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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Estuve ayer, lo escribo hoy

Quién le iba a decir a aquel pibe que pegaba carteles de UPC en la campaña de las elecciones generales de marzo de 1979, con Elfidio Alonso y Paco Tovar al frente de la lista por Santa Cruz de Tenerife, o un mes más tarde de la plancha al Ayuntamiento de La Laguna, con Rafael Núñez en el número 1, que casi cuarenta años más tarde tendría el privilegio de escribir una historia de aquella coalición que daba sus primeros pasos y publicarla como libro.

Para lo bueno y para lo malo tuve la suerte de estar allí y en distintos acontecimientos que afectaron a la sociedad canaria de aquella época y, en particular, a la UPC. Y los he plasmado en el libro Unión del Pueblo Canario. Luces y sombras del nacionalismo autodeterminista canario de los años 70/80, editado por la Fundación Canaria Tamaimos dentro de su colección Alongues.

En todos estos años he escuchado muchas cosas sobre la UPC. Gente que la idolatra y cree que es lo mejor que le ha pasado al nacionalismo de izquierdas canario en su historia. Lo dudo. Gente que solo percibe sus errores y considera que fue una experiencia digna de olvido. Tampoco es justo. Personas dispuestas a resucitar sus siglas y otras que volverían, con toda seguridad, a intentar dinamitarlas. Pese al tiempo transcurrido, demasiadas pasiones y poca serena reflexión. La que permite la distancia que da el tiempo transcurrido desde su nacimiento y desaparición, apenas cinco años después. “Ha pasado el tiempo necesario para que sea posible una investigación suficientemente distanciada, sin ser por ello distante”, como bien señala Pablo Ródenas en el prólogo del libro.

Valores

Algunos valores de aquella etapa son, a mi juicio, rescatables. El grado de unidad entre distintas corrientes de pensamiento de la izquierda: cristianos autogestionarios, comunistas, socialistas, independentistas… Y la capacidad para levantar un proyecto político pensado desde y para Canarias, sin tutela alguna de organizaciones estatales, con el grado de madurez que suponía para un pueblo colonizado hace seis siglos y que había sido siempre dependiente. Asimismo, su indiscutible voluntad de cambio, de buscar soluciones a una sociedad con muchas carencias en sus infraestructuras, en los servicios públicos, en la formación y el bienestar de su gente.

En el libro someto a discusión su posicionamiento sobre determinados asuntos, entre ellos el proceso autonómico, la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria o las diferentes maneras de entender la autodeterminación, que era su lema y se convirtió en el nexo de unión de sus distintas corrientes partidarias. Sus aciertos y errores de gestión en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, el único que gobernaron, apenas año y medio. Así como sus sectarismos que trasladaron al terreno sindical propiciando la división del Sindicato Obrero Canario (SOC), una de sus páginas más lamentables.

Movimientos y partidos

También realizo un reconocimiento a personas que, por distintas razones, fueron esenciales en su trayectoria: Fernando Sagaseta, Francisco Tovar, Manuel Bermejo y Rosario Armas. Y cito a tantas otras que estuvieron en UPC y que luego desarrollaron su actividad en distintos movimientos sociales, así como en diferentes organizaciones políticas, nacionalistas o no. Entre ellas, Eusebia Nuez, Enrique Caro, Gonzalo Angulo, Oswaldo Brito, Félix Martín Hormiga, José de León, Francisco Zumaquero, María Jesús Nebot, Agustín Ferrera, Rafael Monzón, Javier Doreste, Arturo Borges, Luis Beltri Baudet, José Ramón Pérez Meléndez o Paco Almeida.

Quiero expresar mi agradecimiento a todos los hombres y mujeres que han colaborado en este proyecto y tantas otras que han recibido el libro con enorme interés. Reconozco que ha supuesto un enorme privilegio poder dedicar este último año y medio a estudiar, investigar, entrevistar y hacer memoria en torno a aquella interesante, apasionante y contradictoria etapa.

Estuve ayer, lo escribo hoy.

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