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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Poder y silencio

Antes de certificarse su fallecimiento –algo tuvo de culpa su familia, la extraña rueda de prensa de su hijo el pasado viernes anunciando un inminente final- ya se escuchaban los aplausos ensordecedores a su figura. Incluso por parte de aquellos que despiadadamente lo desplazaron cuando ya no resultaba útil. Eso sí, los más cavernarios no desaprovecharon para destilar su odio de siempre; sin él les es imposible vivir,

En vida fue capaz de evolucionar desde el Movimiento y el servicio al franquismo desde diversos puestos hasta convertirse en timonel de una transición necesariamente imperfecta.

Y en la que la izquierda, parece que cuesta reconocerlo, era mucho más débil de lo que sospechábamos en la clandestinidad franquista y postfranquista. Las masas no estaban detrás; y si lo estaban, se encontraban bien lejos.

Su pasión era el Poder y no lo disimulaba; se volcó en lograrlo y mantenerlo. Y acabado el trabajo, aprobada la Constitución del 78, comenzó su declive en una UCD que era un nido de grillos y conspiradores, donde convivían exfranquistas de distintas especies con demócratas de nuevo cuño, también diversos.

Dimisión

Tras su dimisión obligada por la falta de apoyos en su partido, el 29 de enero de 1981, en medio de una profunda crisis política y económica, de la continuidad de las acciones bárbaras de ETA y del constante ruido de sables, la votación en el Congreso de su sucesor el 23-F nos sorprendió por la manera en que se resistió al fantoche golpista de Tejero.

Luego vino la construcción del CDS y su práctica insignificancia electoral, que llegó al extremo en unas municipales en las que apenas obtuvo 700.000 votos. En esas fechas presentó su dimisión y comenzó su olvido.

Por cierto, al líder soviético Gorbachov le pasó algo similar, tras su tarea denodada de desmantelamiento de la URSS y de un intento de apostar por el pluralismo político, externa e internamente prefirieron a Yeltsin, no sé si más borracho que golpista o al revés, y sus posteriores intentos en la política se saldaron con muy escasos apoyos ciudadanos.

Seducción mediática

Tenía más capacidad de seducción mediática (en eso fue un precursor) que propuestas e ideas políticas. Y representó a una derecha dialogante y que buscaba el acuerdo con casi todos, como sucedió con la elaboración de la Carta Magna, hoy cuestionada y, en mi opinión, injustamente responsabilizada de todos los males que nos asedian; cuando con esa misma Constitución hemos experimentado los mayores avances en sanidad, educación, igualdad entre mujeres y hombres, descentralización del estado, derechos y libertades de nuestra historia.

Estos serán días de hagiografías. O de descalificaciones, también. Todo el que ha ejercido el Poder, y más en unaS circunstancias como las que le tocó, está sujeto al juicio de la historia. De lo que fue y de lo que pudo ser. Para unos, un héroe; para otros, un villano. Adolfo Suárez. Poder. Olvido. Silencio.

———Puede seguirme también en Twitter. @EnriqueBeth

Comentarios

[…] la opinión popular por sus inicios políticos, Suárez y el andaluz locuaz, Mentiras, una más, Poder y silencio, Difuntos, Culto a la personalidad, Suárez y los mitos de la transición, Adiós al maquinista de […]

Amadeu Canals i Bofarull dice:

Conciso y acertado comentario, D. Enrique, como casi todos los suyos. Sólo quisiera añadir que, en la breve biografía de nuestro Monarca figurará como un gran acierto haber encomendado la difícil tarea de una pacífica Transición a D. Adolfo Suárez.

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