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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Tras el 19-F, ¿huelga general?

Frente a las dudas que manteníamos algunos, las movilizaciones celebradas el pasado domingo 19 de febrero fueron un éxito. Creo que han dado algo de aire a los exhaustos sindicatos, pero sobre todo a una sociedad que parecía adormecida e inerte pese a las continuas agresiones contra una parte muy relevante de ella y, de manera especial, contra los más débiles.

La voladura, más o menos controlada, de la Educación y la Sanidad públicas, así como de los servicios sociales, las medidas económicas que cargan contra trabajadores y clases medias, pero no tocan lo más mínimo a las grandes fortunas; la política de recortes –iniciada por el PSOE, castigado duramente en las urnas por su deriva a la derecha, y culminada brutalmente por este PP inflado de mayoría absoluta- que solo genera más paro y pobreza, menor consumo y, por tanto, menos ingresos para las empresas y para las administraciones públicas, nuevos recortes y más desempleo y más gente sin recursos, merecía, seguramente, una respuesta aún más numerosa en la calle.

Un fracaso en la convocatoria del 19-F, en la que había muchos ciudadanos y ciudadanas sin vinculación sindical, hubiese constatado que estamos ante una sociedad pasiva, narcotizada; que estamos ante una ciudadanía que asiste complaciente a la eliminación de derechos y a la imposición de políticas económicas tan injustas como desacertadas, que un día sí y otro también confirman que lejos de mejorar la economía y el empleo, retraen a aquella y volatilizan miles de puestos de trabajo. Afortunadamente, hay una llamita de esperanza que prendió este 19-F.

Positivo

Ha sido, por tanto, un paso positivo, pequeño pero significativo, en medio de una situación muy grave. Una situación de crecimiento del conservadurismo, de enorme debilidad sindical y de arrinconamiento de las posiciones progresistas, con una sociedad marcada por el miedo y la desorientación.

Tras la movilización he escuchado distintas voces exigiendo la convocatoria inmediata de una huelga general, incluso algunos, más atrevidos a la par que, en mi opinión, insensatos, hablan de huelga general indefinida, lo que confirma un análisis poco fino del mundo en que viven.

Me parece que acudir al manual y repetir las consignas del pasado puede abrigar y dar seguridad. Pero, al mismo tiempo, puede llevar a una estallada de terribles consecuencias. Antes de convocar una huelga general, por muy razonable y merecida que sea, que en este caso lo es por el calado de una muy desequilibrada reforma laboral y por el resto de medidas económicas, hay que saber cuál es el estado de ánimo de los afortunados que todavía tienen empleo, sondear cuántos estarían dispuestos a secundarla en los distintos sectores, tanto públicos como privados.

Porque se corre el riesgo de actuar alejados del sentir de la sociedad, de sus impuestos temores, y de contribuir, en lugar de a un reforzamiento de la resistencia frente a las barbaries de la derecha, justo a todo lo contrario, a una desarticulación y desmoralización de lo poco organizado que queda en el plural campo que apuesta por una mayor equidad, por una sociedad con menos violencia y más justicia. No se pueden cometer errores.

Medir bien las fuerzas con las que se cuenta; extender el conocimiento de lo que están suponiendo las políticas y legislaciones en marcha; actuar con el máximo grado de unidad, no poniendo por delante lo que divide; manejar inteligentemente los tiempos para desarrollar las distintas acciones reivindicativas; acumular fuerzas para una batalla que durará años y en la que el neoliberalismo dispone de armamento potente y variado en las instituciones y en los medios de comunicación… Y, en su caso, convocar la huelga en el momento adecuado en que las sinergias sean mayores.

Creo que eso es lo que corresponde a las organizaciones y ciudadanos que rechazan, que rechazamos, estas políticas, que cabe calificar de ‘antipersonas’, como las tristemente famosas minas; políticas que cercenan proyectos vitales, que destruyen individuos y familias, igual que aquellas mutilan cuerpos.

Políticas que solo están conduciendo al desempleo masivo, a la pobreza creciente y a la exclusión social de millones de hombres y mujeres en el Estado español, de cientos de miles en Canarias, impulsadas por patriotas de pacotilla que quieren mucho a la nación, que se llenan la boca de España, y, paralelamente, no tienen el menor pudor en sacrificar, en mandar al matadero, en machacar sin piedad a sus ciudadanos y ciudadanas.

—————————————-Estoy también en twitter: @enriqueBeth

Del grande y siempre recordado José Antonio Ramos: ‘Chipude’.

http://www.youtube.com/watch?v=P1MmsbWEW4w

Comentarios

Toda la razón, ahora toca pensar bien lo que se hace y como se hace. Y sobre todo por quien se hace. Un paso en falso más que un tropezón significa un gran retroceso en el camino a recorrer.

latiradera dice:

A lo último: por la gente de hoy y por la que vendrá después, por sus derechos y dignidad. Y efectivamente, con inteligencia pensar qué se hace, cómo y cuándo. Abrazos.

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