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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Clavijo y el ‘buen rollito’

 

El presidente canario, Fernando Clavijo, llegó al puesto abanderando el ‘buen rollito’. Algunos, periodistos y periodistas incluidas, se lo creyeron a pies juntillas. Otros, gentes de poca fe, albergábamos nuestras serias dudas. El que esto escribe, especialmente, por su desprecio en la campaña electoral autonómica a la Ley Canaria de Educación (de iniciativa ciudadana): en una entrevista me respondió contundentemente que “las leyes estaban para cumplirlas o para cambiarlas”; y que esta pensaba modificarla para evitar cumplir sus exigencias de crecimiento de la inversión educativa respecto al PIB. De momento no la ha cambiado y, eso sí, la ha incumplido en los Presupuestos para 2016.

Al margen de entender que en su responsabilidad no basta con exhibir buenos modales sino con defender propuestas que acaben con la elevada pobreza y la enorme desigualdad social que padece esta tierra. Con sonrisitas no se mitiga el dolor del 28,56% de parados, de los desempleados que ya no tienen prestación o del tercio de la población en riesgo de pobreza.

Alguna de sus ideas pasarán a la historia como desgraciadas ocurrencias. Entre otras, su genialidad de distribuir los recursos del desaparecido IGTE sobre la base de la triple paridad. Es decir, no dando respuestas a los problemas de las personas, a la atención a la dependencia o a las necesidades de los servicios públicos, sino repartiendo los recursos por territorios, al margen de la población, el paro o la pobreza.

Aislamiento

Una propuesta que logró el aplauso de seis de los siete cabildos insulares, incapaces de rechazar caramelo tan dulce como mal e injustamente repartido. Pero que poco a poco ha ido dejando aislado al presidente Clavijo. Se oponen a la misma la Federación Canaria de Municipios (FECAM), la mayoría de las fuerzas parlamentarias –PP, Podemos, Nueva Canarias y hasta su socio PSOE-, a excepción de su insularista partido y de la ASG de Curbelo, y la rechazan hasta los alcaldes tinerfeños, en los que hay una nutrida representación de su fuerza política.

Ahora, junto a su vacío argumental, Clavijo saca a relucir su ‘mal rollito’. Comparar las declaraciones del presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales -que no ha hecho otra cosa que pedir un reparto justo del IGTE, que combine población y problemas sociales, además de reconocer las dificultades de la doble insularidad- con la manipulación de las masas del dirigente nazi Goebbels, es impropio e indigno de quien ostenta la máxima representatividad de los canarios.

Doblemente grave su comparación.

Por desatinada e injusta.

Pero, además, por proceder de alguien, como Clavijo, que siendo alcalde de La Laguna, muchos meses antes de acceder a la Presidencia del Gobierno de Canarias, fue clave en la designación del presidente del Consejo Rector de la RTVC, que, en teoría, como la elección del conjunto de sus integrantes, es tarea que correspondía y corresponde en exclusiva al Parlamento, sin injerencias externas.

Algo que en ningún caso debía manipular, sí, manipular, un señor que en esas fechas no era ni siquiera diputado. Y vaya que lo hizo.

Este escandaloso asunto, el de la tele autonómica, junto al mantenimiento del sistema electoral más injusto y desproporcionada de España y Europa, y los intentos de convertirlo, encima, en modélico sistema para repartir recursos públicos, confirman, una vez más, que la calidad de la vida democrática de Canarias sigue estando bajo mínimos.

—-Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

Comentarios

seben dice:

Mi abuela, que se lo ha encontrado varias veces en los mítines del hogar del pensionista y hasta se ha tomado unos vasos de Fanta con él, dice que Fernando Clavijo tiene cara de pocas luces. Nadie le ha escuchado una idea original que dé a entender que piensa por sí mismo, y, dada la edad que tiene, dudo que la vayamos a escuchar. Aunque desde que se le vio presidenciable le ha brotado una cohorte de adulones, bien visibles en el periodismo local, practicantes del lameculismo más rastrero, que presuponiéndole “astucia”, y, los más atrevidos, hasta “inteligencia”, tratan de perfilarlo como un estratega.
Clavijo, más recalcitrante que un testigo de Jehová, defiende un insularismo a la vieja usanza, que fue independentismo en su mejor momento, manifestado además públicamente. Y ya sabemos lo que piensa ese viejo insularismo de Gran Canaria: un secarral que no da votos.
El rotundo abrazo a Zerolo al saberse su imputación, o el silenciamiento marcial de las voces que pedían su dimisión como senador al abrirse juicio oral, manifestando que Zerolo era “innegociable”, son claro ejemplo del andar de esta perrita. En esos momentos tan delicados para Coalición, en que caía el gran factótum de la recaudación, y al que todos debían favores, hubo ruido de sables en Santa Cruz: había que cortar los vínculos con España para crear una “justicia propia”.
Siendo aún presidenciable, su asesor de imagen le aconsejó mantener el flequillo aniñado y la sonrisa de monaguillo en gracia de Dios. Además, le venía bien empezar a usar mochila. Y la usó. Así se presentó en los Juzgados de La Laguna cuando el juicio por su imputación, cargando una intrigante mochila negra. A lo mejor llevaba el chándal del gimnasio, pero hizo creer a todo el mundo que allí ocultaba algo importante con lo que nos iba a sorprender y que le exculparía de todos los cargos. Y ya lo creo que nos sorprendió: por arte de magia desaparecieron varios tomos de la investigación. Aguas truculentas bajaban por el Barranco de la Carnicería.
(Aunque en temas de asesoramiento de imagen el que sufrió fue Carlos Alonso, al que obligaron a quitarse la corbata. Parece que el hombre estuvo indispuesto varios días, aunque al final puso como condición mantener las camisas de cuello alto y los ojos azules, que una cosa es venir de Bruselas a presidir el cabildo del abuelo y otra ser confundido con el populacho bereber).
Yo de Clavijo, la verdad, no espero nada. Creo que es un hombre de paja trabajando al servicio de Ana Oramas, y es bien sabido que los Oramas siempre tuvieron servicio. Y como Clavijo trabajó en Leroy, seguro que se encarga del mantenimiento. En fin, que anda el gallinero alborotado, amigo Enrique. Ahora que Paulino está tranquilo trabajando en la construcción (de su casa), viene Clavijo y nos mete en la 2ª Guerra Mundial citando torpemente a Goebbels. Menuda fantasmada. Anda crecido haciendo de buscarruidos. Ya se sabe que la ignorancia provoca chulería y rebaja la retórica a lo ramplón. Poquito decencia, puñeta.

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