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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

La mejor campaña por la Educación pública

Conocida es mi defensa de los servicios públicos y, de manera especial, del sistema público educativo. Una defensa necesariamente crítica con las fallas que presenta, que he planteado en decenas de artículos periodísticos en los últimos veinte años. Lo que me ha llevado, en más de una ocasión, a enfrentarme abiertamente con las administraciones públicas y, también, con los dirigentes sindicales de la enseñanza, en capítulos tan poco reivindicables como su negativa en los años 90 a realizar la tutoría en hora de tarde en Secundaria o, más recientemente, su defensa de una homologación salarial “sin contrapartidas”. Incluso, hace unos años, algunos se animaron a recoger firmas entre el profesorado de Secundaria para declararme “persona non grata” por criticar algunas de sus medidas de lucha, que afectaban al alumnado, o considerar tan improcedente como impresentable que un docente se pusiera en huelga de hambre para exigir la homologación.

Tengo la impresión de que en variadas ocasiones, una parte significativa de los docentes y, sobre todo, sus representantes laborales, han olvidado la esencia de su tarea y se han centrado exclusivamente en peticiones vinculadas a los horarios y el aumento de la nómina, dejando en segundo plano las referidas a la mejora de su propia formación, a la búsqueda de mayores recursos humanos y materiales para los centros, a las imprescindibles modificaciones metodológicas y, en definitiva, a todo lo que contribuye a incrementar la calidad de la escuela pública. Lo que no implica que crea que los enseñantes deban estar mal pagados, aunque en mi opinión no es de recibo que todos ganen lo mismo, sin que se tengan en cuenta sus responsabilidades, compromisos y calidad.

Esas posiciones han repercutido negativamente en la percepción social del profesorado. Y en la propia consideración que los ciudadanos y las ciudadanas tienen de la enseñanza publica. Cuando, no ofrece dudas, en ella están los mejores docentes y, además, la entrega de la mayoría de estos a su labor en las aulas es incuestionable. No hablo de oídas. Mis hijos estudiaron en un colegio público la Infantil y la Primaria (con estudiantes de más de 35 nacionalidades distintas, la mayoría pobres), y ahora coinciden en un buen instituto.

Satisfacción

Y mi satisfacción, en ambos casos, es elevada, aunque en el camino me he encontrado con algunos enseñantes que no merecen ese puesto de trabajo y que han lastrado educativamente a generaciones de niños y niñas; y ese sí que es un mal endémico: la imposibilidad de expulsar del sistema al gandul, al profesional de la baja, al que no ha vuelto a formarse desde que terminó la carrera y carece de la menor vocación.

Pero los caraduras irrecuperables, que los hay, no pueden hacer olvidar la labor de los miles de maestros y profesores que no se conforman con cumplir con un horario, que se vuelcan diariamente con sus alumnos, que buscan recursos para que estos salgan mejor formados, que se preocupan por prepararse más adecuadamente actualizando sus conocimientos y su metodología, renunciando en muchas ocasiones al ocio, al tiempo con la familia y los amigos.

Que, como he podido ver directamente (me acordé de ti, Ángela), se ponían el mono de faena, a finales del mes de agosto, con un calor de muerte, para pintar las paredes de las aulas, ayudadas por algunas madres del AMPA, porque no estaban dispuestas, de ninguna manera, a que los chicos y chicas se incorporaran pocos días después a un colegio desvencijado. Conozco de cerca a ese profesorado ejemplar y, desde aquí, le reitero mi profundo reconocimiento a su cotidiano buen hacer.

Campaña

Por todo ello, recibo con alegría y me sumo a la campaña ‘Yo estudié en la pública’, lanzada por la organización independiente ‘Ciudadan@s por la educación pública’; y que, como señala Chema Tante en La Casa de mi tía, recoge testimonios de personas relevantes de las artes, la ciencia y el pensamiento, como Federico Mayor Zaragoza o Teresa Berganza.

