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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Estimados sindicalistas

Creo que ustedes son fundamentales en la defensa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras; cada vez menos derechos, por cierto. Que su existencia es esencial en un estado democrático. Y que los que continuamente los linchan y los demonizan preferirían un páramo sin leyes en el que acercarnos a los modos y maneras de la abolida esclavitud y en el que los empresarios no cuenten con nadie que vigile la situación de la empresa, proteja a sus empleados y negocie sus condiciones laborales.

He podido conocer de cerca la actividad de centenares de sindicalistas en las tres últimas décadas. Cierto es que hay algunos caraduras que encontraron en el sindicalismo, y especialmente en la liberación, lugar propicio ante su fracaso profesional o político. Y que algunos difícilmente pueden incluir otra cosa en su currículo que no sea “delegado sindical”, que en lo de agarrarse al sillón le ganan a más de un diputado o alcalde perpetuo.

También sé que la mayoría dedica más tiempo a la actividad sindical del que le correspondería en su puesto de trabajo habitual, restando horas a su ocio o a sus familias. Y, asimismo, que es más fácil ejercerlo en el mundo público que en el privado.

Resistencia

Han sido ustedes, además, la parte más significativa de la resistencia a las medidas neoliberales que aplica agresivamente el Gobierno actual del PP, pero que ya inició el Ejecutivo de Zapatero siguiendo directrices internacionales. Sin las organizaciones sindicales no hubiese sido posible la gran movilización de rechazo a las políticas de Rajoy del pasado 29 de marzo (la Huelga, reconózcanlo, fue mucho menos apoyada, solo sirvió para salvar los muebles), aunque una parte de los asistentes a las multitudinarias marchas callejeras mostrara su recelo hacia las prácticas sindicales. Como señalaba el premio Nobel Stiglitz estos días, el movimiento sindical es clave en el gran desafío que supone “hacer que la democracia funcione y controle los mercados”.

En el haber de estos últimos tiempos, coloco la sustancial mejora en la relación entre el diseminado panorama sindical, un auténtico potaje de siglas, y que varias manifestaciones, la de la Huelga General pero también la del Primero de Mayo, hayan sido unitarias, tras décadas de desencuentro. Aunque sigo pensando que tras esa multiplicidad de grandes y pequeños sindicatos se esconden variados egos y la traslación, en ocasiones, de broncas partidarias.

La respuesta social no es la misma que hace un año. A algún dirigente le escuché decir entonces, desmoralizado, que a las convocatorias no asistían ni los delegados sindicales. Pero eso tampoco justifica que ahora una semana sí y otra también, convoquen manifestaciones, especialmente en el sector público, siguiendo muchas veces calendarios impuestos desde otras realidades; algunas con un saldo de seguimiento muy escuálido. En ocasiones, una a favor de la función pública un martes y, al día siguiente, otra contra los recortes educativos. Como sucede, otra vez, esta semana: el 20 una manifestación del sector público contra las medidas del Gobierno canario en su Ley de Medidas Administrativas y Fiscales y el viernes 22 otra, del Frente Unitario por la Defensa de la Enseñanza Pública, en rechazo de las medidas educativas del Ejecutivo de CC y PSOE.

O mejor, para ser precisos, dos, una por la mañana de Estudiantes Pre-parados, y otra por la tarde del Frente Unitario, aunque este informó de otra cosa bien distinta en su rueda de prensa, dando por sentada la participación estudiantil. Respetar las dinámicas de los otros sectores, no imponer sus ritmos a los demás y no forzar unidades artificiales, son algunas de las cosas que también debían aprender los sindicatos.

Televisión

Y, también, no buscarse enemigos gratuitos ni decir simplonerías. He escuchado estos días a líderes sindicales de Educación exigir el mantenimiento del empleo en el sector, que comparto y apoyo sin fisuras, al tiempo que pedían el inmediato cierre de la Televisión Canaria. Se olvidan de que en ella también hay profesionales, que de ella depende el sustento de cientos de familias. De la relevancia del desarrollo de un sector audiovisual en el Archipiélago. Y, más sencillamente, de la solidaridad con los otros.

No dudo que haya que seguir trabajando para que sea un mejor servicio público, cada día más plural y de más calidad en su programación. Pero cerrarla, en ningún caso. Ni siquiera por razones de costo. Sus 33 millones de euros de presupuesto la hacen de las más baratas y no solucionan los problemas de los grandes servicios públicos, que deben ser correctamente financiados por una fiscalidad más progresiva, por la lucha contra el fraude y por más impuestos al consumo de lujo.

Por último, siguen cometiendo errores de bulto al establecer las prioridades. Convocar manifestaciones a favor del sistema público educativo en el que la argumentación central sigue siendo las modificaciones horarias del profesorado o la pérdida de empleo, por muy justas que sean, no ayuda a recabar apoyos sociales más allá del propio gremio.

Continúan sin poner a los usuarios del sistema, a la ciudadanía, en el centro del debate.  Al alumnado que percibirá sus clases en peores condiciones. A los chicos y chicas de bajos entornos socioculturales o con dificultades de aprendizaje que se verán negativamente afectados por la subida de las ratios. A los que no podrán pagarse la cuota del comedor, los libros o el costoso material escolar. Y mientras esto no ocurra corren el peligro de que tras la pancarta haya cada vez menos manifestantes.

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Pete Seeger: ‘What Did You Learn In School?’

http://www.youtube.com/watch?v=VucczIg98Gw

Comentarios

Ana Delia García Afonso dice:

“Convocar manifestaciones a favor del sistema público educativo en el que la argumentación central sigue siendo las modificaciones horarias del profesorado o la pérdida de empleo, por muy justas que sean, no ayuda a recabar apoyos sociales más allá del propio gremio”. Suscribo completamente esta frase. Recuerdo la reacción de algunos de estos sindicatos de docentes cuando se publicó el informe Pisa para Canarias, donde se concluía que la enseñanza en estas islas es la peor, o la penúltima, del territorio nacional: “¿Quienes son estos ‘presuntos’ expertos PISA?”, dijeron, y ni una manifestación para pedir un aumento de la calidad educativa, ni nada. Conmigo que no cuenten para manifestarme cuando sólo se trate de reivindicaciones gremiales de este tipo.

tokafondo dice:

Parte del problema es el mismo que se tiene en toda organización pública: los que trabajan, los que realmente creen en el proyecto, son gente anónima. Gente que, muchos de ellos, lo hacen desinteresadamente, o no, pero con entrega. Y “los de arriba” se aprovechan de eso para erigirse como líderes de una masa que muchas veces no es sólo que no comparta, sino que se avergüenza de las declaraciones de éstos.

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