor de Setién, con su concepción del fútbol, con su feeling con la manera de jugar que tanto gusta en esta tierra, será más fácil mantener y mejorar los niveles de juego de la UD y, también, sus resultados.

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Próximamente estará en las librerías mi libro  ‘Fútbol canario, identidad, Valerón y otros desmarques’.

Con las opiniones, entre otros, de Sid Lowe, Quique Setién, Santiago Gil, Ángel Cappa, Juan Cruz, Vicente Llorca, Germán Devora, Juan Galarza, Javier Domínguez, Carmelo Martín, Malena Millares y Francisco Galante.

El jueves 16 se presenta en Las Palmas de Gran Canaria.

El 22 de marzo en La Laguna.

Y el 30 en Arrecife.

 

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¡Quique, quédate!

Si algo define a los entrenadores es su provisionalidad, su carácter  efímero. En tres semanas pueden pasar de la gloria al infierno y ser despedidos de su puesto de trabajo. Casi siempre, pocos días después de que el presidente del club muestre “su plena confianza” en el técnico y asegure que seguirá hasta final de temporada.

En ocasiones, sucede al revés. Pep Guardiola, uno de los que más ha revolucionado el fútbol, estuvo en la picota tras su fracaso en Soria, que no en Numancia, al principio de su temporada como debutante en el banquillo del primer equipo del Barça, que luego sería extraordinaria en triunfos: Liga, Copa y Liga de Campeones.

La UD Las Palmas ha tenido excelentes entrenadores a lo largo de su historia. De los que recuerdo por haber visto en el viejo Insular, me quedo con Luis Molowny, Pierre Sinibaldi y Miguel Muñoz. Creo que, básicamente, supieron respetar nuestro modo de interpretar el fútbol. Y lo hicieron, además, con un grupo de jugadores del máximo nivel. Con ellos se alcanzaron los mayores éxitos, en España y en Europa; practicando, con sus variantes, un fútbol de muchos quilates.

En la época más reciente mi mayor reconocimiento es para Pacuco Rosales. El entrenador isletero fue capaz de sacarnos de un pozo, el de la segunda B, del que el equipillo parecía incapaz de salir, como si de una insuperable maldición se tratara.

Respeto

Ahora tenemos a Quique Setién, que ha demostrado sensatez, respetuoso reconocimiento a nuestro fútbol y personalidad para dirigir los siempre complicados vestuarios. Su tarea es reconocida dentro y fuera de Canarias. Parece que llegó al sitio propicio en el momento propicio, con un club implicado en crear un buen equipo de base canaria con incorporaciones foráneas de calidad; como sucediera, con notable éxito, en los setenta y en los ochenta.

El viernes, en el partido frente al Depor, la animosa grada naciente tuvo entre sus corales cánticos el de ¡Quique, quédate! Una frase que apoyaron otros sectores del Estadio de Gran Canaria. Considero que es un sentimiento extendido entre la mayoría de la afición, que aplaude el buen trabajo del cántabro. Su mano se encuentra, sin duda, en esa calidad que ha alcanzado el juego de la UD.

Luego, en mi regreso a casa desde el Estadio, escuché en la guagua algunos comentarios críticos. “Yo no quiero que juguemos bien, sino que ganemos”, decía en alta voz un aficionado con camiseta y bufanda amarilla. El equipo hizo mucho mejor fútbol que los gallegos, pero un detalle, un error, nos condenó a un empate que sabe a injusto en un partido que confirmó el progresivo crecimiento de Mateo García.

Quiero pensar que esta persona no representa el sentir mayoritario. Y que son muchos más los hombres y mujeres seguidores del equipillo que aplaudimos su buen gusto con la pelota y que, aunque nos apetece celebrar triunfos, los disfrutamos más, mucho más, cuando estos vienen a consecuencia del buen fútbol desplegado por esos pibes que, estoy seguro, nos van a seguir dando muchas alegrías.

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Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

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Próximamente estará en las librerías mi libro sobre Fútbol canario, identidad, Valerón y otros desmarques.

Con las opiniones, entre otros, de Sid Lowe, Quique Setién, Santiago Gil, Ángel Cappa, Juan Cruz, Vicente Llorca, Germán Devora, Juan Galarza, Javier Domínguez, Carmelo Martín, Malena Millares y Francisco Galante.

 

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Foro Tamaimos, debate sobre cultura e identidad canaria

El sábado 12 de noviembre, a partir de las 11 horas, estaré en Bucio 2016, I Foro Tamaimos para hablar sobre el modelo electoral canario, sus graves problemas y las posibles alternativas al mismo. “Sistema electoral canario: cuestión democrática (¿o la democracia en cuestión?)”, ese es el título de mi intervención, dentro del bloque Alegatox, que contará también con interesantes aportaciones, en sesiones que cubrirán la mañana y la tarde, que abarcan un abanico muy variado de temas: educación, economía, energías renovables, música, agricultura ecológica, humor, etcétera.

En mi intervención desglosaré los principales déficit de nuestro sistema electoral, sus diferencias con los de otras comunidades y las medidas que pueden adaptarse para ganar en democracia y pluralidad.

