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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Quiero ser vasco

Quiero ser vasco. No lo digo solo por la posibilidad de pasear diariamente por mi amada Donostia. Ni por las conversaciones sosegadas en cualquier rincón de esa tierra con mi amigo Koldo. Tampoco por su excelente gastronomía. O por su más que relevante oferta cultural: jazz, cine, escultura, museos…. Ni por La Concha que, con ser muy hermosa, no la cambio por mi playa de Las Canteras, con su singular barra y, por estar lista para el baño, por su suave temperatura, casi los 365 días del año.

Lo digo, sobre todo, atraído por sus condiciones económicas y sociales: desempleo muy por debajo de la media española, una economía bastante diversificada en la que el turismo ha crecido en lugares antaño industriales (caso de Bilbao) y en la que se mima la I+D+i. Unos elevados parámetros educativos –pese a las advertencias de estancamiento del último informe PISA- y unas bajas tasas de abandono escolar temprano…

Configurando una sociedad que se codea con las europeas más avanzadas. Y que, además, pese al predominio histórico de gobiernos moderados, mantiene elementos importantes de cohesión social y de apoyo a los sectores más débiles, con peor situación económica. Como sucede con la implantación de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), una especie de renta mínima para persona sin ingresos o con ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades básicas.

Asimismo, no es un lugar donde se hayan producido las numerosas escandaleras de corrupción de otros territorios. Aunque durante medio siglo les tocó sufrir –no en exclusiva- la irracional barbarie de los que pretendían imponer sus ideas con secuestros, coches bomba y tiros en la nuca.

Inyección millonaria

Hoy es, sin duda, una de las comunidades más equilibradas y con mayor calidad de vida. Y lo será más a partir de ahora, si finalmente se aprueban los Presupuestos Generales del Estado para 2017. La inyección millonaria que supondrán por la forma muy favorable a las tesis del Gobierno del PNV en que se ha resuelto el contencioso en torno al cupo vasco, incrementará aún más sus arcas públicas y permitirá potenciar sus servicios públicos y sus infraestructuras.

Y no ha sido solo el cupo, que supone varios miles de millones de euros. También la financiación del AVE que unirá las capitales vascas en seis años, el ahorro que supondrá para las empresas la bonificación de la tarifa eléctrica o, en fin, el apoyo al desarrollo de distintas infraestructuras. Y, en el plano político, donde el Gobierno central dijo digo, recurriendo ante el Tribunal Constitucional distintas iniciativas del Ejecutivo de Ajuria Enea, ahora dirá diego, desistiendo a continuar con las mismas.

Demuestra, por un lado, los escasos complejos de la derecha española. Aunque no lo parezca, es el mismo PP que criticaba hace un año a Pedro Sánchez por la posibilidad de que pactara con los independentistas, entre los que entonces se incluía al PNV, situación que “rompería España”. Su visión patriótica termina, justo, donde empiezan sus particulares intereses de partido. Y, por otro, la capacidad de tragadera y de hacer el ridículo del uniformador y jacobino partido de Albert Rivera, el Ciudadanos que se oponía al cupo y que ahora va a aprobar con su votos el cuponazo con tres estrellas michelin.

Agravios

Decisiones, por cierto, que incrementan el arsenal de agravios de los catalanes –especialmente de los que apuestan por la desconexión de España, pero no solo- que miran asombrados la enorme diferencia de trato.

Y, sobre todo, confirman una visión desequilibrada e injusta en el reparto de los recursos públicos: beneficiando a los que más tienen en detrimento de los que menos. El Sur –mucho menos desarrollado, con más pobreza y desempleo, con menos nivel cultural y educativo, con peores infraestructuras y servicios públicos- también existe.

Y al Sur del Sur se encuentra Canarias, a más de 1.000 kilómetros del continente europeo, con un 50% menos de riqueza y duplicando las cifras de paro EPA (25,7% frente al 11,9%), con un 35% de personas en riesgo de pobreza frente al 9% de Euskadi. Y, sin embargo, si no se modifican las cosas, no va a recibir en los PGE 2017 un trato ni parecido al de Euskadi, ya quisiera, cuando sus circunstancias son terriblemente peores.

Lo dicho: quiero ser vasco. Eskerrik asko.

 

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Moción espectáculo

 

Plantear una moción de censura contra un Gobierno acosado por la corrupción -y por algo más que sospechas de uso torticero de la Justicia, ahí están las vergonzosas grabaciones- puede suscitar el inmediato aplauso de muchos. Cabreados ante la barranquera de detenciones y la aparición de nuevos casos parece que todo vale para hacer frente al PP y sus dislates. Pero no es así.

La moción de censura es algo muy serio y por eso resultan contadas las llevadas a cabo en democracia: la de Felipe González contra Adolfo Suárez en 1980, con un líder que solo necesitaba tiempo para llegar a La Moncloa, aunque quien intervino en su defensa fue Alfonso Guerra; y la de Antonio Hernández Mancha a Felipe González en 1990 que, por el contrario, con un candidato que no era ni siquiera diputado (la defendió Juan Ramón Calero), demostró que la AP de entonces no tenía alternativa ni liderazgo.

