Gobierno de lo posible o imposible Gobierno

El socialista Pedro Sánchez tiene en estos momentos una tarea muy difícil: sacar adelante un Gobierno de progreso que ponga fin a cuatro años de políticas de austeridad, de políticas de recorte de lo público, de políticas anti personas. Su gesto de aceptar el reto muestra su audacia y sus convicciones. Pero éstas no bastan a la hora de superar el duro camino para tratar de llegar a La Moncloa.

Encontrará obstáculos dentro de su propio y veterano partido, donde los sectores más conservadores, con mando o no en las comunidades autónomas, ya han manifestado sus preferencias de un entendimiento, por acción u omisión, con el PP. Su gran aliado en este ámbito pueden ser las bases socialistas.

Y, también, no será un camino de rosas su relación con su posible y principal socio a la izquierda, Pablo Iglesias, que ha mostrado numerosos desplantes en las semanas previas, desde escenificar mediáticamente la composición de buena parte del futuro Ejecutivo a ataques directos o falta de consideración al candidato socialista.

La negociación y el posible acuerdo van a suponer costes para las dos formaciones que se reclaman del espacio progresista. La aproximación entre ambas no la entenderán ni defenderán los sectores más conservadores del PSOE, militantes o votantes. Pero tampoco los más radicales en las filas de Podemos.

El programa que pueda articularse no será, no puede ser, el de máximos de ninguna de las organizaciones. Y tendrá que ser hilado con prudencia y finamente para dar satisfacción, no a los intereses partidarios y/o electorales, sino a las acuciantes necesidades de la sociedad en materia de lucha contra el paro, superación de los actuales abismos sociales, prestaciones sociales o pensiones.

Revolucionario/reformista

Y no será un programa revolucionario, sino reformista. Pero puede ser un programa de reformas que apueste por el empleo y contra la pobreza. Que cambie nuestra injusta fiscalidad, que beneficia a los que más tienen. Que trate de recuperar lo perdido por los servicios públicos en estos años de profundos recortes. Que transparente la acción institucional y luche denodadamente contra la corrupción. Que avance hacia un sistema electoral más proporcional que el actual.

Estas tres próximas semanas seremos testigos de un proceso muy novedoso en el Estado español, que exige a la izquierda altura de miras y generosidad. Un proceso de diálogo y negociación que nos llevará a un Gobierno de lo posible o a la frustración colectiva de un Gobierno imposible que abra las puertas a nuevas elecciones; y a la continuidad de la derecha, of course.

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Vamos a andar, Silvio Rodríguez

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