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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

¡Quique, márchate!

Decía Bertold Brecht, a través del señor K, que, en respuesta a los sofistas que afirmaban saber mucho sin haber estudiado nada, Sócrates sorprendió con su tantas veces repetido “Solo sé que no se nada”. Y que se esperaba que completara su argumentación con un “pues yo tampoco he estudiado nada”, pero los estruendosos aplausos que recibió, prolongados durante muchos siglos, hicieron imposible cualquier frase aclaratoria posterior.

Los aplausos, en muchas ocasiones, se convierten en ruido que impide completar la frase con adecuados matices. Le ocurre a los equipos de fútbol cuando reiteran los triunfos y avanzan en lugares en la clasificación. Entonces todo son parabienes. El entrenador es un semi dios y los jugadores se convierten en ángeles que transitan por el césped. Ovacionados y adorados por la afición, silenciadas las siempre necesarias críticas.

Todo cambia cuando se encadenan derrotas. Se cuestiona al entrenador y a sus métodos y planteamientos tácticos, ayer indiscutibles. Y las figuras son escrutadas con lupa y lo que hace apenas unas semanas eran indiscutibles virtudes, hoy resultan poco o nada disimulados defectos.

Pensé escribir alguna reflexión al principio de la temporada. Cuando se hablaba, con enorme facilidad y, a mi juicio, frivolidad, de que estábamos liderando la liga de las estrellas; o, al menos, en puestos europeos. Sin que se hubiesen disputado media docena de partidos. Entiendo que no se debió alimentar semejante dislate. Que la necesaria y estimulante ilusión no debe llevar a la irrealizable quimera. Aunque, seguramente, debe formar parte del espectáculo deportivo-mediático la extensión de tales ficciones.

Claro que tenemos derecho a soñar pero también a tener los pies bien puestos en el suelo. A establecer metas realistas de acorde con la potencialidad del equipo, de su plantilla, de su presupuesto con relación al resto de clubes, que también juegan y se fijan objetivos. Lo del Leicester la pasada campaña en la Premier forma parte de las excepciones y su situación actual es bien distinta: acaban de echar al entrenador que obró el milagro, Claudio Ranieri, y a estas alturas de competición coquetean con el descenso.

Triunfalismo

Nunca me gustó aquel triunfalismo desenfrenado del otoño de 2016 que solo podía transformarse en una posterior y enorme frustración. Y me sentía más cercano a las propuestas futbolísticas de la UD Las Palmas, al fútbol de  buen nivel desplegado en la primera vuelta, al aprecio por la pelota y el toque que a los posibles resultados que, estaba convencido, tendrían sus limitaciones.

Lo reconozco, no soñé nunca con Europa (me parecía que no era el momento, que había que cubrir otras etapas previas), sí con mantener una filosofía (la prevalencia de la cantera y el respeto al balón) y encontrarme satisfecho con el juego del equipillo. Y en muchos partidos, ganados o perdidos, lo que la UD ofreció fue mucho y bueno.

Es cierto que entonces y hoy nos ha faltado más concreción de las jugadas, más goles. Disponemos de jugadores adecuados en las distintas zonas del campo. Aunque es cierto que es en la zona de creación donde más calidad hay, más finura, más capacidad de creación de belleza. Pero no contamos con un Suárez, un Benzema o un Griezmann.

Y por lo que se ha visto hasta ahora, los recién llegados no cumplen esa función. Eso hace que en algunos partidos lo que debió ser merecida victoria o consolante empate se convirtiera en dolorosa derrota. Con el agravante de la esterilidad fuera de la isla: ese permanente regreso de vacío, cuanta diferencia entre el Estadio de Gran Canaria y la imagen en otros campos. Aunque en Madrid se jugó de maravilla y el equipo mereció ganar a los de Zidane.

Invierno

El mercado de invierno volvió a alimentar triunfalismos extremos, con la llegada de dos jugadores jóvenes de renombre que en su momento estuvieron en Real Madrid, Jesé Rodríguez, y Barça, Alen Haliloviç, pero que se encontraban en un parón en sus carreras, con demasiadas incógnitas abiertas sobre su presente y futuro. Si vinieron aquí no fue por amor a los colores –eso forma parte del pasado, no sé si ya incluso remoto- sino para buscar un ecosistema preciso para relanzar sus más que dubitativas carreras. De momento, no lo han logrado, pero les deseo lo mejor, por ellos y por el equipillo.

Algunos llegaron a hablar del fichaje más relevante de la historia de la Unión Deportiva, con relación a Jesé. Olvidando que fichados fueron en su momento futbolistas como Miguel Ángel Brindisi o Quique Wolf, en mi opinión situados varios escalones por encima. E incluso koke Contreras. Ya me gustaría que el rendimiento del grancanario procedente del PSG llegara al nivel del mostrado por el chileno durante seis temporadas.

Y después de otra inyección de euforia, nueva dosis de abatimiento. Se ponen en duda los fichajes y, tras cuatro derrotas consecutivas, el entrenador también es sujeto de debate. Aunque con la Real Sociedad no se jugara mal y solo un desafortunado lance, el erróneo pase de Varas, regalara la victoria a los donostiarras sin que hicieran méritos para ello.

No sé si, cuando llegue el encuentro con el Osasuna, se tornarán los cánticos en el Estadio y del ¡Quique, quédate! se pase al ¡Quique, márchate! Deseo que no sea así. Sería completamente injusto. Esta temporada es, debe ser, la de la consolidación en Primera y, con los ajustes necesarios, la próxima la del crecimiento en busca de mayores metas. Y considero que con la labor de Setién, con su concepción del fútbol, con su feeling con la manera de jugar que tanto gusta en esta tierra, será más fácil mantener y mejorar los niveles de juego de la UD y, también, sus resultados.

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Próximamente estará en las librerías mi libro  ‘Fútbol canario, identidad, Valerón y otros desmarques’.

Con las opiniones, entre otros, de Sid Lowe, Quique Setién, Santiago Gil, Ángel Cappa, Juan Cruz, Vicente Llorca, Germán Devora, Juan Galarza, Javier Domínguez, Carmelo Martín, Malena Millares y Francisco Galante.

El jueves 16 se presenta en Las Palmas de Gran Canaria.

El 22 de marzo en La Laguna.

Y el 30 en Arrecife.

 

Próximamente

Comentarios

Majorero dice:

Muy de acuerdo con lo expuesto, salvo que yo sí pensé que con un poquito de suerte nos metíamos en Europa.

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