En ambos casos las posibilidades de éxito eran nulas (aunque en el primero la diferencia fue de 24 votos: 156 síes y 166 noes; en el segundo la aplastante mayoría absoluta del PSOE no ofrecía dudas, pero además rechazaron también la censura a González IU, PNV y EE). Y fueron protagonizadas por el principal partido de la oposición, en un Parlamento que se parece poco al actual en el que el bipartidismo ha sido tocado en su línea de flotación y la fragmentación, especialmente en el caso de las izquierdas, exige gobiernos con variados apoyos parlamentarios.

En ese marco, lanzarse a presentar una moción de censura como lo ha hecho Pablo Iglesias se asemeja a como se lanzó hace más de un año a presentar a Pedro Sánchez su Gobierno en aquella esperpéntica rueda de prensa, con la mitad de los ministerios asignados sin contar con el futuro presidente. Un acto de prepotencia que solo ayudó a incrementar la desconfianza entre Podemos y el PSOE. Política espectáculo en estado puro. Una moción de censura sin apoyos, sin candidato y sin posibilidades es, en mi opinión, un ejercicio de onanismo que solo generará más frustración en la izquierda.

Rechazo

Ahora, con un Podemos desnortado en el Parlamento, que no ha sabido aprovechar las circunstancias del PP en minoría mayoritaria, para tejer acuerdos que posibiliten mejorar la vida de la gente, Iglesias vuelve a las andadas. Y, en solitario, sin conversaciones ni acuerdos previos con otras formaciones políticas plantea una censura que difícilmente recabará algún apoyo suplementario a los 71 diputados de UP y las convergencias.

La moción tampoco tiene programa (tema más fácil de resolver, pondrán el suyo) ni candidato. En el caso de que finalmente se decidan por Pablo Iglesias tendríamos el combate entre los dos líderes que generan más rechazo en la ciudadanía: Rajoy y el propio Iglesias. Bueno, ni eso, Rajoy no está obligado a intervenir y puede delegar en otro compañero de filas.

La moción se plantea, fundamentalmente, contra el PSOE más que contra el PP, sabido de que su fracaso será inevitable. Es un envite a los socialistas que hoy no tienen ni secretario general ni candidato a la Presidencia del Gobierno. Ni un claro líder en el Congreso de los Diputados.

En esas condiciones, Iglesias y los suyos aprovechando de forma oportunista la parálisis socialista le plantean un reto, conocedores de que la respuesta va a ser indudablemente negativa. Y, tal vez, consigan generar problemas al PSOE con la moción. Pero esta no servirá ni para cargarse a Rajoy ni para cambiar las políticas que afectan negativamente a la vida de la gente.

Eso sí, pretenderán aparecer como los salvadores de la patria en estos tiempos de corruptelas varias y de manipulaciones políticas intolerables. Con varios problemas. Uno, el anunciado fracaso que dejará las cosas como están, o no, que igual Mariano sale fortalecido de la jugada, confirmando que no tiene alternativa. Dos, la frustración aparejada a un intento baldío de cambio y a la continuidad de los conservadores. Tres, peores relaciones en el seno de las izquierdas que dificulten futuros (e imprescindibles) entendimientos.

Responsabilidad

Y, en fin, el cuarto, y muy importante: si Mariano Rajoy sigue al frente del Gobierno es, no conviene olvidarlo, gracias a su voto negativo (junto al del PP) cuando Sánchez se presentó a la investidura, lo que no quita las responsabilidades de una parte del PSOE en evitar cualquier acuerdo con la formación morada. Entonces había recortes, austericidio, pérdida de derechos, limitación de libertades y, por supuesto, corrupción en dosis elevadas. Y el señor Iglesias no tuvo a bien evitar un nuevo Ejecutivo de Rajoy, impidiendo que Sánchez accediera a la Presidencia. Prevalecieron más otros intereses.

El cierre de la ventana de oportunidad de los años 2014-2015, la desorientación parlamentaria y política de quienes iban a asaltar inmediatamente el cielo y tuvieron que gestionar un panorama menos dinámico, con menos posibilidades transformadoras a corto y medio plazo, situó a Podemos en Vistalegre II ante una difícil coyuntura, al borde del abismo. Con la elección de Iglesias y sus tesis dieron un significativo paso adelante.

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Jesé, expectativas desmesuradas

No sé si a Jesé Rodríguez le han condicionado en exceso las elevadas expectativas que levantó su cesión a la UD Las Palmas entre una parte significativa de la afición amarilla. O si, asimismo, le ha perjudicado que el equipo no haya atravesado el mejor momento de la temporada en estos últimos meses, más bien todo lo contrario, coincidiendo con su incorporación y la de Alen Haliloviç, lo que se supone eran refuerzos para dar aún más calidad al colectivo. O, tal vez, que le ha podido la ansiedad por demostrar que no es un futbolista del montón, que no se justifica el ostracismo que padeció en el PSG.

Lo cierto es que su rendimiento ha defraudado y su aportación al equipo ha sido más bien escasa. Muchos fallos frente a la portería y exceso de individualismo han caracterizado su fútbol desde que llegó a las filas de la UD. Lo que en algunos partidos le ha llevado, tengo la impresión de que merecidamente, a ir desapareciendo de las alienaciones de partida.

Las dos incorporaciones de enero, Jesé y Haliloviç, tenían una enorme oportunidad para rehacer sus irregulares carreras de la etapa futbolística más cercana. Cuestionados en sus equipos de origen, la UD que tantos aplausos había levantado en la primera vuelta por su fútbol de toque y asociativo, parecía el lugar más adecuado, el ecosistema más preciso para que ambos jugadores explotaran todas las virtudes que atesoran.

