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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

PPrograma y delito

“Programa, programa, programa” decía incansablemente Julio Anguita en los años noventa, tiempos en que Izquierda Unida, muy crítica con los gobiernos de Felipe González, trataba de aplicar la teoría de las dos orillas, la nítida diferenciación de IU respecto a PSOE y PP; y aspiraba, asimismo, al sorpasso, es decir, a que su formación sustituyera al PSOE como referencia de la izquierda, asunto este último en el que fracasó de forma rotunda.

Tenía sus fundadas razones don Julio. Los programas electorales son, deben ser, un compromiso de los partidos con la sociedad y, especialmente, con sus votantes. Un contrato en el que queda claramente reflejado qué actuaciones se van a llevar a cabo en la economía, en los servicios públicos o en las libertades y derechos cívicos.

Cierto es que a la hora de votar intervienen muchos factores en la elección de la papeleta, desde el manifiesto hartazgo hacia los que estaban gobernando a la mayor o menor simpatía por este u otro candidato; pasando por los condicionamientos ideológicos, especialmente en ese grupo de votantes que vota a “los suyos” al margen de lo peor o mejor que lo hagan, el electorado fiel, el núcleo duro, mucho mayor en el caso de los conservadores españoles respecto al resto de formaciones políticas.

Y, también, es cierto que la mayoría no se molesta en leer programa electoral alguno, aunque le lleguen referencias de sus contenidos por los medios de comunicación o por la intervenciones de sus líderes en mítines, así como por los debates electorales entre candidatos.

Por eso, por su carácter de relación contractual, resulta poco o nada presentable que el PP se haya pasado su programa y sus promesas electorales por el forro de su programa de recortes apenas diez días después de la toma de posesión de Rajoy. De manera muy relevante respecto a su compromiso de no subir los impuestos.

IRPF

Ya lo han hecho en el Consejo de Ministros del viernes 30 de diciembre al incrementar el IRPF, haciendo que las rentas del trabajo sufraguen buena parte de las perras que quieren recaudar y siendo más indulgentes, mucho más, como corresponde a tan buena gente de derechas, con las rentas del capital. Y lo volverán a hacer antes de marzo con el IVA, equiparándolo al porcentaje vigente en Italia o Portugal. Eso sí, bancos y grandes fortunas pueden respirar tranquilos, como dice Chavanel, los amigos, los amigos…

Además, como señala el economista francés Gérard Duménil, en una entrevista a la que hace referencia La Casa de mi tía, la derecha “finge no ver que la austeridad presupuestaria, además de representar una transferencia del peso de la deuda para las clases populares, no puede sino provocar la recaída en una nueva contracción de la actividad. Esta es la segunda fase de la crisis pero no la última”.

Incumplir el programa electoral parece que no es un delito. Recuerden que Lluís Llach denunció, sin éxito, los incumplimientos de Felipe González respecto a la permanencia de España en la OTAN.

El juez del caso, Jesús Ernesto Peces Morate, desestimó la denuncia por considerar que no existe legislación que pueda ser aplicable, procediendo, por tanto, a la absolución del otrora camarada Isidoro. Pese a ello, el juez reconoció el derecho que tienen los ciudadanos a controlar de algún modo las promesas electorales: “Las cuestiones planteadas por el demandante trascienden de la anécdota del referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, para suscitar unos problemas que angustian al hombre moderno en sus relaciones con los núcleos de poder y que afectan al sistema de una nueva sociedad civil que se vislumbra, por lo que no pueden reducirse a los lugares comunes y ligereza con que han sido tratados al contestar la demanda por los demandados”, asegura Morate.

Ahora bien que, de momento, no pueda ser considerado un delito incumplir gravemente el programa electoral, no significa que esta actitud resulte ética. Como señalé en un anterior texto, los secretos, mentiras y silencios de Rajoy y el PP durante la campaña electoral comenzarían a aflorar de inmediato tras la llegada al poder. Por ahora, solo han enseñado la patita.

Aunque, tal vez, el asunto no tenga tantas aristas. Y todo resida en que el PP considere, como se afirma de las estadísticas, que los programas electorales están para romperlos, para triturarlos, para hacerlos añicos, para desintegrarlos a las primeras de (súmate al) cambio.

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ÍTACA, UN VIAJE “LLENO DE PERIPECIAS, LLENO DE EXPERIENCIAS”

Y del gran Lluís Llach, “entestado practicante de la ética de la resistencia”, según lo calificó el escritor Manuel Vázquez Montalbán, Ítaca, de su ‘Viatge a Ítaca’, con subtítulos en español. Realmente hermoso.

La obra, basada en textos de Konstantínos Kavafis, fue presentada en Barcelona en 1975, aunque parte de las actuaciones fueron prohibidas por su gobernador civil y jefe provincial del movimiento, un tal Rodolfo Martín Villa, ¿les suena?, y el cantautor condenado a multa y a casi un año de obligado silencio.

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