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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

‘Burundanga’ política

Nos advierten distintos medios de comunicación sobre los graves riesgos de una sustancia, popularmente conocida como burundanga (escopolamina, alcaloide tropánico presente en distintas plantas), que anula la voluntad y produce desinhibición y amnesia. Y que el uso de esta droga, suministrada por delincuentes a sus víctimas oculta en bebidas o con otros métodos, está detrás de numerosos robos y violaciones.

Por la forzada ingesta o inhalación de este peligroso producto químico se anula la voluntad de una persona para cometer todo tipo de tropelías, al quedar esta a merced de su agresor y sin capacidad alguna de reacción.

No sé si en la política española está ocurriendo otro tanto. Y si la ciudadanía ha podido estar expuesta a una masiva dosis de escopolamina que, al menos, haya producido un enorme nivel de amnesia. De lo contrario es difícil de entender, no solo lo ocurrido en las elecciones de junio, sino la resaca que vivimos en estos días pre-previsible (o no) investidura.

Los mensajes de buena parte de los medios de comunicación y de los portavoces de las organizaciones políticas van en una doble dirección, aunque se encuentren estrechamente unidos.

Terceras

En primer lugar, el masivo rechazo a unas terceras elecciones. La gente, afirman, se puede cansar de votar y castigar a los partidos, especialmente a los señalados como culpables del regreso a las urnas.

Cosa que, por cierto, no ocurrió en los comicios del 26J, donde perdieron escaños los dos únicos que, con mayor o menor acierto, al menos intentaron conformar Gobierno y arriesgarse a la sesión de investidura.

Personalmente, volver a votar no me causa trauma alguno. Constituye un mínimo esfuerzo desplazarme al colegio electoral. Me asustaría y preocuparía, en todo caso, que no me (nos) deje (n) votar, que volvamos a los tiempos de la larga dictadura franquista. Que regresen etapas de mordaza, silencio, terror y ausencia de libertades.

O, menos trágicamente, que repitamos un pésimo Ejecutivo que sacralice los recortes y la voladura poco controlada de lo público. Mejor intentar el cambio.

Minoría

En segundo lugar, se reproduce la facilidad con la que se señala que el PP debe gobernar por ser el que más escaños obtuvo. Algo muy relativo en una democracia parlamentaria no presidencialista, como la española, donde gobierna quien concite más apoyos en escaños. Y con la conformación actual del Congreso, ese PP con 137 escaños es solo una minoría mayoritaria de los 350 que integran la Cámara.

Son más, muchos más, los escaños (aunque fraccionados en distintos partidos) de los que rechazan la LOMCE, la reforma laboral o la Ley Mordaza. De los que apuestan por una reforma fiscal más justa y no comparten amnistías fiscales.

De los que consideran nauseabundo que un ministro intente fabricar pruebas para incriminar a sus rivales políticos. De los que creen que es imprescindible defender lo público –la Sanidad, la Educación o los Servicios Sociales- si queremos una sociedad con mayor equidad y con menos abismos sociales. De los que buscan actualizar y reformar la Constitución y un mejor encaje autonómico.

Otra cosa es que esa mayoría alternativa al más feroz de los conservadurismos tenga capacidad de ponerse de acuerdo. Con el lamentable precedente, además, de que, en mejores condiciones tampoco supo hacerlo tras los comicios del 20D.

Justificar, por otra parte, en su aumento de escaños la casi obligatoriedad de que gobierne por narices el partido votado por el 33% y su líder, el político más rechazado en todos los estudios sociológicos, es mucho justificar.

Hace falta mucha ‘burundanga política’, una verdadera amnesia colectiva, una desinhibición completa ante los problemas y el sufrimiento de mucha gente, una escasa voluntad transformadora, para olvidar el profundo desastre social causado estos años, el empobrecimiento y la marginación de tantos, los permanentes casos de corrupción, así como los retrocesos en servicios públicos y las pérdidas en materia de libertades. Conformando una sociedad más desigual e injusta.

——-Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

 

 

Comentarios

Cristóbal Romero Bordón dice:

Comparto el análisis. Creo, como tú, que está habiendo un retroceso en la cultura política de la población. Considerar un enorme esfuerzo y sacrificio ir a votar es despreciar el pasado de luchas por la democracia e insultar a los que comprometieron su vida por lo que hoy disfrutamos. Defender lo público es señal de salud política; despreciarlo y aplaudir lo privado es expresión de ignorancia económica y política.

Julian Navarro Casanas dice:

Acojonante y los llamados barones del Psoe (INCAPACES DE CONVENCER A LAS BASES) se dedican a llenar páginas en los medios a ver si alguien les escucha pues en el Psoe no convencen ya ni a los nuevos afiliados. Buen día y hacer lo que te pida el cuerpo con o sin barones.

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