Viera

Como sucedió en su momento con Jonathan Viera. Después de su poco exitoso paso por distintos clubes -Valencia, Rayo Vallecano o, más recientemente en el tiempo, Standard de Lieja-, tras su regreso al equipo el grancanario se ha convertido en un jugador esencial, en el creador más brillante y reconocido del equipo.

Pero volvamos a Jesé. Reconozco que me resultó asombrosa y completamente desmesurada la euforia desatada tras su fichaje en el mercado de invierno. Llegué a escuchar que se trataba del fichaje “más importante de la historia de la Unión Deportiva Las Palmas.” Como si el mundo empezara en este siglo y no hubiera la menor referencia de un pasado con muchas páginas brillantes.

Y me acordé, por ejemplo, de los argentinos Daniel Carnevali, Quique Wolf, Carlos Manuel Morete y Miguel Ángel Brindisi, o del chileno Coke Contreras, futbolistas de mucha calidad y que rindieron a gran nivel en su etapa amarilla.

Ojalá Jesé llegue a ser un futbolista de primera categoría y triunfe aquí o en otros destinos. Pero, de momento, se encuentra muy alejado de los futbolistas citados. Y, por supuesto, de figuras relevantes canarias que jugaron en la UD, como Germán, Guedes, Tonono, Martín, Gilberto II, Alexis Trujilo  o Valerón. Así como del jugador del Manchester City David Silva, que nunca militó en la UD, actualmente el más grande de los jugadores isleños y, sin duda, uno de los mejores futbolistas canarios de la historia.

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Ya se encuentra en las librerías el libro ‘El fútbol canario. Identidad, Valerón y otros desmarques’, de ediciones Tamaimos, mi personal homenaje a nuestro fútbol.

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Juan Carlos Valerón: “Messi se encuentra por encima de todos”

 

  • “Se puede hacer un fútbol que sea efectivo y práctico y, al mismo tiempo, que se juegue de forma bonita”
  • “Era una maravilla ver jugar a Laudrup: no tenía un físico espectacular pero lo suplía con una calidad extraordinaria”

 

Esta mini entrevista con Juan Carlos Valerón forma parte de mi libro ‘El fútbol canario. Identidad, Valerón y otros desmarques’, editado por la Fundación Canaria Tamaimos. Su presentación en Tenerife tendrá lugar este miércoles, 22 de marzo, a partir de las 20 horas en el Ateneo de La Laguna, con la participación de Carmelo Rivero, director del periódico Diario de Avisos, y Francisco Galante, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna. 

–¿Cuáles son a tu juicio los mejores jugadores de todos los tiempos?

–He oído hablar y he visto en vídeos a los que casi todo el mundo considera los cuatro grandes (Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona). Pero solo vi jugar, por edad, a Maradona; y era, en efecto, un jugador excepcional. De los otros, siendo sin duda muy grandes, puedo opinar menos.

–¿Y de los futbolistas actuales?

–Messi se encuentra por encima de todos. Es muy difícil disponer de tantas virtudes y mantener el nivel que mantiene partido a partido, temporada a temporada. Es un enorme placer disfrutar de su inteligencia, de su juego, de sus asistencias, de sus goles. Es muy completo y estable.

–¿De los que viste jugar en tu puesto de mediapunta a cuáles admiras más?

–En mi puesto hay muchos jugadores de gran nivel y que he admirado. Ahora bien, si me pides uno: Michael Laudrup. Era una maravilla verle jugar en el Dream Team: no tenía un físico espectacular pero lo suplía con una calidad extraordinaria.

–¿Es compatible lo práctico con lo bello?

–Claro que sí. Se puede hacer un fútbol que sea efectivo y práctico y, al mismo tiempo, que se juegue de forma bonita. Tenemos la gran suerte de haber visto como ejemplo de ello durante los últimos años a un equipo, el FC Barcelona, que hace un fútbol vistoso y que ha ganado más títulos que nadie en este siglo.

–¿Guardiola o Mourinho?

–Cada uno tiene su manera de interpretar el fútbol y las dos son válidas, como confirman las grandes trayectorias de estos dos entrenadores. Sus respectivas y bien diferentes maneras de jugar reciben el apoyo de muchos seguidores, y eso hay que respetarlo.

–Pero si te pido que elijas…

–Otra cosa es que, personalmente, a mí me gusta un fútbol más creativo, más de toque, donde las asociaciones y las combinaciones son más hermosas para el espectador y, por tanto, me identifico más con la propuesta que ha venido desarrollando Guardiola en el Barça, en el Bayern o ahora en el City.

–¿Hubiese sido compatible tu estilo de juego con el de ese Barça de Pep Guardiola?

–No lo sé. Seguramente por mis características, puede que sí. Pero la verdad es que nunca lo he pensado.

–Recuerdo que alguna gente se molestó contigo por decir que era normal celebrar un gol con el equipo en el que estabas enrolado aunque este haya sido marcado a un club al que perteneciste en el pasado. A mí me pareció razonable; y lo otro, francamente me parece que roza la hipocresía. Pero te llovieron unos cuantos palos por aquellas declaraciones.

