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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Incendio en Twitter

Estos días, en La Gomera, en el monumento que recuerda a los fallecidos el 11 de septiembre de 1984, junto al Roque de Agando, un amigo de la isla me comentaba, basándose en su dolorosa experiencia, la brutalidad de los incendios forestales y sus terribles efectos sobre la naturaleza, las viviendas, el ganado o las personas. Hablamos sobre lo fácil que pueden comenzar -por un pequeño descuido, por la mala intención de un pirómano, por un rayo…- y como se intensifican ayudados por determinadas condiciones meteorológicas. Y sobre lo dificilísimo que resulta controlarlos. Lo de que los incendios se apagan en invierno, con la prevención, es de lo más acertado.

Todavía quedan huellas en La Gomera de aquel incendio de hace 35 años y, asimismo, del que se produjo en el verano del 2012, que quemó cerca del 10% de la isla y en torno al 20% del parque nacional del Garajonay con graves consecuencias sobre ese paraíso de la laurisilva, cuyo proceso de recuperación es muy lento, un proceso secular, a diferencia de lo que ocurre con los pinos canarios (Pinus canariensis), muy resistentes al fuego y que en poco tiempo se regeneran.

Mucho se ha aprendido desde aquel funesto 11 de septiembre de 1984 en el que una veintena de personas perdía la vida en tierras gomeras. Hoy se actúa menos improvisadamente y con intervenciones mucho más profesionales y sometidas a protocolos que entonces. Una de las mejores noticias en torno a lo ocurrido estos días en Gran Canaria es, sin duda, el hecho de no tener que lamentar víctimas mortales pese a la voracidad de los incendios.

Cuando suceden hechos similares queda al descubierto nuestra enorme vulnerabilidad ante semejantes desastres. Lo hemos visto en distintas parte del mundo, desde Portugal a Estados Unidos, con catástrofes que se extendían durante varias semanas, causaban decenas de víctimas mortales y presentaban enormes dificultades para su extinción, pese a los numerosos medios que se usaron para tratar de aplacarlas.

El que plantee soluciones milagrosas para estas situaciones debe andar muy despistado. Y estos días han salido rigurosos expertos en la materia para ratificarlo con sus razonados y mesurados análisis. Artículos como los de Carlos Castañosa o Miguel Ángel Rodríguez son ilustrativos al respecto. Junto a, lamentablemente, otros ‘expertos’, los que surgen como setas en las redes ante este u otros problemas e imparten doctrina desde el mayor de los desconocimientos.

Los recientes incendios en Gran Canaria han mostrado todas las caras de la sociedad. La profundamente negativa por parte de quien por una actuación imprudente pudo causar el fuego que, arrancando en sus terrenos, devastó parte de la isla. O la de la posible manifiesta intencionalidad que se apunta en el caso del fuego en Cazadores.

Solidaridad

Pero ha sido mucho más visible la cara positiva. Por un lado, la del trabajo denodado de los equipos anti incendios de distintas instituciones, incansables y realizando su tarea desde la mayor profesionalidad. Por otro, la belleza de las enormes muestras de solidaridad de tantos hombres y mujeres en circunstancias tan dolorosas para Gran Canaria y Canarias.

Mención aparte, como en tantas ocasiones, merecen las redes sociales. En ellas, la mayoría de la gente expresaba su profundo dolor por lo que estaba ocurriendo y se limitaba a comentar o retransmitir adecuadamente lo que los responsables de combatir el incendio iban comunicando a la población, así como a apoyar sin fisuras a quienes se enfrentaban al fuego. Fue, en cierto modo, un canto colectivo de amor a la tierra que llegaba desde todos los puntos de Canarias. También del resto del Estado.

Pero se produjo, asimismo, la extensión de bulos, el alarmismo o las acusaciones infundadas, desde una frivolidad manifiesta. Grave cuando lo hace cualquier ciudadano o ciudadana, que tiene su grado de responsabilidad. Mucho peor cuando se suma algún presunto periodista -anunciando, por ejemplo, detenciones que nunca se produjeron- para el que contraste debe ser un término solo aplicable a las imágenes fotográficas o cinematográficas. Que la realidad no te arruine un titular ni un tuit.

Ridículo

Y, además, se añadió el particular disparate de gente sin el menor sentido común, temor al ridículo ni mesura alguna. Las hubo que reclamaron menos carriles bicis y metroguaguas (responsabilidad de movilidad, en este caso con referencia al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria) y más hidroaviones, decisión que trasciende el ámbito municipal e incluso el de la Comunidad Canaria. Como para hacer un presupuesto participado con semejantes planteamientos. Y olvidando que una movilidad insostenible, la de la preponderancia irracional del coche privado, ayuda a que avance el cambio climático y, en consecuencia, a que proliferen más incendios forestales.

E incluso un locutor radiofónico planteó con indignación por qué se gastaba dinero en drones para vigilarle y multarle en caso de cometer una infracción de tráfico y no en hidroaviones. Patético. El genial Morgan retrató muy bien esta situación. “Si arrancamo to jesos hárbole de la cumbre, no ten driamo insendios”, dice uno de sus personajes tuiteando. Y otro le responde: “y abría más aparkamiento”. La tontuiter se titula tan brillante viñeta que poco o nada se distancia de lo que algunos redactaron y divulgaron en las redes sociales en tan luctuosas jornadas recientes.

En medio de la desesperación se realizaron peticiones en Change.org para solicitar una base permanente de hidroaviones en Canarias. Cuando afrontar un incendio forestal es mucho más complejo, el papel de los medios aéreos es más limitado y, en todo caso, complementario a los fundamentales terrestres de lo que se plantea desde algunos foros; y la orografía de Canarias hace mucho más eficientes y precisos para colaborar en su extinción a los helicópteros, menos contaminantes además, aunque no se dejen ver por los entornos urbanos y resulten menos espectaculares. Se pregunta Raúl Vega en un interesante artículo en Tamaimos hasta qué punto son los medios aéreos quienes apagan un incendio. Y concluye señalando que quienes apagan el fuego “son los bomberos forestales, las unidades presa y bravo. Ellos son los que se juegan la vida”.

En definitiva, esperemos que en pocas horas el incendio actual, que ha devastado buena parte de la masa forestal de la isla, esté controlado y que no se produzca víctima alguna. Y, mientras tanto, hay que felicitar a todos y todas las que trabajan, en los medios terrestres o aéreos, para contribuir a su extinción. Hay que aplaudir el comportamiento sereno de la ciudadanía y la coordinación de las instituciones. Hay que estar satisfechos con la información rigurosa, salvo contadas excepciones, de los medios y periodistas; y de la gran labor realizada por los compañeros y compañeras de la tele pública canaria. Y, asimismo, hay que expresar la repulsa ante los incendiarios de las redes, ante los insensatos aficionados o profesionales, ante los tontuiter que denuncia Morgan que, por decirlo de alguna forma, calladitos estarían mucho más bonitos.

 

 


Actualización del artículo publicado por CANARIAS7 el 18 de agosto de 2019

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