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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Una entrevista a Silvio (1992)

SILVIO RODRÍGUEZ: “LAS IDEAS ESENCIALES DEL SOCIALISMO ESTARÁN VIGENTES MIENTRAS EXISTA INJUSTICIA SOCIAL”

* “Los Beatles en un principio no me gustaban, cosa que me suele ocurrir, sobre todo en materia musical, con las cosas que después me van a gustar mucho, a las que inicialmente les ofrezco una cierta resistencia”

* “Afortunadamente, yo defiendo la Revolución con un nivel de albedrío bastante alto y, asimismo, con un nivel de compromiso altísimo”

* “No creo en la pureza y pienso que en este mundo todos estamos embarrados de algo y si no fuera así no seríamos seres humanos”

ENRIQUE BETHENCOURT

Especialmente para amantes del cantautor cubano recupero esta entrevista con Silvio Rodríguez, fruto de una conversación en La Habana, en septiembre de 1992, y publicada en el primer número de la desaparecida revista Disenso. En ella, Silvio se muestra convencido del poder del arte en las transformaciones sociales y se reconoce como un cantante del régimen, es decir, de la Revolución por la que apuesta de forma necesariamente crítica, afirmando además que no cree en la neutralidad ni en la pureza, “pues todos estamos embarrados de algo y si no fuera así no seríamos seres humanos”.

-¿ Cuáles crees que son las principales influencias que inciden en tu forma de entender y hacer la música?

-Te podría decir que todos los días recibo influencias musicales, que cada vez que oigo algo que me gusta me influye.

– ¿Y en tus comienzos?

– En mis inicios las primeras influencias que detecto son de trovadores cubanos, de cantantes de boleros, de Los Cinco Latinos, Vicentico Valdez o Lucho Gatica, que era la música que estaba de moda cuando yo era un niño. También del primer rock & roll. Pero desde que me volví un melómano y escogí la música como compañera, al menos como oyente, como diletante, siempre tuve una predilección muy fuerte por la música clásica. Aquí había, y todavía hay, una emisora de radio especializada en música clásica y que mucha gente suele decir que es música de muertos y a mí me gustaba y me gusta esa música de muertos.

– ¿ Y la música popular? 

-La música popular era una influencia muy directa, porque era la que escuchaba cotidianamente. No tenía que poner nada de mi parte para escucharla: ella me perseguía adonde quiera que yo iba. Esa es una de las virtudes y poderes de la música popular. En la adolescencia hubo gente que me tocaron mucho. Los Beatles, siempre lo he dicho, en un principio no me gustaban, cosa que me suele ocurrir, sobre todo en materia musical, con las cosas que después me van a gustar mucho, a las que inicialmente les ofrezco una cierta resistencia. Me sucedió lo mismo, entre otros, con Violeta Parra y Chico Buarque. No así con Sindo Garay, que es una raíz más que una influencia, porque lo escuchaba siendo yo muy pequeñito.

– Recuerdo un viejo tema tuyo en el que en una estrofa dices “Te quiero mi amor, no me dejes solo, no puedo estar sin ti, mira que yo lloro”, crítica a esa visión estereotipada, babosa, de las relaciones afectivas, ¿No crees que esa forma de entender el amor sigue estando presente en las canciones y en las actitudes ante la vida? 

-De eso no tienen culpa los compositores. Es el universo, la vida, la que ha cambiado poco en este sentido. El amor se enfoca a nivel sentimental, de pareja, de forma bien parecida a como lo hacían los antiguos. La gente siente las mismas pasiones, los mismos apegos y desapegos y habla de las mismas cosas y hace canciones parecidas. Sobre ese tema en específico, te diría que tiene otras intenciones. Es una especie de arte poética, de como en un principio había cantado cosas más insustanciales y me había apegado a cosas más ligeras y como, poco a poco, y como dice la canción, me fui enredando en más asuntos. Es una declaración, con mucha ironía, de una toma de conciencia. Estaba hecha también para un público con el que tenía mucha complicidad en ese momento, un público muy cercano pues yo era poco conocido fuera de Cuba en aquellas fechas.

