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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Es cosa de hombres

Así se publicitaba una marca de brandy en los años sesenta y setenta del pasado siglo: “Es cosa de hombres”. Proyectando que una bebida de alta graduación, como aquella, solo podía estar dirigida a satisfacer los placeres de masculinos paladares. En sus anuncios aparecían futbolistas, militares, corredores en un encierro taurino o pilotos de carreras, dejando bien claro a quien se dirigía el producto. Tras las imágenes, una joven afirmaba: “Es cosa de hombres. Los hombres beben Soberano porque es cosa de hombres”. Hoy no se atreverían, pese al evidente machismo que destila buena parte de la producción publicitaria. No lo harían por el rechazo social que suscitaría y, asimismo, por razones puramente comerciales: estarían renunciando a captar la clientela femenina.

Semejante frase publicitaria casaba a la perfección con la manera de pensar y hacer de una sociedad, la de la última etapa del franquismo y comienzos de la Transición democrática, en que casi todo, la política, la economía, el deporte, continuaba siendo, salvo excepciones, “cosa de hombres”. Como señala Montserrat Boix en La representación de las mujeres y la lucha por la paridad, aproximación histórica,  “en las elecciones al Congreso de Diputados de 1979 la presencia femenina no es superior a un 6 %, cifras similares a las convocatorias electorales posteriores desde el 82 al 89 en el que la presencia femenina oscila entre el 2,4 % y el 5,6%”. El establecimiento de cuotas, guste o no, fue determinante, ya en este siglo XXI, para que comenzaran a cambiar las cosas.

Los avances experimentados por las mujeres en la IIª República –donde se aprobó el sufragio femenino o el divorcio, así como el reconocimiento de derechos en la familia y en el matrimonio; y se hizo un esfuerzo para incorporar a las mujeres a la educación- fueron cercenados por el franquismo. En la dictadura, las mujeres quedaron relegadas al espacio doméstico o al ejercicio de profesiones consideradas una prolongación de su “vocacional” papel de cuidadoras.

Mucho ha cambiado la situación de la mujeres desde entonces. Están presentes en los parlamentos, en porcentajes semejantes a los de los hombres, y dirigiendo varias comunidades autónomas y numerosas alcaldías, entre ellas las de Madrid y Barcelona. Han aumentado su papel en las universidades y en las empresas, aunque mucho menos en su dirección. Juegan cada vez un rol más relevante en la actividad deportiva… Más temprano que tarde tendremos la primera presidenta del Gobierno central, como ya ha ocurrido, como presidentas o primeras ministras, en Alemania, Reino Unido, Chile, Noruega, Argentina, Canadá o Brasil.

Leyes

Sin embargo, pese a las importantes modificaciones legislativas, pese al avance de las mujeres en todos los ámbitos sociales, pese a los cambios educativos y los que se han ido produciendo en la mentalidad ciudadana, continúan existiendo espacios y actuaciones que prolongan aquel “es cosa de hombres”.

Sucede, en este caso es una circunstancia mundial, en el ámbito de la Iglesia Católica, así como en otras confesiones religiosas, entre ellas, y de forma destacada, el Islam. Son cosa de hombres. No es de recibo que en pleno siglo XXI marginen a la mitad de la humanidad y no posibiliten su acceso, no ya a su máximo nivel de mando, sino ni siquiera a ejercer el sacerdocio. Una marginación que no es gratuita, que tiene consecuencias, y que muestra a las mujeres como ciudadanas de segunda que no merecen consideración divina.

La Justicia española tampoco anda para dar ejemplo. No por el número de mujeres juezas, cada vez mayor, sino por su escasa representación en la carrera judicial que, como el anuncio de marras, parece ser cosa de hombres. Como viene denunciando la Asociación de Mujeres Juezas que preside Gloria Poyatos, en el  Tribunal Constitucional hay solo dos magistradas de un total de doce y en el Tribunal Supremo son 11 las mujeres de un total de 78, es decir representan un 13% del órgano.

En cambio no suelen ser tanto cosas de hombres el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos e hijas. Según el INE, en los hogares integrados por una pareja con hijos la dedicación diaria de la mujer casi duplica la dedicación del hombre (4 horas y 37 minutos la mujer, 2 horas 34 minutos el hombre). Además, si atendemos a la situación laboral, “las mujeres ocupadas dedican 3 horas y 46 minutos diarios a las actividades de hogar y familia y 2 horas y 21 minutos los hombres. La diferencia es mucho mayor en el caso de inactividad (estudiantes, jubilados o pensionistas, labores del hogar), 4 horas y 49 minutos las mujeres y 2 horas y 25 minutos los hombres”.

Violencia

Si es, por contra, cosa de hombres la violencia machista. Más de 800 mujeres han sido asesinadas desde 2004 a hoy por sus parejas o exparejas en España. Mensualmente se presentan más de 2.400 denuncias por violencia contra las mujeres. Los comportamientos machistas se reproducen entre los jóvenes. Pero no aparece como problema relevante en el barómetro del CIS. El Pacto contra la Violencia de Género es una buena noticia.

Por último, también parecen ser cosa de hombres las gestas deportivas. Cuando un equipo supera una eliminatoria que parecía imposible los medios de comunicación hablan de una “machada”. Como he señalado en diversas ocasiones, saltando obstáculos, superando las más diversas pruebas, las mujeres han mostrado su capacidad de conseguir las mayores gestas en el mundo laboral, empresarial o político. El uso a estas alturas de “machada” resulta tan machista e impresentable como extemporáneo y ridículo.

El machismo es un asunto en el que los hombres tienen mucho que ver. Con el problema y con la solución. Lo peor son, sin duda, los hombres con execrables actitudes violentas hacia las mujeres. Pero no son menos impresentables los que justifican o quitan hierro a la grave situación y muestran una enorme misoginia, como vemos en las redes o en algunos medios. Aunque, afortunadamente, cada vez hay más hombres críticos con la realidad actual y comprometidos en cambiarla para lograr la plena igualdad.

 

——–Publicado incialmente en Canarias7

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