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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Huelga de hambre, acción extrema

Aunque Jorge ha abandonado su huelga de hambre este jueves 21 de noviembre, la reflexión que en este artículo hago sobre la misma creo que sigue siendo válida.

HUELGA DE HAMBRE, ACCIÓN EXTREMA

Son muy variadas las formas de exigir cambios políticos, de reivindicar justicia y de oponerse a las diversas arbitrariedades del Poder. Desde las concentraciones a las manifestaciones pasando por las sentadas, los encadenamientos, los paros en la actividad productiva y, en casos más extremos, las huelgas de hambre.

Quería hablarles de estas últimas. Han jugado su papel a lo largo de la historia como método no violento de lucha. Aunque, paradójicamente, sí que suponen una agresión en toda regla al propio cuerpo del huelguista, sacrificado -en pérdida de salud y, en algunos casos, de la propia vida- en aras a alcanzar un bien mayor individual o, más generalmente, colectivo.

Estos días hemos vivido en Canarias una huelga de hambre de siete trabajadoras del sector del tomate para exigir el pago de una millonaria deuda por parte del Ejecutivo canario. Tras una semana de ayuno, en la que dos de las agricultoras fueron hospitalizadas, consiguieron su objetivo: el Gobierno se ha comprometido a abonarles lo adeudado en las próximas semanas; espero que lo cumpla.

Aminatou

En el año 2009, en el aeropuerto de Guacimeta, en la isla de Lanzarote, la activista saharaui Aminatou Haidar estuvo 32 días en huelga de hambre exigiendo que las autoridades marroquíes le permitieran regresar a su casa en El Aaiún, de donde había sido ilegalmente expulsada. Aminatou consiguió finalmente su objetivo en un caso que tuvo una enorme repercusión internacional.

En Madrid, Jorge Arzuaga, ingeniero vasco de 25 años, lleva más de un mes en huelga de hambre. La repercusión mediática –algo esencial en una protesta de este tipo- ha sido muy limitada en los medios convencionales, pero ha alcanzado gran difusión en las redes sociales.

Muchos aplauden su valentía, el nivel de sus convicciones y su coherencia, convirtiéndose en un ejemplo del arduo combate contra las políticas del Gobierno de Rajoy, el empobrecimiento de una parte significativa de la población, la pérdida de derechos y el retroceso en los servicios públicos.

Yo, a riesgo de recibir todos los palos que vengan, disiento en varios aspectos. Seguro que lo hace con la mejor de las intenciones y que le animan valores de solidaridad y mejora de la actual situación política y social.  Y, por supuesto, que cada uno, en el ejercicio de su libertad individual, puede manifestar su protesta en el modo en que considere conveniente, siempre que no dañe a inocentes terceros.

Pero considero que cualquier cosa no vale por muy loables que sean los objetivos y que podamos compartirlos total o parcialmente. Ponerse en huelga de hambre exigiendo la caída del Gobierno y la inmediata convocatoria de elecciones anticipadas es, con perdón, un despropósito.

A Haidar, que ha sufrido cárcel y que conoce los brutales métodos de las autoridades del régimen de Mohamed VI, no se le ocurrió reivindicar en su huelga de hambre el fin de la monarquía alauita o la independencia del Sahara, que la hubiesen llevado al fracaso de su protesta o a la muerte. Pidió corregir una injusticia concreta que le afectaba y que, al tiempo, mostraba diáfanamente las arbitrariedades del país invasor en la excolonia española. Con ello logró un enorme apoyo que obligó a Marruecos a rectificar.

Incluso los huelguistas de hambre cubanos (el más famoso, tristemente, fue el fallecido Orlando Zapata, junto a Farías que ha protagonizado una veintena) no suelen incluir entre sus exigencias el cambio de régimen o la destitución de Raúl Castro; suelen limitarse a pedir la liberación de determinados presos o la mejora de las condiciones carcelarias.

Individualismo

En el caso de Jorge no se dan esas circunstancias. Se trata de una acción individual, si no claramente individualista (aunque se le hayan sumado algunas personas más). Con muy escaso apoyo detrás, tanto de organizaciones como de movimientos sociales. Con un objetivo imposible de lograr. Es más, de dudosa intencionalidad democrática: hasta ahora todas las encuestas muestran que el PP, pese a perder millones de votos, sigue siendo el preferido por la ciudadanía; por mucho que nos indignen sus políticas, creo que es en las urnas en donde hay que derrotarlo democráticamente y no por una huelga de hambre o por una vanguardista acción mesiánica como ‘ocupa’ o ‘rodea’ el Congreso.

El periodista Iñigo Sáenz de Ugarte dijo recientemente en Twitter que  “declararse en huelga de hambre para que caiga un Gobierno es una decisión estúpida, inmadura y desequilibrada”. No llego a tanto, pero considero que no es algo a aplaudir acríticamente, como si estuviera justificada, sin la menor reflexión y valoración de sus pros y contras, cualquier acción en cualquier lugar y circunstancia.

Creo, por último, que lo que urge en estos momentos es convencer a Jorge para que abandone la huelga de hambre, cuide su salud y continúe trabajando para cambiar las cosas desde el ámbito que más le convenza, sea una ONG, un sindicato o un partido político. Lo contrario, animarle a que persista o callarse como si nada pasara, me parece una actitud poco responsable y que a nada bueno conduce.

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John Lennon: ‘Working Class Hero’

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