–Todo lo que se saca de contexto puede facilitar la apertura de polémicas, que resultan en muchos casos poco o nada justificadas. Lo que dije es que yo consideraba que el hecho de celebrar un gol no significa desprecio ni que hayas perdido el cariño hacia el club en el que estuviste anteriormente ni mucho menos, sino que es una muestra del simple y justo compromiso con el que estás ahora.

–Parece lógico…

–Es que le podríamos dar perfectamente la vuelta a ese argumento: a la propia gente de tu actual club también le podría parecer mal que no celebres el gol, como si no te alegrara. Al final, creo que se trata de hacer siempre las cosas con sentido común, aunque puede haber alguien que no lo entienda o que discrepe abiertamente, lo que también tengo que respetar.

–¿Qué se te pasa por la cabeza cuando ves imágenes de estadios en los que se insulta y denigra a un jugador por el color de su piel, como ha sucedido en la liga española y en otras competiciones europeas?

–Pienso que es algo intolerable que cuenta, por supuesto, con mi máximo rechazo y que debemos condenar todos. Creo que, por fortuna, actualmente hay más consciencia sobre estas lacras y se ponen en marcha campañas de mentalización y los propios medios de comunicación denuncian cuando se producen insultos lamentables de carácter racista. De todas maneras, hay que seguir insistiendo para que esos hechos no se repitan.

Por último, cuando estabas en el Mallorca, en el estadio Lluis Sitjar hiciste una jugada extraordinaria, plenamente maradoniana, en un partido contra el Athletic de Bilbao, regateando a todos los que iban saliendo a tratar de quitarte la pelota, e incluso al portero. Fue de una factura bellísima.

–Bueno, estuvo bien…

Escueta respuesta que, de alguna manera, lo retrata. No le verán pavonearse ni tirarse flores, por merecidas que estas sean. Le quita importancia a una de las jugadas que te enganchan al fútbol, que te enamoran de este deporte.

Véanla, por favor, en Youtube, merece la pena. ¿Bien? Una auténtica maravilla.

 

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¡Quique, márchate!

Decía Bertold Brecht, a través del señor K, que, en respuesta a los sofistas que afirmaban saber mucho sin haber estudiado nada, Sócrates sorprendió con su tantas veces repetido “Solo sé que no se nada”. Y que se esperaba que completara su argumentación con un “pues yo tampoco he estudiado nada”, pero los estruendosos aplausos que recibió, prolongados durante muchos siglos, hicieron imposible cualquier frase aclaratoria posterior.

Los aplausos, en muchas ocasiones, se convierten en ruido que impide completar la frase con adecuados matices. Le ocurre a los equipos de fútbol cuando reiteran los triunfos y avanzan en lugares en la clasificación. Entonces todo son parabienes. El entrenador es un semi dios y los jugadores se convierten en ángeles que transitan por el césped. Ovacionados y adorados por la afición, silenciadas las siempre necesarias críticas.

Todo cambia cuando se encadenan derrotas. Se cuestiona al entrenador y a sus métodos y planteamientos tácticos, ayer indiscutibles. Y las figuras son escrutadas con lupa y lo que hace apenas unas semanas eran indiscutibles virtudes, hoy resultan poco o nada disimulados defectos.

Pensé escribir alguna reflexión al principio de la temporada. Cuando se hablaba, con enorme facilidad y, a mi juicio, frivolidad, de que estábamos liderando la liga de las estrellas; o, al menos, en puestos europeos. Sin que se hubiesen disputado media docena de partidos. Entiendo que no se debió alimentar semejante dislate. Que la necesaria y estimulante ilusión no debe llevar a la irrealizable quimera. Aunque, seguramente, debe formar parte del espectáculo deportivo-mediático la extensión de tales ficciones.

Claro que tenemos derecho a soñar pero también a tener los pies bien puestos en el suelo. A establecer metas realistas de acorde con la potencialidad del equipo, de su plantilla, de su presupuesto con relación al resto de clubes, que también juegan y se fijan objetivos. Lo del Leicester la pasada campaña en la Premier forma parte de las excepciones y su situación actual es bien distinta: acaban de echar al entrenador que obró el milagro, Claudio Ranieri, y a estas alturas de competición coquetean con el descenso.

Triunfalismo

Nunca me gustó aquel triunfalismo desenfrenado del otoño de 2016 que solo podía transformarse en una posterior y enorme frustración. Y me sentía más cercano a las propuestas futbolísticas de la UD Las Palmas, al fútbol de  buen nivel desplegado en la primera vuelta, al aprecio por la pelota y el toque que a los posibles resultados que, estaba convencido, tendrían sus limitaciones.

Lo reconozco, no soñé nunca con Europa (me parecía que no era el momento, que había que cubrir otras etapas previas), sí con mantener una filosofía (la prevalencia de la cantera y el respeto al balón) y encontrarme satisfecho con el juego del equipillo. Y en muchos partidos, ganados o perdidos, lo que la UD ofreció fue mucho y bueno.

Es cierto que entonces y hoy nos ha faltado más concreción de las jugadas, más goles. Disponemos de jugadores adecuados en las distintas zonas del campo. Aunque es cierto que es en la zona de creación donde más calidad hay, más finura, más capacidad de creación de belleza. Pero no contamos con un Suárez, un Benzema o un Griezmann.

