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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Refundación/Resignación del nacionalismo canario

Observo en el último mes distintas reflexiones sobre la situación del nacionalismo canario o, al menos, de parte de él. Artículos de opinión, entrevistas en prensa o declaraciones radiofónicas sobre la crisis del nacionalismo y la necesidad o no de su refundación.

Muchas de esas reflexiones abiertas tienen su origen en una lectura de los resultados de CC en las recientes elecciones generales, que confirman el retroceso significativo de los pasados comicios autonómicos. Y, consecuentemente, en la búsqueda de salidas que, al menos, corten la hemorragia en votos que padece.

El primer problema es justamente que se aborde el asunto solo por razones electorales, por legítimas que sean. Algo está ocurriendo en las Islas cuando el sentimiento nacionalista ha retrocedido entre los años 2001 y 2015 unos quince puntos; bajando en seis puntos porcentuales los que se consideran solo canarios y reduciéndose en nueve los que afirman ser más canarios que españoles.

Habría que analizar muy finamente si lo uno alimenta a lo otro y viceversa. Es decir si la disminución del nacionalismo como sentimiento retrae las expectativas electorales. O si las prácticas políticas también han hecho rebajar el sentimiento nacional canario.

No se trata solo de agitar banderas y erigirse en “la voz de”, sino de dar respuesta a los graves problemas de la gente en una comunidad con el 28% de paro y altos niveles de pobreza.

Rejuvenecer

Las recetas simples, tan de moda en estos tiempos, de regenerar por la vía del cambio de caras y el rejuvenecimiento no parece que funcionen. Las autonómicas son una muestra de ello. CC presentó un candidato joven, sin experiencia parlamentaria ni en la política más allá del ayuntamiento de La Laguna, y a la vista están los resultados. En el Cabildo de Tenerife sucedió exactamente lo mismo, con un significativo retroceso pese a la juventud del cabeza de lista.

La reiteración de datos electorales catastróficos en la propia Aguere (desde las europeas a las recientes generales, pasando por las municipales), en la que sus últimos alcaldes han sido Ana Oramas y Fernando Clavijo, debiera dar que pensar.

Y no solo es La Laguna. Los resultados de aquellos comicios y los más recientes del 20D confirman, además, fuertes pérdidas de votos en territorios donde antes eran hegemónicos en las locales y en los que resistían dignamente en las generales.

El nacionalismo tiene dos grandes representantes en Canarias: CC y NC. La primera apenas existe en Gran Canaria y la segunda tampoco en Tenerife. CC redujo su peso en las autonómicas del 2015 en más de 57.000 sufragios respecto a 2011, perdiendo el 26% de las papeletas. Mientras, NC subió en 11.486 votos (un crecimiento del 13,98%) y logró entrar en territorios en los que no tenia representación, caso de La Gomera y El Hierro. El conjunto del espacio nacionalista perdió, por tanto, unas 45.000 papeletas.

Luego está SSP, con un componente nacionalista o canarista muy fuerte en una parte significativa de la organización, pero que se encuentra limitada por su singular fusión con Podemos. Y en el espacio independentista, el desierto de siempre.

Autonomista

¿Qué nacionalismo se precisa en Canarias? Considero que debe ser un nacionalismo urbano, moderno, acogedor, social, medioambiental, democratizador, participativo, impulsor de la igualdad, europeísta, abierto al mundo, mestizo y autonomista radical.

Por eso no valen los maquillajes, las presuntas refundaciones o las promesas de escuchar más a la gente, cuando se sigue percibiendo en CC una organización puesta al servicio de los más poderosos, de los grandes empresarios, de los especuladores. Una minoría, por cierto, de la sociedad canaria, una de las más injustas, de las más desiguales, de las que peor redistribuyen la riqueza.

Cuando se aferran a una desproporcionada y poco democrática ley electoral. Cuando aparecen detrás de todos los proyectos de riesgo para el territorio y el medio natural. Cuando sus políticas sociales le asemejan a una especie de PP autóctono con timple y cachorro; y cuando su forzado ruralismo le aleja de la sociedad canaria de hoy y, especialmente, de los jóvenes.

Cuando mal utilizan una televisión autonómica, priorizando lo banal y mediocre, así como el puro control informativo a favor de sus intereses de partido y gobierno. Cuando no creen en las posibilidades transformadoras del sistema educativo.

Cuando se hace todo eso me temo que se va directo, sin atajos, hacia otra sangría en 2019 (o antes, si tenemos de nuevo convocatoria de elecciones generales). Y que en vez de refundación nacionalista estamos asistiendo a una profunda resignación, sostenida en el mantenimiento, mientras se pueda, en el Gobierno. 

