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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Profesores, gandules

 

En la última semana de abril el STEC presentó públicamente su propuesta de ‘año sabático’ para los profesores canarios de las enseñanzas no universitarias. Similar a la que ya existe en Euskadi, Castilla y León, Navarra o Aragón. Es decir, la oportunidad de poder disfrutar de un año fuera de las aulas tras cuatro años previos cobrando el 85% del salario, lo mismo que percibirían en ese año en que permanecerían voluntariamente fuera del sistema.

Dejo para otra ocasión el análisis sobre la bondad o no de la medida, que me plantea algunas dudas.

Quería hablarles aquí de las reacciones a la propuesta en los medios de comunicación. De las que comprobé en el programa de radio en el que participo diariamente. Y, asimismo, en los foros de los distintos periódicos digitales que publicaron la noticia.

Como se pueden imaginar se produjo una avalancha de comentarios. Aunque muy pocos vinculados a la concreta propuesta sindical. Esta solo sirvió para abrir la espita y posibilitar el posicionamiento de una parte de los oyentes y lectores sobre la educación y, especialmente, sobre el conjunto de los enseñantes.

Algunos, los menos, defendiendo la profesión docente y las dificultades que conlleva. Otros, los más, asegurando que se trata de una profesión muy cómoda, plagada de vacaciones, con escasas horas lectivas; y acusando a los docentes de estar muy bien pagados y de ser, en definitiva, unos gandules.

Se puede y se debe ser crítico con los enseñantes (como con los profesionales de la medicina, el periodismo, la fontanería o la informática). Se debe exigir una mejor formación inicial y medios adecuados para la permanente a lo largo de toda su carrera. Se debe evaluar su función por la relevante tarea que desarrollan y por tratarse, además, de empleados públicos. Se deben combatir los conservadurismos corporativistas del café para todos y reconocer el compromiso y el trabajo bien hecho.

Pero infravalorarlos no concuerda con el significativo papel que desarrollan ni con las exigencias que la sociedad plantea a la escuela, obligada no solo a formar sino a prevenir todos los problemas sociales.

Privilegiados

Resulta llamativo ese posicionamiento, no sé si mayoritario, pero al menos muy extendido de que los docentes son unos privilegiados. Y la paralela desconsideración de su tarea, el insuficiente aprecio hacia una de las profesiones que más deberíamos cuidar. Me pregunto cómo ponen a sus hijos e hijas en manos de gente en las que no tienen la menor confianza.

Más contradictorio resulta cuando se enarbolan los dos discursos, el de la necesidad de empoderar más a los enseñantes y el de descalificarlos inmediatamente después. Como si la autoridad en las aulas se pudiera ejercer manu militari y no fuera más importante la auctoritas, la que otorga el prestigio moral y social, el reconocimiento colectivo de “realizar la labor más civilizadora”, como señala el filósofo Fernando Savater en su obra El valor de educar.

Cuando la sociedad, o buena parte de ella, no respeta a sus maestros y maestras, esta actitud tiene consecuencias y confirma una auténtica crisis de valores. Ahora que se habla de alcanzar un gran Pacto por la Educación, que ojalá comience a forjarse tras las elecciones de junio, considero que este debe tener entre sus bases el imprescindible y justo reconocimiento social del papel del profesorado. O nos encaminaremos directamente a una sociedad que solo admira a los paquirrinis y las belenesteban de turno.

—-Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

Mercedes Sosa, en un tema que rinde homenaje a una maestra.

https://www.youtube.com/watch?v=bXFy0h7K15Q

Comentarios

Pack dice:

Quiero aportar mi granito de arena desde el punto de vista del estudiante, digo esto porque la vida me ha llevado a tener que formarme varias veces a lo largo de mi vida.
Creo que hay que distinguir entre un profesor de por ejemplo la ESO, que un profesor Universitario, créanme que no tiene nada que ver.
Los primeros puede entender que estén “quemados” y de hecho creo que ayudarles porque sufren un enorme desgaste e incluso veo perfectamente bien el año sabático, por contra pienso que los profesores de la Universidad han sido los creadores de esa mala fama, guste o no guste con razón se ha creado esa fama.
Resumiendo, me parece una buena iniciativa y más control en las Universidades.

noname dice:

Algo tendrá que ver el informe PISA en la percepción de la sociedad. Cuando una y otra vez aparecen los alumnos en los último puestos del ranking y desde la comunidad educativa se tiran balones fuera… algo tendrá que ver.

Francisco Luis Lemes dice:

Coincido esencialmente con el análisis realizado en el artículo. Cuando una sociedad ignora y/o socava el importante papel de sus docentes, está abocada al fracaso a medio y largo plazo. Todos deberíamos hacer lo posible por reivindicar y dignificar el papel de los maestros y las maestras en la educación de nuestros hijos y nietos.

La propuesta, al menos en este momento, me parece un error.
Primero, porque no resuelve nada: si el problema es el burnout (‘queme’) del profesorado, un año sabático no resuelve nada si al volver se encuentra con las mismas condiciones de desprecio e infravaloración por parte de la Administración y de una mayoría de la sociedad, masificación de las aulas, escasez de recursos para atender dificultades de aprendizaje y de conducta, etc.
Segundo, porque se presta muy fácilmente a una campaña demagógica del tipo “no al asesinato de las pobres cabritas guanches a manos del genocida Antonio Morales Méndez” con los “padres” Báez de turno incluidos.
La auténtica solución para el burnout docente es que la Educación sea cuestión de Estado de verdad y una prioridad social real. De momento no lo es y no hay perspectivas de que vaya a serlo a corto y medio plazo.
Por tanto, la propuesta de año sabático es inútil, inoportuna y hasta contraproducente para el colectivo docente. Rima y todo.

Juan Luis Talavera dice:

La actitud social está llena de prejuicios y clichés alimentados desde todos lados. Una vergüenza alimentada por el desconocimiento y la ignorancia. No te arriendo el programa del otro día

Juan Luis Talavera dice:

Sencillamente lamentable. No oí el programa de ese día pero me lo imagino. La actitud social hacia esta profesión está plagada de prejuicios

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