Y por lo que se ha visto hasta ahora, los recién llegados no cumplen esa función. Eso hace que en algunos partidos lo que debió ser merecida victoria o consolante empate se convirtiera en dolorosa derrota. Con el agravante de la esterilidad fuera de la isla: ese permanente regreso de vacío, cuanta diferencia entre el Estadio de Gran Canaria y la imagen en otros campos. Aunque en Madrid se jugó de maravilla y el equipo mereció ganar a los de Zidane.

Invierno

El mercado de invierno volvió a alimentar triunfalismos extremos, con la llegada de dos jugadores jóvenes de renombre que en su momento estuvieron en Real Madrid, Jesé Rodríguez, y Barça, Alen Haliloviç, pero que se encontraban en un parón en sus carreras, con demasiadas incógnitas abiertas sobre su presente y futuro. Si vinieron aquí no fue por amor a los colores –eso forma parte del pasado, no sé si ya incluso remoto- sino para buscar un ecosistema preciso para relanzar sus más que dubitativas carreras. De momento, no lo han logrado, pero les deseo lo mejor, por ellos y por el equipillo.

Algunos llegaron a hablar del fichaje más relevante de la historia de la Unión Deportiva, con relación a Jesé. Olvidando que fichados fueron en su momento futbolistas como Miguel Ángel Brindisi o Quique Wolf, en mi opinión situados varios escalones por encima. E incluso koke Contreras. Ya me gustaría que el rendimiento del grancanario procedente del PSG llegara al nivel del mostrado por el chileno durante seis temporadas.

Y después de otra inyección de euforia, nueva dosis de abatimiento. Se ponen en duda los fichajes y, tras cuatro derrotas consecutivas, el entrenador también es sujeto de debate. Aunque con la Real Sociedad no se jugara mal y solo un desafortunado lance, el erróneo pase de Varas, regalara la victoria a los donostiarras sin que hicieran méritos para ello.

No sé si, cuando llegue el encuentro con el Osasuna, se tornarán los cánticos en el Estadio y del ¡Quique, quédate! se pase al ¡Quique, márchate! Deseo que no sea así. Sería completamente injusto. Esta temporada es, debe ser, la de la consolidación en Primera y, con los ajustes necesarios, la próxima la del crecimiento en busca de mayores metas. Y considero que con la labor de Setién, con su concepción del fútbol, con su feeling con la manera de jugar que tanto gusta en esta tierra, será más fácil mantener y mejorar los niveles de juego de la UD y, también, sus resultados.

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Próximamente estará en las librerías mi libro  ‘Fútbol canario, identidad, Valerón y otros desmarques’.

Con las opiniones, entre otros, de Sid Lowe, Quique Setién, Santiago Gil, Ángel Cappa, Juan Cruz, Vicente Llorca, Germán Devora, Juan Galarza, Javier Domínguez, Carmelo Martín, Malena Millares y Francisco Galante.

El jueves 16 se presenta en Las Palmas de Gran Canaria.

El 22 de marzo en La Laguna.

Y el 30 en Arrecife.

 

Próximamente

¡Quique, quédate!

Si algo define a los entrenadores es su provisionalidad, su carácter  efímero. En tres semanas pueden pasar de la gloria al infierno y ser despedidos de su puesto de trabajo. Casi siempre, pocos días después de que el presidente del club muestre “su plena confianza” en el técnico y asegure que seguirá hasta final de temporada.

En ocasiones, sucede al revés. Pep Guardiola, uno de los que más ha revolucionado el fútbol, estuvo en la picota tras su fracaso en Soria, que no en Numancia, al principio de su temporada como debutante en el banquillo del primer equipo del Barça, que luego sería extraordinaria en triunfos: Liga, Copa y Liga de Campeones.

La UD Las Palmas ha tenido excelentes entrenadores a lo largo de su historia. De los que recuerdo por haber visto en el viejo Insular, me quedo con Luis Molowny, Pierre Sinibaldi y Miguel Muñoz. Creo que, básicamente, supieron respetar nuestro modo de interpretar el fútbol. Y lo hicieron, además, con un grupo de jugadores del máximo nivel. Con ellos se alcanzaron los mayores éxitos, en España y en Europa; practicando, con sus variantes, un fútbol de muchos quilates.

En la época más reciente mi mayor reconocimiento es para Pacuco Rosales. El entrenador isletero fue capaz de sacarnos de un pozo, el de la segunda B, del que el equipillo parecía incapaz de salir, como si de una insuperable maldición se tratara.

Respeto

Ahora tenemos a Quique Setién, que ha demostrado sensatez, respetuoso reconocimiento a nuestro fútbol y personalidad para dirigir los siempre complicados vestuarios. Su tarea es reconocida dentro y fuera de Canarias. Parece que llegó al sitio propicio en el momento propicio, con un club implicado en crear un buen equipo de base canaria con incorporaciones foráneas de calidad; como sucediera, con notable éxito, en los setenta y en los ochenta.

El viernes, en el partido frente al Depor, la animosa grada naciente tuvo entre sus corales cánticos el de ¡Quique, quédate! Una frase que apoyaron otros sectores del Estadio de Gran Canaria. Considero que es un sentimiento extendido entre la mayoría de la afición, que aplaude el buen trabajo del cántabro. Su mano se encuentra, sin duda, en esa calidad que ha alcanzado el juego de la UD.

