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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Cataluña, bloqueo y oportunidad

Nunca creí que, fuera el que fuera el resultado de las elecciones del 27S, nos encontraríamos ante la solución de la cuestión catalana. Y, resuelto el enigma de las urnas, me sigue pareciendo que estamos ante un panorama muy complicado a cuya superación no ayudan muchos de los actores del actual tablero político, especialmente el inmovilismo del Gobierno del PP.

En mi opinión, algunas de las conclusiones de la jornada electoral, junto a la elevada participación y civismo, son las siguientes:

  • El independentismo gana claramente, cuando se ha presentado sin careta alguna con un programa y un mensaje claramente rupturistas. Tiene mayoría absoluta en escaños, aunque existen grandes diferencias políticas entre JXS y la CUP.
  • Constituyen la única posibilidad de gobierno –pese a los deseos forzados de algunos tertulianos de TVE en la noche electoral de configurar un ejecutivo anti independentista-, no sólo por pura matemática, sino porque es difícil un gobierno alternativo en el que compartieran carteras peperos y podemitas.
  • Pero las dos organizaciones independentistas no superan conjuntamente el 50% de los votos que se habían planteado como barrera para legitimar una declaración unilateral de independencia. Era un objetivo muy complicado de alcanzar y, además, seguiría siendo discutible tomar tan drásticas decisiones con tan exiguo margen y como resultado de unas elecciones, no de un referéndum.
  • Los partidarios de mantener el actual statu quo, el presente modelo autonómico y el estatut vigente, Cs y PP, no llegan al 27% de los sufragios. Mientras que otro 22% queda en manos de los que aspiran a una Cataluña dentro de un Estado federal, el PSC, y de un más ambiguo CSQP al que no ayudó mucho su calculada indefinición.
  • El independentismo ha triplicado su peso en Cataluña en menos de una década. Por movimientos y cambios internos, sin duda. Pero también con la eficaz ayuda de los que llevaron al Tribunal Constitucional y cercenaron un Estatut aprobado por el Congreso de los Diputados, por el 75% del Parlament y ratificado en referéndum por los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña.
  • Ciudadanos es el gran vencedor en las filas unionistas. Pasa de 9 a 25 escaños, a costa de un declinante PP y también, aunque menos, del PSOE. Duplica ampliamente a su contrincante en la derecha y será el principal polo de una dispersa oposición. Pero sus resultados no son trasladables al conjunto del Estado, donde es más débil y su rival conservador mucho más fuerte.
  • El PP sufre un varapalo mayúsculo. Se la jugaron con un candidato radical y de tintes xenófobos y racistas y han perdido ocho escaños y cedido ante Cs. El partido que gobierna en España solo tiene un 8% de los votos en Cataluña.
  • El PSC, pese a retroceder, salva los muebles. Mantiene la tercera plaza y, sobre todo, le gana claramente a la marca con la que concurrió Podemos a estas autonómicas. Un cambio en el Gobierno estatal, si Sánchez llega a La Moncloa, le daría un papel relevante en un hipotético proceso de negociación entre Cataluña y el Estado, dentro de la imprescindible reforma de la Constitución.
  • CSQP no logra su objetivo de superar al PSC. Queda incluso por debajo de los resultados que logró ICV en solitario en 2012 y constituye un fracaso para los de Iglesias que veían a ese sorpasso como lanzadera ante las próximas generales. La ambigüedad parece que ya empieza a no ser tan atractiva entre el electorado. Cuando Pablo Iglesias afirma que su mayor error “ha sido apostar por la responsabilidad” es escasamente autocrítico y regaña al “irresponsable” electorado.
  • Como sucede en casi todas las noches electorales, hay demasiados ganadores; y los perdedores se consuelan con los datos aún más negativos de otros. Más allá de las interpretaciones, para todos los gustos, la realidad es que hay una Cataluña mayoritariamente disconforme con su actual encaje en España (entre independentistas y federalistas de diverso cuño suponen más del 70% del electorado) y el inmovilismo del PP solo puede conseguir que se incrementen esas cifras.
  • No cabe esperar nada (bueno) del actual Gobierno del PP en sus relaciones con Cataluña. Y revisando las encuestas de intención de voto para unas generales, no está nada claro que sea posible una victoria de una fórmula progresista ni que esta tenga el suficiente apoyo parlamentario para afrontar cambios constitucionales y, entre ellos, modificaciones en el modelo territorial. Que precisa Cataluña, sin duda, pero también comunidades como Canarias. De momento, el bloqueo gana a las oportunidades.

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