———-Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

Como a Bebe, desilusión a raudales…

https://www.youtube.com/watch?v=q0rxzrfSMXk

 

 

Comentarios

Melchor Núñez dice:

Entre los calificativos que asignas al nacionalismo, dices “urbano”. Si te refieres a urbanidad, de acuerdo. Pero un poco más de ruralidad tampoco le vendría mal. Fuera de bromas, sería aún más expeditivo: falta una concepción clara del papel de esa Canarias radicalmente autónoma dentro de una Españade democrática, en un mundo más globalizado y multipolar. Y menos personalismos y “partidismos” estrechos. Peto soy más bien escéptico.

seben dice:

Carne cochino y regeneración de la cosa.
Ahhh, dónde quedaron aquellos días de ebriedad y esplendor, ahítos de poder, exhibiendo la fuerza de su codicioso nacionalismo inmobiliario, paseando por amplias avenidas y auditorios dedicados a sí mismos, con un blasón de alcalde, de concejal, de diputado, recogiendo el adulamiento de los suyos, inmortales como chiquillos, perico y champán con chicharros fritos, y el pubis de lujo de alguna muchacha balcánica saliendo de una gigantesca tarta de cumpleaños.
Mientras, las bases cejijuntas tomaban las medianías en su ritual de carne cochino. Bodegas en cuevas y cuartos de aperos de cuatro habitaciones, tinto pirriaca inspirando isas y folías, y el cuñado echando a las brasas la carne en adobo. No hay mejor signo de identidad que la carne cochino; la patria es un chiquero y el corazón, visceral, un enredo de chistorras. Y entre las piernas, la morcilla procreadora de pequeños nacionalistas que venían al mundo vestiditos de mago, traídos por cigüeñas que los depositaban en carrozas de romerías.
Y el himno, ah, el himno, un arrorró con el que seguir roncando en largas digestiones flatulentas, mientras la carne obra el milagro de la sangre canaria, densa y patrióticamente aplatanada.
Oh, vanitas, que cegaste sus ojos a la emboscada que aguardaba en el camino: un oscuro fiscal con la guadaña en la mano.
Y ahora el naufragio, un montón de deshechos flotando en un mar de mierda, en el que se forman ya violentos remolinos, la succión que les arrastra al sumidero de la historia.
Quisieron cambiar el rumbo con un joven fecundo, monaguillo virginal, mochila de coleguita aspiraciones a presidente; y quedó embarazado de éxito nada más ponerse a ello porque hacía su Edipo con una poderosa dama de la nobleza lagunera (“ayyy, estoy tan orgullosa por lo bien que lo está haciendo…”, suspiró la dama ante el “periodista” del Botox). Y se fotografiaron a las puertas del Juzgado, allí donde se encuentran el amor y el delito, para celebrar su Primera Imputación recibiendo una hostia sagrada. Y, aún así, la dama se esforzó, llevó una vez más las siglas de Coalición al tinte, y el estandarte, y como buena artista populista y madre de los afligidos acudió al hogar del pensionista, montó la tómbola del partido y vendió boletos de chochonas desvaídas, buscando el voto del deterioro y la incontinencia urinaria; pero el recuento sentenció que Coalición Canaria estaba irremediablemente desteñida.
Desde el 20 de noviembre las campanas de la Catedral de La Laguna tocan a duelo. Los coalicioneros municipales se pasan el día en la azotea echando millo a las palomas y soplando un bucio melancólico que no tiene respuesta. Las huestes han huido. En la valla de su mejor metáfora, el mamotreto, dejaron un cartel: cerrado por derribo.

sergio dice:

Algo esta pasando?las islas son autosuficientes,y aun asi se les da subenciones a los mas grandes empresarios para q traigan todo de fuera,impulsan la creacion de fabricas de cigarros y alcohol,lejia,desalinadoras y reforman hoteles.Pero tambien se puede impulsar una fabrica de coches o motos en vez de un circuito,una congeladora de nuestro pescado,de nuestra carne y promover nuestras papas y hortalizas,no traerlas todas de marruecos.De nacionalismo no tiene ni el nombre un partido q no sabe vender sus productos pero si sabe comprar fuera muchas gangas,dejaos de trenes y carreteras y montad industria autosuficientes y sin perjuicio medioambiental para poder competir con las marcas de fuera en el exterior,si convertis a las islas en dependientes de todo el mercado exterior jamas creceremos.Es q ni siquiera sabeis sacarle el partido al turismo q prefiere las islas porq el resto del mundo esta en guerra.

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