Luego, en mi regreso a casa desde el Estadio, escuché en la guagua algunos comentarios críticos. “Yo no quiero que juguemos bien, sino que ganemos”, decía en alta voz un aficionado con camiseta y bufanda amarilla. El equipo hizo mucho mejor fútbol que los gallegos, pero un detalle, un error, nos condenó a un empate que sabe a injusto en un partido que confirmó el progresivo crecimiento de Mateo García.

Quiero pensar que esta persona no representa el sentir mayoritario. Y que son muchos más los hombres y mujeres seguidores del equipillo que aplaudimos su buen gusto con la pelota y que, aunque nos apetece celebrar triunfos, los disfrutamos más, mucho más, cuando estos vienen a consecuencia del buen fútbol desplegado por esos pibes que, estoy seguro, nos van a seguir dando muchas alegrías.

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Próximamente estará en las librerías mi libro sobre Fútbol canario, identidad, Valerón y otros desmarques.

Con las opiniones, entre otros, de Sid Lowe, Quique Setién, Santiago Gil, Ángel Cappa, Juan Cruz, Vicente Llorca, Germán Devora, Juan Galarza, Javier Domínguez, Carmelo Martín, Malena Millares y Francisco Galante.

 

Próximamente

Foro Tamaimos, debate sobre cultura e identidad canaria

El sábado 12 de noviembre, a partir de las 11 horas, estaré en Bucio 2016, I Foro Tamaimos para hablar sobre el modelo electoral canario, sus graves problemas y las posibles alternativas al mismo. “Sistema electoral canario: cuestión democrática (¿o la democracia en cuestión?)”, ese es el título de mi intervención, dentro del bloque Alegatox, que contará también con interesantes aportaciones, en sesiones que cubrirán la mañana y la tarde, que abarcan un abanico muy variado de temas: educación, economía, energías renovables, música, agricultura ecológica, humor, etcétera.

En mi intervención desglosaré los principales déficit de nuestro sistema electoral, sus diferencias con los de otras comunidades y las medidas que pueden adaptarse para ganar en democracia y pluralidad.

Ningún sistema es perfecto. Ninguno va a satisfacer plenamente a todos. Pero en todo caso es responsabilidad de la representación parlamentaria actual buscar el consenso, reduciendo barreras e incrementando la proporcionalidad con el modelo que suscite mayor nivel de acuerdo.

No es un tema menor. Se trata de incrementar la calidad de la vida democrática y de que la voluntad de los ciudadanos y ciudadanas de las Islas se vea reflejada adecuadamente en su Parlamento.

El Foro se desarrollará los días 11, 12 y 13 de noviembre en la sala de conferencias del Auditorio de Agüimes (Gran Canaria). Y permitirá debatir distintos aspectos sobre la identidad y la cultura canaria.

En tiempos de globalización, de consignismo y escaso debate, considero que el Foro puede contribuir a estimular el pensamiento crítico del que tan necesitado esta tierra.

Si las jornadas tienen contenidos de mucho interés, no lo es menos el concierto del acto central de las mismas. Cuenta con un cartel de auténtico lujo: Non Trubada, Yeray Rodríguez, Domingo Rodríguez “El Colorao”, Pedro Manuel Afonso y Javier Cerpa.

En medio del acto, que se desarrollará en la noche del sábado,a partir de las 21.30 en el Auditorio de Agüimes, se hará entrega del I Premio Tamaimos a la Defensa de la Cultura e Identidad Canaria a Manuel Lorenzo Perera.

https://youtu.be/sULcwnwwxl8

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Las personas interesadas pueden acceder aquí al programa: http://www.fundaciontamaimos.org/wp-content/uploads/5f280ec383b4ba88308dd92f3ac27250.pdf

 

Clavijo + Alonso: tres tebetos

Esta legislatura autonómica está siendo la de la poco disimulada resurrección del insularismo ático. No se trata exactamente de eso, porque aunque algunos lo daban por muerto, como en la canción, debía estar de prolongada parranda. Y, tras la resaca, ha regresado con renovadas fuerzas.

Nada es causal. Para ello ha sido clave una confluencia de intereses y de modos y maneras de entender la política y Canarias.

Las de un presidente del Gobierno que ya avisó desde la investidura de sus intenciones insularistas, ante el aplauso cómplice o el silencio de algunas fuerzas políticas y medios de comunicación. El que pretendió repartir los dineros de IGTE sobre la triple paridad, es decir, castigando a los habitantes de Tenerife y Gran Canaria, donde se dan los mayores niveles de pobreza y marginación.

Las de un titular del Cabildo Insular de Tenerife que ha mostrado sus deseos de afilarse a una ATI que, aparentemente, no existe; y que ha pretendido doblegar a la consejera de Obras Públicas responsabilizándole de todos los males de las carreteras de su isla, olvidando de qué partido han sido los anteriores responsables de esa cartera en el Ejecutivo y el que ha gobernado los últimos 30 años en Tenerife. Y que resulta que es el mismo: Coalición Canaria.

Pero ahora, superándose, dan un doble mortal con tirabuzón y doble pirueta, intentando meter una enorme mordida a las arcas públicas canarias.

