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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Podemos y la exclusiva de lo nuevo

Podemos irrumpió en las elecciones europeas de 2014 con una relevante fuerza que no detectaron los sondeos. Lo hizo apoyado en el descrédito de la política y las instituciones, así como en las injustas políticas frente a la crisis económica que han supuesto más desempleo, peores salarios y más pobreza. Lo lograron con un lenguaje sencillo y un mensaje capaz de aglutinar a sectores sociales muy variados. Y, también, con la ventaja del favorable tratamiento mediático que recibió de algunas cadenas televisivas. No fue casual que en la papeleta incluyeran la imagen de Pablo Iglesias.

En los meses siguientes no hizo más que crecer. Ofrecía frescura, caras nuevas y un discurso transversal que acababa con la dicotomia izquierda-derecha y apostaba por los de abajo frente a los de arriba, por lo nuevo frente a lo viejo, por la gente frente a la demoníaca casta. Y le funcionó, vaya que le funcionó.

Claro que en cada territorio creció de manera distinta. En unos con gente joven procedente del 15M o de distintos movimiento sociales. En otros, siendo fagocitado por personas u organizaciones vinculadas a la izquierda tradicional, muchas veces a la más dogmática y esclerótica.

El éxito se les subió a más de uno a la cabeza. Y comenzaron a despreciar al resto de formaciones progresistas. Todas eran casta o presentaban reminiscencias del régimen del 78. Y sus portavoces aseguraban que jamás pactarían con esas organizaciones.

A IU la destrozaron y están a punto de convertirla en un partido marginal en muchas comunidades, aunque hay que señalar que los de Lara/Garzón tienen muchas responsabilidades propias. Con las organizaciones nacionalistas lo han tenido más difícil; incluso en alguna comunidad han sido colonizados por alguna de ellas.

Centralizado

Durante el último año han vivido un período de construcción de un partido muy centralizado y jerárquico. Y, también, un proceso de revisión político-ideológica, moderándose y buscando la centralidad del tablero. Su primer encuentro con las urnas, en Andalucía, fue positivo, pero mucho menos de lo que esperaban, quedando terceros tras PSOE y PP.

Ahora, algunas encuestas los sitúan no solo por detrás de los dos grandes partidos de los últimos treinta años, sino también igualados con Ciudadanos. Un partido, el de Albert Rivera, que parece aún en fase de crecimiento electoral, por la constante sangría del PP, mientras que Podemos comienza a estancarse e incluso a retroceder.

Hace tiempo señalé que la irrupción de Ciudadanos no solo perjudicaba a UPyD y al PP, sin duda los más dañados por esta formación de derechas con un look más moderno. También, predije, afectaría a Podemos.

No hay que olvidar que los de Iglesias recibieron mucho voto conservador en las europeas, de gente desencantada que no contaba con referencias en su espacio ideológico. Y que, a la hora de la verdad, en unas elecciones que afectan más a su vida, huye de cualquier tipo de aventuras.

Telegenia

Y ahora ya tienen otras referencias. Ciudadanos muestra, como Podemos, un discurso que pretende ser transversal, ni de derechas ni de izquierda, aunque sus propuestas económicas lo desmientan. Cuenta, además, con un liderazgo centralizado en la figura de Rivera, joven, moderno y de indudable telegenia. Y recibe, como inicialmente le sucedió a Iglesias y los suyos, un gran impulso mediático.

Compiten directamente justo en uno de los ámbitos en que Podemos mejor se sentía: lo nuevo frente a lo viejo; y en donde ni IU ni UPyD, por trayectoria y liderazgos, pueden hacer frente a las nuevas marcas, lo que va a llevar a la minimización de la coalición de izquierdas y a la desaparición de los magenta. Una situación, la competencia en uno de sus espacios más propicios, que les debe hacer pensar que ojalá las elecciones fueran ayer.

El gran problema será cómo recoger velas cuando no se produzca el asalto al cielo de manera tan inmediata como Iglesias anunciaba, cuando estén en las instituciones en la oposición o cogobernando con otros, en la mayoría de los casos como socios minoritarios, sin que eso genere frustración ni irreversibles crisis internas.

—-Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

 

 

Comentarios

Chabela dice:

Enrique: tu comentario está certero, muy claro y con un análisis ante el que me saco el sombrero. Pero . . . me has hundido en la miseria. ¿Cómo salgo de esta depresión?. De Ciudadanos no espero nada, está claro lo que es, pero ¿Podemos?. La esperanza de algo nuevo, de un auténtico cambio, de renovación se diluye ¿Y qué nos queda? . Esta oscuridad que nos invade, tanta mentira, cada día una olla que se destapa (y aún quedan las de nuestra región), y las miradas de la gente queriendo ocultar su desasosiego mientras los pronósticos de quienes merecen confianza son desalentadores. Había un cómico, en Argentina, mi país de origen, que cuando la adversidad lo agobiaba decía “qué suerte tengo para la desgracia” y a continuación agregaba “¿ dónde me pongo?”, mis hijos que eran pequeños se desternillaban de risa. Enrique, yo como Pepe Biondi te pregunto: con esta suerte que hemos tenido para la desgracia “¿Donde nos ponemos?.

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