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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Nadie cree en las encuestas

Nadie cree en las encuestas. Sobre todo en las que perjudican al partido, partidos o corrientes ideológico-políticas por las que sentimos mayores predilecciones y simpatías. Ya se sabe, si no coinciden con lo que pensamos/deseamos es que al instituto demoscópico se le fue la mano en la cocina a favor de los pérfidos adversarios políticos.

Considero que es un grave error despreciarlas. Como entiendo que no es precisamente un acierto sacralizarlas. Apuntan tendencias, estados de opinión que no suponen la existencia de unas circunstancias inamovibles. Basta ver cómo se ha modificado el mapa electoral español desde los comicios europeos de mayo del pasado año a hoy.

Lo que reflejan los distintos sondeos estos días, al margen de alguna pequeña alegría (como los cambios que, según todas las encuestas, se van a producir en la Comunidad de Valencia) se parece muy poco a lo que desearía personalmente que ocurriera.

Preferiría, por supuesto, que en ayuntamientos, comunidades autónomas y Congreso de los Diputados tuvieran más presencia aquellas organizaciones que rechazan las políticas de recortes y austeridad y apuestan por sustituirlas por políticas de equidad que reviertan el actual, injusto e inmoral traspaso de renta de los más pobres a los más ricos.

Reforma fiscal 

Con la aplicación de una profunda reforma fiscal -para que paguen más los que más tienen- y persecución del fraude, elementos esenciales para posibilitar el mantenimiento de unos potentes servicios públicos y la aplicación de una renta básica para los que han perdido todo.

Pero repasando muy variados datos da la impresión de que, pese a su enorme retroceso, el PP puede resistir al mando de numerosos ayuntamientos y de algunas comunidades autónomas. Lo vemos en las encuestas de Madrid, donde, aunque no tendrán mayoría absoluta ni mucho menos, Cristina Cifuentes resiste y Esperanza Aguirre crece respecto a sondeos anteriores. Estos revelan un profundo conservadurismo y las consecuencias del desnorte, las pugnas internas y la división de las izquierdas.

Y la situación se repetirá en otros lugares. Con el PP solo, con mayoría absoluta (caso de Castilla y León), o con la colaboración de Ciudadanos, que comparte inspiración fiscal en la aznariana FAES y que propone más tazas de neoliberalismo, eso sí, con una presentación más acorde con los tiempos, con un diseño más novedoso, aunque el contenido, el brebaje, sea igual de intragable.

Estos días un alcalde del PP me señalaba, respecto a los datos de un reciente sondeo, que su grupo sacaría un determinado número de concejales, suficientes para gobernar, incluyendo sin disimulo en los mismos a los cuatro que la encuesta atribuía a los de Albert Rivera. “En el fondo, son de los nuestros”, me dijo.

Elevado riesgo

Por otra parte, entiendo que las formaciones alternativas muestren públicamente su voluntad de aumentar su peso electoral. Y que esto sea esencial para cerrar filas, para animar a los propios y para conseguir convencer y ganar apoyos.

Pero proclamar a los cuatro vientos victorias aquí y acullá, como si todo fuera a cambiar radicalmente  el 24M, me parece una operación de muy elevado riesgo y de escaso respeto, por el engaño, a los electores. Mayormente por la frustración que se puede generar esa misma noche, cuando se compruebe que se producen importantes avances, ojalá sea ese el escenario, pero que ni se toma el cielo ni este estará al alcance durante un largo e indeterminado período de tiempo.

Arrogarse, en todo caso, la representación genuina del pueblo, de la gente o de una nación, nacionalidad, país o región concreta, me parece otro desaguisado de enormes dimensiones. En el pueblo, la ciudadanía o la gente, como prefieran, hay personas que votan a la derecha y a la izquierda, a progresistas y a conservadores, a formaciones estatales o a nacionalistas. Ninguna organización política representa a un todo social, hecho que solo pueden lograr los totalitarios con las consecuencias ya conocidas.

Aterrizo en Canarias. Los sondeos apuntan tendencias que se repiten: retroceso espectacular del PP y mucho menor de CC, mantenimiento a la baja del PSOE y subida moderada de NC; esto respecto a los partidos con presencia actual en el Parlamento. Y a ello se suma la significativa irrupción, con parecidas cifras de escaños, de Podemos y Ciudadanos.

Dibujando un futuro Parlamento de Canarias mucho más variado y plural, con seis grupos parlamentarios, en el que, de momento, las fuerzas conservadoras parecen superar los 31 escaños que marcan la mayoría absoluta. Y en el que la izquierda avanza, pero de manera harto insuficiente.

Ese el juego en que andamos, como en el poema de Juan Gelman, aunque aquí no nos jugamos la muerte. Conocer cómo está la situación político-electoral, por cruda que resulte, no debe llevar al desánimo. Embellecerla en función de lo que se desea o piensa no creo que contribuya a nada. Salvo a estamparse, más temprano que tarde, contra el sólido muro de la tozuda realidad y generar una desmoralización aplastante.

——–Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

El juego en que andamos

Juan Gelman

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

 

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