Desaguisados ecológicos

En efecto, la ley emanada del Cabildo de Tenerife, sobre ordenación de los barrancos de Güímar y restauración de ese espacio, y trasladada al Parlamento de Canarias pretende que los desaguisados ecológicos cometidos por unos empresarios los paguemos el conjunto de ciudadanos y ciudadanas de Canarias vía presupuestos de la Comunidad Canaria. Cuando el Cabildo de Tenerife cuenta con instrumentos adecuados, un plan territorial, para rehabilitar la zona.

La restauración del disparate que enriqueció a unos cuantos empresarios nos costará a los hombres y mujeres de Canarias unos 360 millones de euros. Eso sin contar los derechos indemnizatorios si se deja sin concesiones mineras a aquellos que han cumplido; indemnizaciones que pueden superar los cientos de millones.

Los autores del destrozo, condenados en un juicio reciente, se frotan las manos. La ejecución de la sentencia podría paralizarse esperando a que se tramite esta proposición de ley. En el caso de Plasencia eludió la cárcel comprometiéndose a pagar 54 millones de euros.

Resulta curioso que, pese a los informes negativos de tres consejerías (Industria, Agricultura y Hacienda), el presidente Clavijo haya dado vía libre a su tramitación, “condicionando cualquier actuación a que de la misma no se derive perjuicio económico para la CAC”, lo que no deja de ser un presidencial chiste.

Avaricia

Y la cosa no tiene la menor gracia. Salvar con dinero público los errores cometidos por unos empresarios excesivamente avariciosos. Pegar un hachazo a las arcas públicas y que, encima, lo hagan los mismos que se niegan a subir sustancialmente los presupuestos para sanidad, educación o dependencia. Convertir al Gobierno canario en una franquicia del Cabildo de Tenerife. Confirmar los peores augurios sobre cómo entienden la gestión pública.

El presidente pudo y debió vetar esta ley.

No lo hizo.

Y el resultado es estremecedor. Clavijo + Alonso : tres tebetos.

 

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Crecen la economía, el turismo… y el paro

Crecimiento turístico récord (6,36 millones de turistas extranjeros en la primera mitad del año). Segunda comunidad con mayor crecimiento económico en el primer semestre del año (1,1%). Y, paradójicamente, más de 11.900 empleos destruidos en la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre de 2016. Con apenas una semana de diferencia se publicaban en los medios de comunicación tres noticias económicas sobre Canarias que, como pueden comprobar, contrastan vivamente.

Resulta muy difícil de entender que el desempleo aumente pese a que la economía crece y, mes tras mes, se batan todos los récords de llegadas de visitantes.

En efecto, el turismo va que se sale. Ayudado, lo sabemos, por la crisis política y de seguridad que se vive en el Mediterráneo desde las primaveras árabes (especialmente en Egipto y Túnez); y agudizada por los dos golpes de Estado consecutivos en Turquía, el de una parte del Ejército y el más definitivo, triunfante y contundente de Erdogan.

Los 6,36 millones hasta el mes de junio superan ampliamente (en un 12%) los 5,64 de 2015, que también fue un año espectacular en número de visitantes al Archipiélago. En el Estado, solo Cataluña, con 7,66 millones de turistas, superó las cifras canarias, según los datos ofrecidos por la encuesta de Movimientos Turísticos en Frontera (Frontur) que ha publicado hace unos días el Instituto Nacional de Estadística (INE).

La misma fuente confirma que Canarias logró en junio su mejor resultado histórico, con 936.497 visitantes extranjeros. Es decir, casi un 18% más que el pasado año y una subida de 148.618 respecto al espléndido junio de 2015.

En los datos de la Encuesta de Gasto Turístico correspondiente al mes de junio, elaborada por el INE y dada conocer hoy viernes 5 de agosto, Canarias se lleva 997 millones de los 7.871 del Estado español. Es la segunda Comunidad con más gasto por turista (1.064 euros de gasto medio por persona), solo superada por Madrid.

EPA

Curiosamente, la EPA del segundo trimestre tira un jarro de agua fría a tanto éxito turístico y, sobre todo, a sus efectos sobre el empleo y el bienestar de los hombres y mujeres de esta tierra.

En efecto, el número de parados aumentó en el segundo trimestre del año en 15.600 personas. Por el crecimiento de la población activa en 3.700, pero también, y sobre todo, por la destrucción de 11.900 empleos. Nuestra tasa de paro es del 27,3%, siete puntos más que la media española (20%), y se contabilizan más de 300.000 personas desempleadas.

Y, por último, con respecto al crecimiento económico, Canarias encabeza el ranking del primer semestre del año junto a Baleares, ambas con el 1,1%. Y, en relación a la tasa interanual, nuevamente Canarias es la segunda (3,8%), por detrás de Baleares (4,4%).

Demonizar

Recordando estos datos no pretendo demonizar al turismo. Es el sector esencial de nuestra economía y lo seguirá siendo en el futuro. Pero pensar que va a ser el que solucionará definitivamente nuestros muchos problemas es una quimera. Y entender que, junto a la construcción, es lo único que merece la pena apoyar, como hace el Gobierno canario, es una posición tan cortoplacista como suicida.

Por varias razones, entre ellas el hecho de que el sector servicios presenta los trabajos con salarios más bajos, lo que parcialmente explica porque estamos a la cola en sueldos en el conjunto estatal; y, consecuentemente, las más bajas prestaciones sociales y las más bajas pensiones. A lo que se añaden situaciones de auténtica explotación laboral, como las denunciadas por las camareras de piso.

