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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

¿Vuelco electoral?

Considero fundamental la oposición a las actuales políticas económicas que tanto sufrimiento están causando, especialmente en los sectores más débiles de la sociedad. También la respuesta social a leyes educativas que nos hacen retroceder en el tiempo o al intento de restringir los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Sería muy amplio el capítulo de resistencias ante los desmanes del poder aquí y acullá.

Esa oposición se viene haciendo desde muchos sectores. Desde el mundo sindical, como vivimos en las dos huelgas generales de esta legislatura, con elevado seguimiento pese a las enormes dificultades y el miedo. Desde las distintas mareas que han presentado batalla a los recortes educativos o sanitarios, así como a las privatizaciones.

También desde movimientos sociales, como la PAH, que han convertido los lanzamientos y los desahucios en problemas relevantes de la agenda pública, sensibilizando a la ciudadanía, apoyando a los afectados y denunciando las leyes que defienden a los bancos y no a las personas; o desde el feminismo y el ecologismo, que, en sus distintas esferas, apuestan por cambios profundos en nuestras vidas.

Los últimos años han sido de dura y desigual resistencia. Desde los gobiernos se han cercenado muchos de los avances logrados en las tres últimas décadas. Hemos observado como era posible retroceder en la sanidad, en la educación, en la dependencia o en los derechos laborales en un muy corto período de tiempo. Y como un Gobierno, amparado en una mayoría absoluta que le dieron las urnas, llevaba a cabo una contrarreforma neoliberal con el apoyo internacional y la debilidad, hay que reconocerlo, de la respuesta ciudadana interna.

Dos años y medio de Ejecutivo del PP han supuesto un profundo retroceso económico, social y, asimismo, en las libertades. Con un centralismo feroz y un desprecio a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos.

Castigo limitado

Sin embargo, el castigo ciudadano a esas políticas ha sido limitado. En las calles y en las urnas, como confirman esas elecciones europeas del 25M ganadas, pese al retroceso millonario en votos, por el PP. Las encuestas más recientes apuntan incluso un repunte en la intención de voto a los conservadores, que puede aumentar si en el próximo período se confirma cierta activación de la economía y se notan algunos efectos en la creación de empleo, por modesta y precaria que esta sea.

Pese a todo lo que ha sucedido desde su acceso al poder, el PP sigue al frente en todos los sondeos y aunque con toda seguridad no repetirá la mayoría absoluta del 20-N de 2011 puede aspirar a colocarse en torno a los 150-155 diputados, muy alejado de sus más directos competidores.

En el otro lado, las opciones que podrían cambiar, aunque sea mínimamente las cosas, no suman juntas esa cifra de escaños, aunque superen en porcentaje de votos, en uno seis o siete puntos, a los conservadores. El PSOE apenas pasa de los 90, Podemos no alcanza los 40 e IU va camino de no llegar a la decena; y los porcentajes de votos y escaños se mueven entre las tres opciones sin que crezca el fluido electoral que suman entre ellas:  lo que perdía el PSOE iba no hace mucho a IU, ahora va a Podemos, que también se alimenta de los de Cayo Lara.

Hace un año, en julio de 2013, la encuesta de Celeste-Tel otorgaba un 28,6% al PSOE y un 13,6% a IU, es decir un 42,2% conjunto. Ahora, el mismo instituto demoscópico da un 23,2% a los socialistas, un 5,1% a IU y un 14,1% a Podemos, que suman un 42,4%. Me resulta preocupante esa enorme estabilidad y no me da razones para ser optimista.

La renovación del PSOE (de momento más en nombre y en caras que en ideas) podría llevarle a mejorar ligeramente sus datos o hacerle retroceder aún más, habrá que ver su evolución en los próximos meses, pero esa franja de votos progresistas de formaciones estatalistas se mantiene en torno al 42% y su reparto entre tres opciones facilita que el PP se despegue.

Me asombro cuando leo o escucho a gente que asegura que la izquierda está a punto de llegar al Poder (muchos de ellos eliminando previamente al PSOE de ese espacio, lo que hace no ya improbable sino del todo imposible la empresa de acceder al Ejecutivo). Si en los peores momentos de la crisis no se ha producido el vuelco, no hay ninguna razón que indique que este se vaya a producir ahora. Además, los vientos de recuperación, por poco que soplen, juegan a favor de los conservadores.

Inmune

Otra cosa es que se valore la irrupción de propuestas más novedosas y menos timoratas que las de los socialdemócratas, como Podemos. O el importante avance de los nacionalismos de izquierdas en distintas autonomías. Así como que la actual convulsión abra un debate interesante sobre la democracia, la participación en las organizaciones políticas o los límites de un bipartidismo que se consideraba a sí mismo eterno e inmune a cualquier fractura, que creía en la automática alternancia hasta el infinito y más allá.

Pero de ahí a proclamar la proximidad y la inevitabilidad de la victoria de quienes propugnan un cambio radical y la apertura de un proceso constituyente, va un abismo. En el mejor de los casos, con exagerado optimismo, esas propuestas cuentan hoy con el apoyo de un 22-24% de la población.

Y no saberlo ni decirlo supone engañar y autoengañarse. Generar expectativas poco o nada sustentadas puede llevar a una enorme frustración. Las cosas son mucho más complicadas y exigen recorrido en el tiempo, cambios profundos, altura de miras, generosidad entre los actores sociales y políticos… y, lo más relevante, apoyo de la mayoría social.

Y todo eso, me parece, se encuentra aún bien lejos.

—Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

Comentarios

ajovin dice:

Si la izquierda no es capaz de sumar y alcanzar el poder en 2015 el PP se enquistará en el poder casi absoluto durante una década al menos. Pero será culpa y responsabilidad de la izquierda por incapacidad.

Emilio González Déniz dice:

Completamente de acuerdo, la izquierdsa frangemtada favorece al PP. Luego están los diversos nacionalismos, lo que indica que tal vez el PP quiera mantener el poder pero tendrá que pactar con ellos y eso puede der una buena noticia, aunque en etsos momentos los acuerdo son complicados. Otra cosa es que finalmente PP y PSOE hagan la gran coalición a la alemana, y entonces le daría la razón a Pablo Iglesias y seguramente tendría un gran costa electoral, más para el PSOE. El caso es que, como bien dices, pasa como con la Iglesia, mucho Papa Francisco pero la doctrina no se mueve un milímetro.
Emilio González Déniz

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