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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Podemos 1 – La casta 2

Las formaciones emergentes comparten la crítica a la política realmente existente, a los partidos y sindicatos que han operado desde la transición y al funcionamiento de las instituciones. Pero, asimismo, tienen en común su transversalidad, su populismo y, con frecuencia, una valoración escasamente crítica de sí mismos que contrasta con la extrema dureza con que se refieren a los demás.

Cada vez estoy más convencido de que, en distinto grado, Podemos y Ciudadanos tienen en común muchos de los rasgos de las formaciones populistas. Que son, como se sabe, de muy distinto estilo en el ámbito europeo, desde el Frente Nacional francés al Movimiento Cinco Estrellas del italiano Beppe Grillo.

Populismo

Como bien señala Eugenio del Río en un extenso e interesante artículo publicado en la revista Página Abierta (¿Es “populista” Podemos?) estos rasgos del populismo serían, entre otros, los siguientes:

“- 1. La presencia de un hiper-liderazgo unipersonal. El objetivo es que sea percibido como encarnación no contaminada de las ansias de cambio y que sea considerado como propio por “el pueblo”, a diferencia de los políticos establecidos que son considerados como distantes y ajenos a “la gente”.

  1. Evitar insertarse en el sistema de representación izquierda-derecha, que ha recogido las grandes identidades socio-políticas en el último siglo. Se entiende que está superado. Hay que actuar transversalmente, uniendo a sectores sociales diversos con intereses sociales diferentes. Hay que atraer a personas de ideologías distintas.
  2. La necesidad de recoger y difundir las ideas máspopulares. Ser altavoces de lo que la gente siente y piensa, y de lo que la gente quiere oír. Las ideas son útiles cuando valen para ganar apoyos para la propia causa. Se trata de dar satisfacción a la gente, de promover objetivospopulares, atendiendo a los deseos de mucha gente o del electorado que interesa conquistar.
  3. La eficacia en política está asociada a la repetición de unos pocos mensajes fundamentales.
  4. Se pone en pie una representación social dicotómica, muy simplificada. De un lado están las élites, el sistema político y el poder financiero; una pequeña minoría. Enfrente, el “pueblo”, la inmensa mayoría. Anti-pueblo y pueblo”.

Una de las expresiones de esa simplista representación social dicotómica es el recurso de Podemos a calificar de casta a poderes económicos y financieros, partidos políticos y sindicatos, así como a los militantes y dirigentes de estos; salvo los suyos, claro.

Cierto es que, poseedores en exclusiva del poder calificador, exoneran a quienes les conviene. Así, Jesús Montero, secretario general municipal en Madrid, asegura que el banquero Emilio Botín, fallecido en septiembre del pasado año, no debería ser considerado casta (“Hay dos culturas empresariales. Una es casta, la otra quiere contribuir al bienestar social, como la familia Botín en el Banco Santander”, dijo; manda eggs, que quieren que les diga). Y, asimismo, otro líder, Luis Alegre, secretario general de Podemos en la Comunidad de Madrid, otorgó indulgencias plenarias al ex ministro Ángel Gabilondo.

El castámetro lo deben tener averiado. O, a veces, se vuelve extremadamente laxo.

En Canarias, sin embargo, son mucho más exigentes. Casta debe ser todo lo que queda fuera del perímetro de Podemos y sus círculos. Así lo explican, sin sonrojarse, sus flamantes nuevos (¿nuevos?) dirigentes, verdaderas espadas flamígeras contra todos los que piensen distinto a la oficial línea ganadora en las Islas; incluso, a veces, se les va la mano y machacan sin piedad a sus propios compañeros y compañeras, los de corrientes minoritarias o no tanto (probablemente los de más profundas convicciones democráticas, los menos intolerantes, los más unitarios), desde un sectarismo reserva, envejecido en barrica desde los años setenta, tan bien retratado en La vida de Brian.

La yenka

Hay que tener una memoria muy pequeña y una cara dura de enormes dimensiones para atreverse a semejante ejercicio. Y lo hacen personas con décadas de liberación sindical en los viejunos sindicatos hoy tan denostados. Otras que, cual practicantes de la yenka, han ido saltando de lista electoral y de abajo firmantes, unas veces el PSOE, otras IU, otras abstención, otras una presunta plataforma unitaria de la izquierda, nuevamente el PSOE y hasta el infinito y mucho más.

Las hay también que han recorrido en los últimos años todas las siglas (a la izquierda y a la derecha) hasta descubrir la verdad verdadera o las posibilidades de acomodo político-institucional, que no es lo mismo pero es igual.