Y, además, estos años de crecimiento exponencial del sector, confirman que el turismo tiene limitaciones para absorber el desempleo existente.

Los que hablan de llegar a 20 millones de turistas extranjeros, frente a los 14 que pueden venir este año a las Islas, debieran pensarlo. Añadir cinco o seis millones de turistas reduce solo muy parcialmente el paro, insiste en el monocultivo y aumenta la dependencia y, asimismo, está supeditado a coyunturas externas que pueden cambiar.

Degradar

Y, además, originará problemas añadidos –consumo de electricidad y agua, generación de residuos, mayores niveles de tráfico…- de difícil solución, generando más contaminación y daño al territorio y al medio natural. Degradando el producto y, por tanto, generando las bases de su progresiva destrucción.

Debemos cualificar la oferta y fidelizar a los clientes, mejorando además en propuestas y actividades complementarias.

Hacer que el turismo tire más de otros sectores, como el primario.

Y diversificar nuestra economía.

Para evitar que, más temprano que tarde, en la próxima crisis o cuando se recuperen algunos de los destinos competidores, tengamos que elegir entre la emigración o alimentarnos de un exclusivo menú de cemento y ladrillos.

 

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Todo mi ánimo para Luis Eduardo Aute en estos momentos difíciles por sus problemas de salud.

‘De alguna manera’

‘Burundanga’ política

Nos advierten distintos medios de comunicación sobre los graves riesgos de una sustancia, popularmente conocida como burundanga (escopolamina, alcaloide tropánico presente en distintas plantas), que anula la voluntad y produce desinhibición y amnesia. Y que el uso de esta droga, suministrada por delincuentes a sus víctimas oculta en bebidas o con otros métodos, está detrás de numerosos robos y violaciones.

Por la forzada ingesta o inhalación de este peligroso producto químico se anula la voluntad de una persona para cometer todo tipo de tropelías, al quedar esta a merced de su agresor y sin capacidad alguna de reacción.

No sé si en la política española está ocurriendo otro tanto. Y si la ciudadanía ha podido estar expuesta a una masiva dosis de escopolamina que, al menos, haya producido un enorme nivel de amnesia. De lo contrario es difícil de entender, no solo lo ocurrido en las elecciones de junio, sino la resaca que vivimos en estos días pre-previsible (o no) investidura.

Los mensajes de buena parte de los medios de comunicación y de los portavoces de las organizaciones políticas van en una doble dirección, aunque se encuentren estrechamente unidos.

Terceras

En primer lugar, el masivo rechazo a unas terceras elecciones. La gente, afirman, se puede cansar de votar y castigar a los partidos, especialmente a los señalados como culpables del regreso a las urnas.

Cosa que, por cierto, no ocurrió en los comicios del 26J, donde perdieron escaños los dos únicos que, con mayor o menor acierto, al menos intentaron conformar Gobierno y arriesgarse a la sesión de investidura.

Personalmente, volver a votar no me causa trauma alguno. Constituye un mínimo esfuerzo desplazarme al colegio electoral. Me asustaría y preocuparía, en todo caso, que no me (nos) deje (n) votar, que volvamos a los tiempos de la larga dictadura franquista. Que regresen etapas de mordaza, silencio, terror y ausencia de libertades.

O, menos trágicamente, que repitamos un pésimo Ejecutivo que sacralice los recortes y la voladura poco controlada de lo público. Mejor intentar el cambio.

Minoría

En segundo lugar, se reproduce la facilidad con la que se señala que el PP debe gobernar por ser el que más escaños obtuvo. Algo muy relativo en una democracia parlamentaria no presidencialista, como la española, donde gobierna quien concite más apoyos en escaños. Y con la conformación actual del Congreso, ese PP con 137 escaños es solo una minoría mayoritaria de los 350 que integran la Cámara.

Son más, muchos más, los escaños (aunque fraccionados en distintos partidos) de los que rechazan la LOMCE, la reforma laboral o la Ley Mordaza. De los que apuestan por una reforma fiscal más justa y no comparten amnistías fiscales.

De los que consideran nauseabundo que un ministro intente fabricar pruebas para incriminar a sus rivales políticos. De los que creen que es imprescindible defender lo público –la Sanidad, la Educación o los Servicios Sociales- si queremos una sociedad con mayor equidad y con menos abismos sociales. De los que buscan actualizar y reformar la Constitución y un mejor encaje autonómico.

Otra cosa es que esa mayoría alternativa al más feroz de los conservadurismos tenga capacidad de ponerse de acuerdo. Con el lamentable precedente, además, de que, en mejores condiciones tampoco supo hacerlo tras los comicios del 20D.

Justificar, por otra parte, en su aumento de escaños la casi obligatoriedad de que gobierne por narices el partido votado por el 33% y su líder, el político más rechazado en todos los estudios sociológicos, es mucho justificar.

Hace falta mucha ‘burundanga política’, una verdadera amnesia colectiva, una desinhibición completa ante los problemas y el sufrimiento de mucha gente, una escasa voluntad transformadora, para olvidar el profundo desastre social causado estos años, el empobrecimiento y la marginación de tantos, los permanentes casos de corrupción, así como los retrocesos en servicios públicos y las pérdidas en materia de libertades. Conformando una sociedad más desigual e injusta.

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