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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Y en el medio, el pueblo

Tras los resultados electorales del 20 de diciembre ha surgido un período de calculada ambigüedad. Los partidos descargan en las otras formaciones la responsabilidad de que sea factible lograr un Gobierno estable. Sus dirigentes analizan qué ganan y qué pierden en un posible Ejecutivo o en su instalación en la muy leal oposición. O van más lejos y piensan, sin rodeos, qué beneficios les traería una nueva convocatoria de elecciones.

Y en el medio, el pueblo. El que sufre las listas de espera sanitarias, la falta de becas, el desempleo, los trabajos precarios y las bajas pensiones.

La vieja derecha del PP lo tiene claro. Quiere gobernar y, si no es posible hacerlo en solitario, no se cierra a otras combinaciones con el PSOE o Ciudadanos. Aunque, de momento, no ofrezca nada concreto, cambio alguno, que justifique apoyos o abstenciones que le puedan garantizar la investidura a Rajoy.

Rivera

La otra derecha, más moderna y mediática, la de Albert Rivera, conocedora de lo que puede sucederle, huye como gato escaldado de las procelosas aguas de unas nuevas elecciones y exige al PSOE que se implique. Lo que ayer era impresentable, hacer a Mariano Rajoy presidente, hoy aparece como conveniente. Visión de Estado, le llaman.

El PSOE vive entre contradicciones y en medio de una enorme carajera interna. El alma progresista que iluminó acuerdos con fuerzas de izquierda en comunidades y ayuntamientos intenta resistir ante los sectores más conservadores que, más o menos abiertamente, prefieren que gobierne el PP mientras afilan sus cuchillos contra Pedro Sánchez como si ellos no tuvieran nada que ver con el retroceso en las urnas. Por recordar, sin más, en Andalucía bajó un 12% el 20D.

Podemos también hace singulares equilibrios entre la primacía de las urgencias sociales y los compromisos establecidos con las organizaciones coaligadas que ponen en un primer plano político la consecución del derecho a decidir (*). Y, tras fracasar en su primer intento de sorpasso en diciembre, sus dirigentes ven en unos nuevos comicios una oportunidad única para superar/sustituir al PSOE como referente mayoritario de la izquierda.

Y en el medio, el pueblo. El que padece paro sin prestaciones, dolorosos desahucios o infravivienda. El que coge la maleta para intentar alcanzar en otros lugares lo que aquí no se le ofrece.

Espacio

De repetirse en los próximos meses las elecciones generales el PP, a mi juicio, recuperaría unos 20-25 diputados, a costa especialmente de Ciudadanos y del beneficio en escaños que da ser primera fuerza y ahondar el espacio con la segunda; el PSOE reduciría sus 89-90 hasta 75-80 y Podemos y sus aliados podrían situarse en similares o superiores cifras a las que obtengan los socialistas.  Por tanto, el PP tendría muchas más facilidades para establecer un Ejecutivo para los próximos cuatro años.

Es decir, un escenario en el que la reforma laboral permanecerá intacta, la LOMCE continuará implantándose, los recortes en los servicios públicos no se revertirán y la televisión pública continuará siendo un ministerio de propaganda gubernamental. Y en el que las reformas electorales o constitucionales tendrán que esperar por mejores tiempos.

Da la impresión de que la inmensa mayoría de los partidos, viejos y nuevos, nuevos y viejos, siguen actuando preferentemente en claves internas. Buscando, según las circunstancias de cada uno, cómo mantenerse en el poder, cómo resistir el retroceso o cómo crecer a costa de lo que sea.

Pensando en su particular beneficio más, mucho más, que en el interés colectivo.

Y en el medio, el pueblo.

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(*) Defiendo el derecho a decidir y que, de forma pactada y reglada, Cataluña pueda expresarse en las urnas sobre su destino. Soy parte de ese casi 9% de españoles que así lo plantean, según señalan los barómetros del CIS. Una posición claramente minoritaria (solo con amplios apoyos en Cataluña y, en menor medida, en el País Vasco) que exigiría mucha pedagogía para ser respaldada por una parte más significativa de los ciudadanos y las ciudadanas. Salvo, salvo, que lo que piense la gente nos importe un bledo.

¿Y si en lugar de líneas rojas ponemos medidas sociales y decisiones poliéticas?

———-Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

Comentarios

Antonio dice:

Muy buen artículo, aquí se puede ver lo que por desgracia será la realidad, que terminará siendo de algún modo que el PP va a volver al poder. Por un tiempo pensé que aún había esperanza de que el PP no gobernara por el hecho de que los votos estaban muy fragmentados por el gran número de partidos políticos pero parece que al final va a ocurrir lo que más temía: un puto partido de la ultraderecha franquista (PP) jodiendonos otros cuatro años. El horrible destino que nos espera, si lo tuvieramos.

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