Ningún sistema es perfecto. Ninguno va a satisfacer plenamente a todos. Pero en todo caso es responsabilidad de la representación parlamentaria actual buscar el consenso, reduciendo barreras e incrementando la proporcionalidad con el modelo que suscite mayor nivel de acuerdo.

No es un tema menor. Se trata de incrementar la calidad de la vida democrática y de que la voluntad de los ciudadanos y ciudadanas de las Islas se vea reflejada adecuadamente en su Parlamento.

El Foro se desarrollará los días 11, 12 y 13 de noviembre en la sala de conferencias del Auditorio de Agüimes (Gran Canaria). Y permitirá debatir distintos aspectos sobre la identidad y la cultura canaria.

En tiempos de globalización, de consignismo y escaso debate, considero que el Foro puede contribuir a estimular el pensamiento crítico del que tan necesitado esta tierra.

Si las jornadas tienen contenidos de mucho interés, no lo es menos el concierto del acto central de las mismas. Cuenta con un cartel de auténtico lujo: Non Trubada, Yeray Rodríguez, Domingo Rodríguez “El Colorao”, Pedro Manuel Afonso y Javier Cerpa.

En medio del acto, que se desarrollará en la noche del sábado,a partir de las 21.30 en el Auditorio de Agüimes, se hará entrega del I Premio Tamaimos a la Defensa de la Cultura e Identidad Canaria a Manuel Lorenzo Perera.

https://youtu.be/sULcwnwwxl8

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Las personas interesadas pueden acceder aquí al programa: http://www.fundaciontamaimos.org/wp-content/uploads/5f280ec383b4ba88308dd92f3ac27250.pdf

 

Clavijo + Alonso: tres tebetos

Esta legislatura autonómica está siendo la de la poco disimulada resurrección del insularismo ático. No se trata exactamente de eso, porque aunque algunos lo daban por muerto, como en la canción, debía estar de prolongada parranda. Y, tras la resaca, ha regresado con renovadas fuerzas.

Nada es causal. Para ello ha sido clave una confluencia de intereses y de modos y maneras de entender la política y Canarias.

Las de un presidente del Gobierno que ya avisó desde la investidura de sus intenciones insularistas, ante el aplauso cómplice o el silencio de algunas fuerzas políticas y medios de comunicación. El que pretendió repartir los dineros de IGTE sobre la triple paridad, es decir, castigando a los habitantes de Tenerife y Gran Canaria, donde se dan los mayores niveles de pobreza y marginación.

Las de un titular del Cabildo Insular de Tenerife que ha mostrado sus deseos de afilarse a una ATI que, aparentemente, no existe; y que ha pretendido doblegar a la consejera de Obras Públicas responsabilizándole de todos los males de las carreteras de su isla, olvidando de qué partido han sido los anteriores responsables de esa cartera en el Ejecutivo y el que ha gobernado los últimos 30 años en Tenerife. Y que resulta que es el mismo: Coalición Canaria.

Pero ahora, superándose, dan un doble mortal con tirabuzón y doble pirueta, intentando meter una enorme mordida a las arcas públicas canarias.

Desaguisados ecológicos

En efecto, la ley emanada del Cabildo de Tenerife, sobre ordenación de los barrancos de Güímar y restauración de ese espacio, y trasladada al Parlamento de Canarias pretende que los desaguisados ecológicos cometidos por unos empresarios los paguemos el conjunto de ciudadanos y ciudadanas de Canarias vía presupuestos de la Comunidad Canaria. Cuando el Cabildo de Tenerife cuenta con instrumentos adecuados, un plan territorial, para rehabilitar la zona.

La restauración del disparate que enriqueció a unos cuantos empresarios nos costará a los hombres y mujeres de Canarias unos 360 millones de euros. Eso sin contar los derechos indemnizatorios si se deja sin concesiones mineras a aquellos que han cumplido; indemnizaciones que pueden superar los cientos de millones.

Los autores del destrozo, condenados en un juicio reciente, se frotan las manos. La ejecución de la sentencia podría paralizarse esperando a que se tramite esta proposición de ley. En el caso de Plasencia eludió la cárcel comprometiéndose a pagar 54 millones de euros.

Resulta curioso que, pese a los informes negativos de tres consejerías (Industria, Agricultura y Hacienda), el presidente Clavijo haya dado vía libre a su tramitación, “condicionando cualquier actuación a que de la misma no se derive perjuicio económico para la CAC”, lo que no deja de ser un presidencial chiste.

Avaricia

Y la cosa no tiene la menor gracia. Salvar con dinero público los errores cometidos por unos empresarios excesivamente avariciosos. Pegar un hachazo a las arcas públicas y que, encima, lo hagan los mismos que se niegan a subir sustancialmente los presupuestos para sanidad, educación o dependencia. Convertir al Gobierno canario en una franquicia del Cabildo de Tenerife. Confirmar los peores augurios sobre cómo entienden la gestión pública.

El presidente pudo y debió vetar esta ley.

No lo hizo.

Y el resultado es estremecedor. Clavijo + Alonso : tres tebetos.

 

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