– Se te acusa de ser un artista del régimen, una especie de vocero oficialista…

– Lo de artista del régimen me honra, lejos de denigrarme, porque yo defiendo la Revolución, pero cuando lo hago no defiendo sus errores, las estupideces que podamos cometer, las cosas criticables, las que pudimos haber hecho mejor y no las hicimos, las que podemos hacer hoy y no las hacemos. Yo defiendo el principio de la Revolución y la justicia de la idea revolucionaria en nuestro país, porque se inserta dentro del devenir del cubano. Eso es lo que quiso nuestro país desde que nos comenzamos a liberar de España. La Revolución que derrota a Batista en el 59 es una consecuencia de ese devenir histórico y yo creo que la hubiéramos hecho con marxismo o sin marxismo, aunque es probable que con marxismo la hiciéramos un poco más profunda. Los patriotas del siglo XIX no eran marxistas pero eran revolucionarios y otros muchos revolucionarios del XX tampoco eran marxistas. En ese sentido, me siento un cantor del régimen y eso no significa que sea un títere al que le mueven las cuerditas y dice lo que otros quieren que diga. Afortunadamente yo defiendo la Revolución con un nivel de albedrío bastante alto y, asimismo, con un nivel de compromiso altísimo, porque mi vida está ligada a la Revolución y es, en gran medida, producto de la Revolución.

– Tu defensa del proceso revolucionario cubano no significa dejar de criticar la actitud de ciertos funcionarios…

– Ese es el problema. Imbéciles hay en todas partes.

– ¿Cuál crees que debe ser el papel de los gerentes culturales, de los responsables ministeriales, y cuál el que corresponde a los artistas?

– Pienso que los ministerios de Cultura se deben a las artes y, por supuesto, a los artistas, y no al revés. No creo que el arte y los artistas deban depender de una burocracia, sino que ésta, si por fatalidad existe, debe ponerse en función de lo que quiere hacer la gente. Sobre el papel de los artistas, estimo que hay tantos papeles como artistas hay. Hay corrientes, momentos o coyunturas históricas que logran reunir a muchos artistas en una idea similar, al existir factores en aquellas fechas. Las canciones pueden que los identifican, pero siempre cada uno de ellos entiende las cosas individualmente a su manera. Cada artista es la consecuencia de su propia historia, de sus condiciones, de sus amarguras, de sus reveses, de su valentía…

– Pero es posible un artista situado al margen de la realidad, neutral ante lo que acontece… 

-Creo que es imposible, porque incluso pretender situarse al margen de la sociedad ya constituye una actitud política, de rechazo o cuanto menos de pretendida asepsia. Yo no creo en la pureza y pienso que en este mundo todos estamos embarrados de algo y si no fuera así no seríamos seres humanos.

– ¿Confías en el poder de la palabra?

-Estoy convencido de que sí, de que la palabra tiene poder. Digo esto aunque en numerosas ocasiones he afirmado que el arte no tiene la fuerza para cambiar directamente el mundo y en todo caso si es claro, didáctico, puede ser concientizador; y en casos de artes más sutiles, puede contribuir a crear determinados sentimientos en el ser humano, que integran ese potaje que hace la actitud humana después. Tengo la impresión de que las canciones, indirectamente, pueden ser un factor de cambio. Conozco casos de canciones que han modificado la realidad. Pasa con un tema de Carlos Varela, Jalisco Park, una canción que habla de un parque infantil abandonado: a una serie de funcionarios de la alcaldía de La Habana les cayó muy mal, porque era una responsabilidad suya, al final el parque fue restaurado. Yo tengo mi propio caso también, el de mi canción El tren blindado, que cuenta la historia del tren en el que Batista enviaba a sus últimas tropas para detener la invasión que habían emprendido Camilo y el Ché desde las montañas de Oriente y que ya estaban cerca de Santa Clara. Las tropas del Ché ayudadas por el pueblo de Santa Clara derribaron el tren, venciendo así la última resistencia de la tiranía.  Algunos de sus vagones quedaron allí y comenzaron a crecer las flores a su alrededor, cumpliendo además una utilidad social para que los jóvenes tuvieran un lugar donde estar en intimidad. Cuando yo canté El tren blindado sucedió lo mismo que posteriormente ocurriría con Carlitos Varela, primero hubo mucha gente indignada, que llegaron a calificar al tema de contrarrevolucionario, pero después el tren se vio beneficiado y fue puesto en óptimas condiciones.

