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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Francisco y las esperanzas de Cuba

Los cubanos siguen recordando aquella frase de Juan Pablo II “Que Cuba se abra al mundo con todas sus magníficas posibilidades, y que el mundo se abra a Cuba”, pronunciada en su visita a la isla caribeña en 1998, en la que mantuvo trascendentes encuentros con Fidel Castro. Han pasado diecisiete años y el período más reciente ha venido marcado por el deshielo entre Estados Unidos y Cuba, enemigos íntimos durante casi seis décadas, y por la apertura que ha impulsado Raúl Castro tras sustituir a su hermano Fidel al frente del Estado, dando facilidades para que la gente pueda salir del país y posibilitando, asimismo, el desarrollo de distintas actividades privadas.

La visita de Benedicto XVI, en marzo de 2012, dejó menos huella, aunque sí permitió al Papa comprobar los avances en materia de libertad religiosa y el fervor de muchos hombres y mujeres cubanos. Ratzinger abogó entonces por la reconciliación nacional y por la construcción “de una sociedad abierta y renovada, una sociedad mejor, más digna del hombre, que refleje más la bondad de dios”.

Y ahora han recibido a un Papa distinto que, en cierto modo, ha revolucionado a la Iglesia Católica. Latinoamericano y, por tanto, profundo conocedor de la situación de Cuba y del papel que esta ha jugado en la izquierda del continente como referencia de soberanía nacional frente al todopoderoso imperio del norte. Progresista, frente al conservadurismo de sus antecesores. Con una enorme preocupación social y medioambiental, y con una actitud más abierta y flexible ante los retos de la Iglesia del Siglo XXI.

Francisco ha estado en una Cuba que vuelve a ser atracción mundial por las expectativas de cambio que se abren en la isla. Visité La Habana, Santiago y otras ciudades del interior de mitad de agosto al reciente 7 de septiembre. () Ya lo había hecho en 1992, en pleno período especial (absolutas penurias, apagones continuos y completo desabastecimiento) y en 2003, con un panorama menos devastador.

Vida cotidiana

Las cosas, lentamente, empiezan a cambiar. Los supermercados ofrecen cada vez mayor número de productos, aunque los precios son muy elevados para los salarios cubanos; la vida cotidiana sigue dependiendo de La Libreta, que garantiza los productos alimenticios básicos y que, además, tiene en cuenta de manera diferenciada las necesidades de los menores, de las embarazadas o de las personas que padecen enfermedades.

La actividad económica privada crece y se consolida. Es el caso de los paladares, restaurantes que no están en manos del Estado sino en las de propietarios privados; aumentan en número y en calidad y desde la administración estatal se ofrecen todas las facilidades para que se pongan en marcha.

Pero también ocurre en el caso del floreciente negocio del alquiler de casas, que permite a los visitantes una alternativa a los hoteles (más barata y más cercana a la realidad cubana) y a los propietarios una sustanciosa renta añadida que mejora, y mucho, su calidad de vida. Y que está estimulando la rehabilitación de viviendas con ese fin.

Sanidad

El dogma de la exclusividad económica del Estado parece resquebrajarse y los ciudadanos y las ciudadanas sí que parecen tener claro que hay sectores intocables, como la Educación y la Sanidad. Sectores estos últimos en los que Cuba se sitúa muy por encima de las naciones de su entorno socioeconómico y que le permite, por ejemplo, exportar médicos y que estos reporten muchos beneficios a las arcas públicas.

La población apoya el aperturismo de Raúl y pide más audacia para impulsar la economía y mejorar el acceso a bienes de consumo, así como la mejora de los salarios y las exiguas pensiones de jubilación. Pero es mucho más cauta en relación con los cambios políticos. La gente que decide irse lo hace, casi exclusivamente, por motivos económicos. Y los que continúan y continuarán en la isla exigen fundamentalmente transformaciones en este ámbito que acaben con las carencias materiales.

La oposición política es casi inexistente y despierta más recelos que simpatías entre la población. Incluso de los muchos críticos al Gobierno actual y sus decisiones. Y todavía no se ha disipado la desconfianza hacia Estados Unidos y sus gobernantes; el fracasado bloqueo no sirvió para descabalgar a Castro, pero hizo mucho daño al conjunto de los cubanos y, en contra de la intención estadounidense, sirvió como aglutinante frente al enemigo exterior y fortaleció al Gobierno cubano.

El desarrollo turístico es uno de los pilares en los que se deberá sustentar el crecimiento económico una vez se selle la paz con EEUU. Actualmente están en torno a los tres millones de visitantes, cifra que esperan duplicar en pocos años. Pero esto va a obligar a importantes inversiones en una red de hoteles y restaurantes, mayoritariamente pública, obsoleta; y a una paralela tarea en el área de formación laboral en el sector.

En esa Cuba, con cambios económicos en marcha y con cambios políticos que de momento son solo un futurible, estuvo el Papa Francisco entre el 19 y el 22 de septiembre. Y los cubanos lo han despedido con la esperanza de que, culminando la brecha abierta en 1998, el mundo se siga abriendo a Cuba y Cuba siga abriéndose al mundo. Confiando en que Francisco contribuya, asimismo, al fin del prolongado, brutal e injusto bloqueo y a la devolución de la base de Guantánamo, como señalaba recientemente el teólogo de la liberación Frei Betto.

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