Solo haré una puntualización. La misma que planteé, en consonancia con el espíritu que destila la campaña, a un amigo que me remitió por Twitter el enlace al positivo vídeo de la misma. “Lo primero, y más útil, es predicar con el ejemplo. ¿Dónde tienen sus hijos la mayoría de los dirigentes políticos progresistas?”, le señalé inicialmente (no me cabía en 140 caracteres preguntarle también dónde tienen sus hijos buena parte de los lideres sindicales docentes y del profesorado de la pública en general). A lo que, tras su respuesta, añadí un segundo tweet: “El abandono de las clases medias de lo público lo debilita y facilita su descapitalización en recursos humanos y materiales”.

Sintonizando plenamente con ‘Ciudadan@s por la educación pública’, me parece que la mejor campaña a favor de los servicios públicos es ser usuarios de los mismos. De lo contrario, la Educación pública (a la Sanidad le puede pasar otro tanto) terminará siendo solo para los más desfavorecidos, para los que no dispongan de otra opción, y las clases medias verán con buenos ojos su progresiva descapitalización y degradación bajo una reflexión egoísta y bien sencilla: ¿Por qué voy a pagar con mis impuestos algo que no uso?

…………………………………………Puedes seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

Enlace al vídeo de la campaña por la educación pública

http://www.yoestudieenlapublica.org/video.php

Y, como musical regalo, Art Pepper Quartet: ‘You Go to My Head’

http://www.youtube.com/watch?v=94FtFM1RxgE

Comentarios

Ana Delia García Afonso dice:

Reconforta leer estos comentarios valientes y directos contra ciertas actitudes acomodaticias y reivindicativas de lo puramente salarial, en las que ha caído el conjunto del profesorado en esta comunidad, aunque eso sí, disfrazándolas de lucha por la calidad de la enseñanza. Y comandados por los sindicatos, no olvidemos su parte de culpa; de hecho ellos orquestaron las protestas. Un poco triste todo, sí. Yo también he sufrido al compañero que no cumple: al profesional de la baja, al que viene pero apenas da clase. Si es verdad que es un personaje minoritario, también lo es que la sola presencia de uno de ellos debilita el trabajo del conjunto y afecta a todo el centro de manera muy negativa. Con faltas constantes de compañeros es difícil organizar bien el instituto y se transmite a los alumnos la idea de que faltar es posible, que no pasa nada. Como modelo de comportamiento para los chicos deja mucho que desear.
Algo que me ha llamado tasmbién mucho la atención de mis compañeros maestros y profesores del centro en el que me tocó este año es el poco interés que ha despertado en ellos el recientemente publicado informe PISA para Canarias. Por más que insistí en que leyeran al menos las conclusiones de las páginas 93 en adelante (unas siete páginas en total), ninguno se tomó la molestia de hacerlo. O no queremos recibir malas noticias y preferimos no saber, o desconfiamos de los expertos europeos y nos cargamos al mensajero, o lo que es peor, nos importa un pito nuestro trabajo. Táchese lo que proceda.

Ana Delia García Afonso dice:

Dicho lo cual, me faltó añadir que si tuviera un hijo querría para él la mejor eduación posible, con dos idiomas pero de verdad. Eso no lo he encontrado nunca en los once centros que he tocado como profe.

Isabel dice:

Totalmente de acuerdo. Y también con las críticas. Siendo el ser humano como es, en todas las profesiones encontramos personas gandulas, a las que les importa un pito lo que están haciendo, que no tienen ni idea de lo que es ser un buen profesional. Y los profesores hemos sido siempre los primeros en criticar a esos especímenes. Yo también me sumo a la campaña en defensa de la enseñanza pública. Estudié en la pública, fui docente en ella durante 35 años y mis hijos estudiaron en la pública. ¡A defender en ella una mejor dotación y un mimo especial por parte de las administraciones!

@elbisonteciego dice:

¡Cuántas cosas vacuas dices tío!. Para concluir con una obviedad.

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