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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

¡Quique, quédate!

Si algo define a los entrenadores es su provisionalidad, su carácter  efímero. En tres semanas pueden pasar de la gloria al infierno y ser despedidos de su puesto de trabajo. Casi siempre, pocos días después de que el presidente del club muestre “su plena confianza” en el técnico y asegure que seguirá hasta final de temporada.

En ocasiones, sucede al revés. Pep Guardiola, uno de los que más ha revolucionado el fútbol, estuvo en la picota tras su fracaso en Soria, que no en Numancia, al principio de su temporada como debutante en el banquillo del primer equipo del Barça, que luego sería extraordinaria en triunfos: Liga, Copa y Liga de Campeones.

La UD Las Palmas ha tenido excelentes entrenadores a lo largo de su historia. De los que recuerdo por haber visto en el viejo Insular, me quedo con Luis Molowny, Pierre Sinibaldi y Miguel Muñoz. Creo que, básicamente, supieron respetar nuestro modo de interpretar el fútbol. Y lo hicieron, además, con un grupo de jugadores del máximo nivel. Con ellos se alcanzaron los mayores éxitos, en España y en Europa; practicando, con sus variantes, un fútbol de muchos quilates.

En la época más reciente mi mayor reconocimiento es para Pacuco Rosales. El entrenador isletero fue capaz de sacarnos de un pozo, el de la segunda B, del que el equipillo parecía incapaz de salir, como si de una insuperable maldición se tratara.

Respeto

Ahora tenemos a Quique Setién, que ha demostrado sensatez, respetuoso reconocimiento a nuestro fútbol y personalidad para dirigir los siempre complicados vestuarios. Su tarea es reconocida dentro y fuera de Canarias. Parece que llegó al sitio propicio en el momento propicio, con un club implicado en crear un buen equipo de base canaria con incorporaciones foráneas de calidad; como sucediera, con notable éxito, en los setenta y en los ochenta.

El viernes, en el partido frente al Depor, la animosa grada naciente tuvo entre sus corales cánticos el de ¡Quique, quédate! Una frase que apoyaron otros sectores del Estadio de Gran Canaria. Considero que es un sentimiento extendido entre la mayoría de la afición, que aplaude el buen trabajo del cántabro. Su mano se encuentra, sin duda, en esa calidad que ha alcanzado el juego de la UD.

Luego, en mi regreso a casa desde el Estadio, escuché en la guagua algunos comentarios críticos. “Yo no quiero que juguemos bien, sino que ganemos”, decía en alta voz un aficionado con camiseta y bufanda amarilla. El equipo hizo mucho mejor fútbol que los gallegos, pero un detalle, un error, nos condenó a un empate que sabe a injusto en un partido que confirmó el progresivo crecimiento de Mateo García.

Quiero pensar que esta persona no representa el sentir mayoritario. Y que son muchos más los hombres y mujeres seguidores del equipillo que aplaudimos su buen gusto con la pelota y que, aunque nos apetece celebrar triunfos, los disfrutamos más, mucho más, cuando estos vienen a consecuencia del buen fútbol desplegado por esos pibes que, estoy seguro, nos van a seguir dando muchas alegrías.

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Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

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Próximamente estará en las librerías mi libro sobre Fútbol canario, identidad, Valerón y otros desmarques.

Con las opiniones, entre otros, de Sid Lowe, Quique Setién, Santiago Gil, Ángel Cappa, Juan Cruz, Vicente Llorca, Germán Devora, Juan Galarza, Javier Domínguez, Carmelo Martín, Malena Millares y Francisco Galante.

 

Próximamente

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