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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Contra los pactos postelectorales

En estos días de recta final de campaña escucho a muchos aspirantes a presidentes autonómicos o alcaldes de los más variados municipios mostrar su rechazo a pactos tras las elecciones del próximo 24 de mayo. “Sólo formaré parte de un gobierno liderado por mi partido, si los votantes nos otorgan una suficiente mayoría”, afirman. “Los únicos pactos posibles se darán con quienes acepten íntegramente nuestro programa”, reiteran. “No pactaremos con ninguno de los dos grandes partidos”, aseguran. “Esperamos ganar las elecciones y si no, no pactaremos con nadie”, rematan.

Y, en muchos ocasiones, muy humildes ellos, lo dicen candidatos de grupos políticos que, con suerte, conseguirán dos o tres actas en la respectiva institución y que, en el mejor de los casos, podrán sostener (solos o en compañía de terceros) al grupo mayoritario.

Me parece un pésimo planteamiento. Supone situarse al margen de la sociedad y de las preferencias electorales. Todos los sondeos muestran instituciones muy fragmentadas con seis y hasta, en algunos casos, ocho o nueve fuerzas políticas; sin mayorías absolutas y con la necesidad de entendimiento entre dos, tres y hasta cuatro partidos para dar estabilidad al ayuntamiento o gobierno.

Coincidencias

Además, analizando los distintos programas y propuestas, existen coincidencias entre formaciones políticas, especialmente las que comparten cercanías ideológicas. En reformas fiscales, planteamientos medioambientales, preponderancia o no de los servicios públicos o compromiso con desempleados, pobres y/o desahuciados. Cierto es que, también, hay planteamientos antagónicos en estos y otros asuntos.

¿Es imposible establecer un programa de mínimos en común para tratar de mejorar la vida de la gente? ¿Se encuentran tan convencidos de que solo caben sus particulares propuestas, su visión del mundo? ¿No es más razonable un gobierno municipal o autonómico que se sustente en el 60% o 70% del cuerpo electoral y no en el 30%?

Y, en el caso de las muy plurales y divididas izquierdas, ¿ese purismo supondrá, por inhibición una vez constituidos parlamentos y corporaciones locales, dar argumentada vía libre a la constitución de gobiernos de derechas?

Juventud

Otro asunto curioso es el de la juventud como valor prioritario. No quitaré valor a la gente joven que se mete en política con conocimiento, formación y convicciones; más aún en tiempos de notable desprestigio de la política, los políticos y la instituciones. Es imprescindible esa incorporación de las jóvenes generaciones a la actividad política e institucional. Defiendo, asimismo, rebajar la edad con derecho a votar a los 16 años.

Pero afirmar, como hace Albert Rivera, que solo pueden cambiar las cosas los menores de 40 es, perdonen, una chorrada mayúscula.

Como he señalado en otras ocasiones se ha puesto de moda rejuvenecer la política y considerar amortizados a dirigentes de 50 o 60 años.

Mientras que Hillary Clinton será, si es elegida en las primarias demócratas, candidata a la Presidencia de Estados Unidos con 68 años; Nicolás Sarkozy puede volver a aspirar a la Presidencia de la República Francesa con 62; y José Mujica fue presidente de Uruguay con setenta y largos y dejó la Presidencia dos meses antes de cumplir los 80; y ha sido sustituido por Tavaré Vázquez, que inicia su segunda Presidencia con 75 y que acabará su actual mandato con 80 cumplidos.

Las referidas declaraciones de Rivera hicieron que el periodista Iñaki Gabilondo afirmara que al líder de Ciudadanos le falta todavía un hervor. No anda desencaminado –por esta y otras intervenciones-, aunque escuchando las declaraciones de algunos de los candidatos y candidatas renovados/renovadores, de los nuevos y de los viejos partidos, en España y en Canarias, elegidos en primarias o no, creo que se confirma que a muchos les faltan no uno sino varios hervores.

——-Puede seguirme en Twitter: @EnriqueBeth

 

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