– ¿Prefieres actuar en un estadio ante 6.000 o 7.000 personas o en un lugar más íntimo, como un teatro?

-A mi me gustan los teatros, porque pienso que, en general, se puede lograr una mejor comunicación. Pero hay excepciones, con conciertos multitudinarios en que se logra un elevado nivel de comunicación. Lo pongo más en función de la comunicación que de las dimensiones del lugar. Me gustan los conciertos donde realmente se establece una comunicación, donde hay una complicidad, una vibración de parte y parte, aunque ese otro tipo en los que el público juega un papel más protagónico es otro tipo de maravilla. Aunque a mí, en realidad, no me gusta mucho cantar. Yo hago pocos conciertos y no soy un animal de escena.

-¿Te lo pasas mal en el escenario?

-No, no lo paso mal. Donde no lo paso bien a veces es en los alrededores del escenario. Ya en el escenario no, porque en él se produce ese encuentro, esa coincidencia, que le da sentido. Si no mediaran tantas cosas entre la gente y yo creo que lo disfrutaría más.

-Cambiando un poco de tema, parece que no son tiempos muy propicios para hablar y defender conceptos como justicia, igualdad, solidaridad. Da la impresión de que esos valores no se cotizan en el mercado.

– No se cotizan precisamente porque no son valores de mercado. Tengo pruebas recientes de que la gente sigue respondiendo a la solidaridad, sigue respondiendo a los principios, de que no todo el mundo está mercantilizado, de que no todos piensan con el bolsillo. Es un milagro maravilloso, es la condición humana que se rebela por más que la sociedad se haya retorcido, que los sistemas hayan retorcido el carácter del hombre, por debajo de todo eso está la condición humana luchando – a veces con toneladas de mierda encima- para salir. Como yo soy cubano y todos saben la situación muy difícil en que se encuentra mi país, cada vez que salgo tengo la oportunidad de reeditar todas esas sensaciones, toda esa certidumbre.

– ¿Crees que siguen vigentes las ideas esenciales del socialismo?

 – Las ideas esenciales del socialismo estarán vigentes mientras exista injusticia social. Que determinada forma de socialismo haya fracasado -habrá que analizar bien por qué- es una cosa y que las ideas hayan fracasado es otra. Desde antes de Cristo están estas ideas rondando en la Tierra; el propio Cristo planteó ideas socialistas a los seres humanos. A lo largo de la historia las ideas utópicas han estado presentes y creo que van a seguir estándolo. Esto ha sido, aunque parezca el fin de una guerra, una de las tantas escaramuzas que está librando el hombre para lograr ser respetado, para llegar a su verdadera condición. Tendrá que ser mirado con perspectiva de mucho más tiempo lo que hoy nos parece apocalíptico y terrible.

– Eduardo Galeano relata en uno de sus libros como la cárcel de Montevideo se llamaba, paradójicamente, Libertad. Aunque esa palabra se ha manipulado y prostituido sigue teniendo un sentido profundo para los hombres y mujeres, ¿qué sentido tiene para ti este concepto?

– La palabra libertad tiene un sentido distinto para cada gente y para cada situación. Siempre es un punto de partida, nunca es algo que se cierre sobre sí misma. Siempre hace falta algo más de oxígeno, siempre hace falta algo más de libertad. Cuando tienes un tipo de libertad quieres otro. Creo que nunca vamos a estar conformes y en todas las épocas vamos a estar peleando con el concepto de libertad …

– No hay lugar entonces para los absolutos…

-Los absolutos cada vez tienen menos lugar, sin duda.

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En esta ocasión, un tema de Silvio: ‘La Maza’

http://www.youtube.com/watch?v=7mA7uyivl6E

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