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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Un país de derechas

 

“La falta de acuerdo entre las izquierdas abre las puertas a una etapa de más políticas conservadoras, de recortes y pérdida de derechos”. Es un tuit que lancé el pasado 8 de abril, decepcionante viernes político. La ruptura exprés –no pasó de las tres horas de presunto diálogo- de la mesa de negociaciones entre Ciudadanos, Podemos y PSOE no augura precisamente mejores tiempos para la lírica. Más bien todo lo contrario.

Poco después, abiertamente o en DM, en respuesta al tuit algunas personas me hicieron llegar sus dudas sobre el carácter de izquierdas del PSOE; alguno de ellos, de manera muy rotunda, al colocar a los socialistas, sin matices, en el bando de la derecha.

Es posible que sea así. Lo que llevaría a algunas reflexiones, preguntas e imprescindibles explicaciones.

¿Qué interés había, entonces, en pactar con un partido de derechas? ¿Para transformarlo?

¿O solo se planteó por ser los menos malos, los más moderados, de las tres grandes derechas españolas?

Y en el lado contrario, ¿por qué ese empeño en que, por pasiva o por activa, votando o absteniéndose, apoyaran el Gobierno de cambio, plural y progresista DiL o PNV, derechas periféricas, que no suelen precisamente entonar con mucho acierto La Internacional?

Amplia mayoría

Además, si se confirmara que el PSOE es lisa y llanamente un partido de derechas, nos llevaría a concluir que estas, las derechas, son ampliamente mayoritarias en el Congreso.

Se situarían en ese ámbito ideológico en torno al 70% de los votantes del pasado 20D y nada menos que 267 de los 350 diputados y diputadas, es decir, un 76% de la Cámara.

Si fuera así, si tres cuartas partes de la representación de la soberanía popular corresponde a la derecha, lo lógico es que, como demócratas, respetuosos con lo que piensan mayoritariamente ciudadanos y ciudadanas, entendamos que sean estas, las derechas, las que gobiernen y apliquen sus programas.

Aunque nos disgusten profundamente y creamos que se trata de políticas erradas y que dañan a la mayoría social que, paradójicamente, las apoya en las urnas de forma casi abrumadora.

En consecuencia, la izquierda tendría que dedicar sus esfuerzos a movilizarse, a recomponerse, a reinventarse y a tratar de ampliar su influencia social y política. Y no a pretender gobernar con tan escuálido apoyo de la gente, en el mejor de los casos 75-80 escaños en el Congreso; y casi testimonial presencia en el Senado, 23 de los 208 que se eligieron en diciembre, a los que habría que sumar los que representan a las comunidades autónomas. Y que dejaría la cosa en 31 de 266, es decir, el 12%.

Legítimo

Claro que las cosas son mucho más complejas. Que existen izquierdas. Más o menos moderadas, más o menos radicales, más o menos nacionalistas, más o menos estatalistas, más o menos viejas. Y que, por cierto, la mayoría de la población, según reiterados estudios sociológicos, se sitúa en la izquierda moderada.

Resulta legítimo intentar cambiar esa situación y ganar más adeptos hacia unas izquierdas más transformadoras y menos timoratas. Aunque no parece una tarea sencilla si, tras una prolongada crisis e injustas respuestas a la misma, tenemos la representación que tenemos.

Mientras tanto, al margen de las definiciones, las irresolubles diferencias entre las izquierdas abogan a que si hay elecciones este verano las derechas más derechas, PP y Ciudadanos, puedan gozar de una suficiente mayoría en las cámaras. A eso apuntan numerosos sondeos, por el incremento de la abstención y la mayor fidelidad de los votantes conservadores, entre otros factores.

Termino con mi otro tuit de tan desazonador viernes: Seguirá la LOMCE y otras leyes retrógradas. No se paliará la pobreza y exclusión social. Y, probablemente, el PP ganará en junio. Menudo éxito”.

Son las cosas que ocurren en un país de derechas. ¿O no?

—-Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

Taburiente: ‘A la Caldera’

https://www.youtube.com/watch?v=iZOMmzuj2JU

Comentarios

Juan Alonso Díaz dice:

Excelente artículo, Enrique, has acertado en tu planteamiento. Los barones “socialistas” así lo confirman, quieren meter a Podemos en una trampa en un pacto de derecha con C’s y así dinamitar el intento de consolidar una izquierda que desplace a la social democracia (gerentes de la derecha). Ese es el miedo del PS (quitemos OE) en un pacto a la valenciana.

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