Menú

La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Bloqueo y urnas

En julio no fue posible la investidura de Pedro Sánchez. Unidas Podemos no aceptó los ministerios que le ofrecía el PSOE y los socialistas han anunciado a posteriori que ya no habrá Gobierno de coalición sino un Ejecutivo del PSOE en solitario. En el mejor de los casos, más parecido a la fórmula vigente en Portugal, donde los partidos a la izquierda del PSP (Bloco de Esquerda, Partido Comunista de Portugal y Partido Ecologista Os Verdes, que conjuntamente alcanzan los 36 escaños) no forman parte del Gobierno que preside el socialista Antonio Costa, que dispone de 86 diputados y diputadas.

UP -aunque con algunas disidencias internas- ya ha señalado de forma reiterada que no acepta esta fórmula y que pide un programa negociado y la presencia ministerial en el Gobierno de Sánchez. En esa línea, este martes 20 de agosto Iglesias remitió a Sánchez un nuevo documento, de 119 páginas, con propuestas programáticas para un Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos, así como con varias opciones de dirección de tres ministerios, además de una Vicepresidencia social. Me temo que no habrá respuesta positiva. Ahora mismo parecen encontrarse en posturas irreconciliables que llevan al bloqueo y a la inevitabilidad de unos nuevos comicios.

Por otra parte, los que, como el PP, exigían la abstención del PSOE (cosa que finalmente se produjo) cuando ellos eran la primera fuerza política en votos y escaños, para facilitar la investidura de Rajoy, dicen ahora digo donde antes dijeron Diego y se olvidan de las profundas razones de Estado de un pasado muy reciente. Como hacen igualmente con aquel mantra de que debía gobernar la lista más votada en ayuntamientos o comunidades. Pongamos que hablo de Madrid.

Corre el reloj electoral. Si nadie lo remedia en el inmediato mes de septiembre, si no es posible llegar a acuerdos, por mínimos que estos sean, entre las formaciones políticas progresistas, vamos camino de unas nuevas elecciones. Y lo haríamos tras un nuevo fracaso de la política, de los partidos y de sus dirigentes. La política es la defensa de programas e ideas para transformar la sociedad, para lo que cada organización busca el apoyo de la gente y obtener la mayor representación posible en las distintas instituciones. Pero también, una vez se pronuncia la ciudadanía en las urnas, incluye la capacidad de búsqueda de encuentros cuando, como en estos momentos, no hay mayorías absolutas ni se las espera.

Relevante

Las responsabilidades, con mayor o menor intensidad, se encuentran repartidas entre diversos actores; y más allá de las mismas lo importante, lo realmente relevante, es que se está perdiendo un tiempo precioso en abordar problemas muy graves que afectan a la ciudadanía: reforma educativa, cambios en la legislación laboral, mejora en la prestación sanitaria, planteamientos urgentes ante la situación cada vez más complicada en el acceso a la vivienda…

El contexto internacional, con las políticas proteccionistas de Trump y su enfrentamiento comercial con China y sus amenazas la UE, el enfriamiento de la economía alemana y un Bréxit duro, sin acuerdo, cada vez más cercano, no invita precisamente a optimismo alguno. Las comunidades autónomas comienzan a tener graves problema de financiación que se agudizarán de prolongarse el actual estado de cosas. El desempleo y la pobreza que afectan a una parte muy importante de la población no admiten esperas.

Tacticismos y políticas de corto alcance no pueden determinar el presente y el futuro de este plurinacional Estado, la calidad de vida de sus hombres y mujeres. Echar la culpa a los otros sin asumir las responsabilidades propias parece una circunstancia tan frecuente como injustificada e injusta. Insultar al posible socio, como hacen en las redes sociales desde los dos bandos con un planteamiento de hincha futbolero, parece muy poco razonable.

Encuestas

Las encuestas de los distintos institutos demoscópicos muestran paralelismos y divergencias con relación a lo que ocurriría en caso de una nueva cita con las urnas en noviembre. La mayoría alerta sobre el riesgo de una disminución de la participación ciudadana, expresión del malestar por la falta de acuerdo entre las formaciones políticas para conformar un Gobierno estable. Solo el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) da una considerable ventaja al PSOE. Hay que recordar que, en la encuesta previa a las elecciones generales de abril, aunque algunos denigraron los análisis de Tezanos, este no se equivocó en su pronóstico.

Los estudios sociológicos intentan medir, asimismo, quiénes se beneficiarían, y en qué medida, del cada vez más probable adelanto electoral. Y parecen coincidir en que las viejas naves del histórico bipartidismo resistirían mejor la tormenta que los nuevos partidos.

Pero, con pequeñas diferencias, con el PSOE y el PP con cinco o seis escaños más que en los comicios de abril, a costa de la reducción en la representación actual de Ciudadanos, Unidas Podemos o la extrema derecha, la situación parlamentaria sería parecida a la actual. Con similares números entre los bloques progresista y conservador; y con el papel decisivo de los nacionalistas. Lo que impide prácticamente la instauración de un Ejecutivo de derechas, dada la acentuación de sus perfiles, no solo más conservadores sino también más centralistas, del último período. Y obliga a una posible alternativa progresista a contar con el apoyo, no solo del PSOE y UP, sino del PNV y otras fuerzas para poder conseguir la presidencial investidura.

Durante las últimas semanas muchas personas que se autodefinen de izquierdas plantean en Twitter (y supongo que en otras redes sociales) que si se produce el escenario de nuevas elecciones se quedarán en casa o dedicarán la jornada a realizar distintas actividades de ocio. Que su cabreo les hará dar la espalda a todas las opciones políticas sin excepción y, eso no lo dicen, favorecer el triunfo del tripartito derechista. No creo que para un demócrata suponga un gran esfuerzo acercarse a las urnas y, por más que entienda el enfado con lo que viene ocurriendo, que también comparto, considero que esa actitud abstencionista puede llevar a escenarios aún peores. Mi personal intención es la de votar en noviembre.

Eso sí, y en clave canaria, me preocupa y mucho qué van a hacer los nacionalistas de las Islas si se llega a producir esa convocatoria electoral. ¿Están reflexionando sus organizaciones, dirigentes y militantes sobre el tema, aunque hoy solo sea una hipótesis de trabajo? ¿Han aprendido de las experiencias más recientes? ¿Volverán a repetirse los errores del pasado? El futuro está en juego.

 

Publicado por CANARIAS7 el miércoles 21 de agosto.

Deja un comentario