Conozco, asimismo, dirigentes de Podemos en el Archipiélago que abandonaron sus formaciones políticas originales (en algunos casos borradas de la personal biografía, queda mucho mejor hablar de un idílico y puro pasado de movimientos sociales y ONGs) no por razones ideológicas o disensiones programáticas, sino porque les parecía poco para sus méritos la dirección asignada en el Ejecutivo o el puesto en la lista al ayuntamiento o al cabildo.

Incluso colaboradores directos del personaje más siniestro de la política canaria de los últimos cuarenta años son hoy, asómbrense, anticasta.

Que con esas trayectorias llamen casta a otros resulta tan atrevido como inconcebible. Cualquier examen objetivo confirmaría que en Podemos hay igual o más casta que en el resto de los partidos. Y son, justamente, los que mandan en la organización. Por eso, junto a la ambigüedad ideológica y la necesidad de ocultar el proyecto social que tienen muchos de sus componentes, les conviene y mucho esconder quiénes están detrás de la organización, dirigiéndola entre bambalinas, y su verdadera trayectoria e historia, no tan inmaculada como pretenden hacer ver.

Aunque todo tiene solución: seguro que Luis Alegre o Jesús Montero les absuelven de la consideración de casta. O les exorcizan para expulsar de sus cuerpos los satánicos restos de su prolongado pasado político o sindical, restos que no son precisamente del 15M y sus aledaños sino de propuestas mucho menos amables.

———Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth 

https://www.youtube.com/watch?v=99I2TY_3cK8

Comentarios

Debo admitir que es el primer artículo suyo que leo, comencé en el periódico y he acabado aquí ne La Tiradera.

Estoy completamente de acuerdo con Ana Valdivieso, estamos en el siglo XXI en nuestros calendarios, quizás también en nuestra comunicación, pero hemos vuelto al feudalismo políticamente hablando.

Tenemos una política condicionada y orientada hacia el mercantilismo y su máquinaria, nuestro país no es más que una polea más del engranaje Europeo, del engranaje mundial, de esta máquina apestosa y poluta y si, quizás esto condicione nuestra psique, nuestra sociedad y nuestra política.

En el método de elección de representantes de PODEMOS, ha participado quien ha querido, de hecho en las votaciones para Canarias han participado algo menos de 7000 personas.
( http://autonomicas.podemos.info/resultados/?c_17 )

Ciertamente el método de votación ha sido excesivamente complejo y menos participativo a nivel de usuario (no era posible una evaluación comunitaria de los candidatos, compartir problemas conocidos etc…) lo que ha dado como resultado un proceso democrático pero completamente ignorante y no colectivo. ¡Vaya!, como cualquier elección de cualquier “gobierno democrático”.

Desde otro punto de vista, cualquiera de nosotros podría haberse presentado y ocupado ese lugar, sólo que ninguno de nosotros lo hizo y ahora analizamos / criticamos el proceso.

Personalmente no creo en este “Gobierno Democrático” de representantes, con un Rey que no vela por el pueblo, es como haberse levantado y comprobar que vives la pesadilla terrible de aquellos cuentos de infancia, donde la justicia y la paz reinaban, aquí sólo hay avaricia, Darwinismo Social en el más encarnizado nivel, Mientras nosotros babamos con sus mentiras y perdemos nuestro tiempo atendiéndoles, ellos sólo ven ese pastel que cambia de mano en mano, la opción de cambiar a todas las cámaras gestoras del empresariado público que se gestiona como privado, favorecer a alguna empresita mía o de un amigo para hacer tal o tal otro mausoleo, eso sí, siempre en nombre de El Pueblo

Ana Valdivielso dice:

Muy interesante su artículo que he leído con mucha atención. El análisis de la realidad me parece apropiado, sin embargo incompleto. Me asaltan algunas preguntas que no encuentran respuesta en su escrito. Algunas de ellas serían:
– ¿No es populismo lo que encierran la mayoría de los programas electorales de los partidos clásicos?
– ¿No se puede considerar que cambiar de partido indica una evolución del pensamiento propiciada por la experiencia de la vida?
– ¿No están las estructuras de los partidos clásicos anticuadas? ¿No necesitaríamos otras estructuras y nuevas formas de hacer la política en el siglo XXI?
Y por último, me habría gustado que diera los nombres de las personas de las que usted habla como no apropiadas para el cambio que creo que está por llegar.

Andrés Brito Martínez dice:

Esto es tirar la piedra y esconder la mano. Deben darse nombres para saber quien es quien y con quien contamos. ¿ Tiene algo que ocultar ? ¿ No quiere hacerse enemigos ?

Antonio Ruiz dice:

Si se trata de lapidar a la casta, a ver quién tira la primera piedra.

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