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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

La Prima Roja

Durante meses no hemos dejado de hablar de la prima de riesgo, que nos daba un tremendo susto, un día sí y otro también, justo cuando los responsables políticos aseguraban que sus brillantes medidas habían logrado tranquilizar a los voraces mercados. Da igual que la mayoría de la población no sepa de qué va la dichosa prima. Basta saber que su subida hasta puntuaciones record era un síntoma de que las cosas no marchaban bien en la economía. Aunque, con conocimientos o sin ellos, casi todos sufrimos cotidianamente las consecuencias y somos cada vez más pobres, con o sin prima.

Ahora hemos vivido el exitoso paso de La Roja por la Eurocopa, esa inyección de felicidad colectiva que, al menos a mí, pese a lo futbolero que soy, no me hace olvidar los problemas de la gente: el paro, las rebajas en los sueldos, la pobreza creciente o los desahucios. En ese marco, en medio de la resaca por el triunfo futbolístico, recibimos además las presidenciales amenazas de aceleración de las “reformas”, de la necesidad de nuevos “esfuerzos” (tradúzcase más sufrimiento de los que menos tienen).

Y los medios de comunicación hablan estos días de otra prima bien distinta. Y de sus riesgos.

Nadie puede restar méritos a la selección española de fútbol, a sus jugadores y a su equipo técnico, que ha logrado los mayores triunfos. No sólo por ganar de forma consecutiva tres torneos de enorme exigencia, Eurocopa 2008, Mundial 2010 y Eurocopa 2012, lo que nadie había conseguido, sino por alcanzar niveles de excelencia en su juego, ante el que se han rendido periodistas y futboleros de todo el planeta. Ya la comparan con la Brasil del 70, la de los cinco “diez”: Gerson, Tostao, Jairzinho, Rivelinho y un tal Pelé, casi nada.

Polémica

Pero como decía, el triunfo y la belleza de su propuesta futbolística no han tapado la polémica abierta en torno a la prima de 300.000 euros, cifra que cada futbolista va a recibir como premio al título europeo. Para muchos se trata de una cantidad escandalosa; pero no hay que olvidar que ésta no sale de las arcas públicas, sino de la Federación Española de Fútbol. Y que se circunscribe perfectamente a las mareantes cifras que mueven los fichajes y los contratos de los futbolistas profesionales. En el mismo país, sí, ya lo sé, que invita a los científicos a mandarse a mudar.

Lo más grave de este asunto es la pretensión de que esta cantidad astronómica no tribute en España, sino que lo haga, al menos parcialmente, en alguno de los estados en que se jugó el torneo (Polonia o Ucrania), acogiéndose al convenio de doble imposición firmado con estos países para tributar por estos rendimientos del trabajo, con el fin de ahorrarse unas perrillas. De confirmarse que es factible, esto me parece completamente inadmisible; es, si finalmente lo hacen así, una inmoralidad y una muestra de absoluta falta de solidaridad con sus conciudadanos por parte de los jugadores y técnicos. Estamos hablando, además, de jóvenes millonarios que a sus habituales emolumentos en sus clubes suman los de la publicidad que realizan para distintas marcas.

Pero es algo que no debe sorprendernos tanto. Lo hacen habitualmente en mucho mayor grado tenistas, corredores de motos y coches o famosos cantantes, que con una mano enarbolan la bandera rojigualda y con la otra ingresan sus ganancias en Suiza o en distintos paraísos fiscales del mundo mundial, en una sui generis interpretación del patriotismo: se sienten muy españoles pero no aportan para los hospitales, para los colegios o para las distintas infraestructuras de su país. Y la gente los aplaude y venera casi como semidioses.

Gesto

Dicho esto, es cierto que personalmente me hubiese gustado un gesto de estos deportistas tan laureados; que hubiesen aportado parte de sus ganancias a alguna organización de las que luchan contra la pobreza y la marginación social. Máxime en momentos de tanto paro y creciente pobreza como los actuales. Pero eso es una decisión que les compete únicamente a ellos y a sus conciencias. De hecho, sus contrincantes el pasado domingo, los jugadores de la escuadra azzurra, habían anunciado que, en el caso de ganar la final, donarían su prima a los afectados por los terremotos del norte de Italia. Y en España un periodista deportivo poco responsable, sin contrastar la información, aseguró que Iniesta donaría su parte a los afectados por el incendio de la Comunidad Valenciana.

En todo caso, más que exigir a estos jugadores u otros colectivos determinada actuación voluntarista en un momento concreto, me parece mucho más relevante y justo que el sistema fiscal sea, de verdad progresivo, que haga que de manera efectiva paguen más los que más ganan. Que no se repitan vergüenzas como la aznárica Ley Beckham, que rebajó sustancialmente la tributación de los supermillonarios fichajes extranjeros. Que se persiga a los que defraudan en España y se combata, en el ámbito internacional, contra los paraísos fiscales. Y, asimismo, que no se aplauda a aquellos que, ganando auténticas burradas, hacen todo lo posible por no aportar nada al interés colectivo de sus compatriotas.

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Stan Getz:’´Misty’

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