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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Tensa espera

Hasta ahora ninguna voz en Coalición Canaria se ha mostrado públicamente favorable a aceptar la propuesta del PP de integrarse en Canarias Suma, alternativa que, con distintas declinaciones, y tras la experiencia navarra en las autonómicas de mayo (aunque ya he advertido en alguna ocasión las especiales circunstancias de la Comunidad Foral, con dos identidades muy presentes), pretende aglutinar a todo el espacio de la derecha en las distintas nacionalidades y regiones. Incluyendo a Ciudadanos -que, de momento, se resiste- y a formaciones de carácter local, desde Unidad Valenciana a Foro Asturias o Unión del Pueblo Leonés, pero también, lo han expresado algunas voces de los conservadores, a Vox.

De entrada, parece que sería del todo incongruente que un partido, como CC, con un ideario nacionalista, con aspiraciones de alcanzar el máximo nivel de autogobierno, aceptara compartir plancha electoral con militantes y dirigentes de la extrema derecha que propone cargarse el estado autonómico, recuperando aquello que, en mítines y manifestaciones, coreaban sus mayores hace cuarenta años: ¡España es una, no cincuenta y una!

Además de la ausencia de compatibilidad de una organización que hace unos días Mario Cabrera definía como “progresista”, con las conocidas posiciones machistas, homofóbicas y xenófobas de la formación de Santiago Abascal que, afortunadamente, fracasó en Canarias en las elecciones generales, autonómicas y locales. Junto, y es muy importante, a la pérdida de autonomía política que supondría la absorción de CC por una formación estatalista.

Pero tampoco, todo hay que decirlo, es que hayan salido en masa a rechazar la misma. Cabrera, Barragán y alguno más han expresado su clara negativa a Canarias Suma. Aunque también sé que dirigentes hoy más dirigentes que nunca rechazan abiertamente esa fórmula. Como la diputada Ana Oramas, que apuesta por confirmar el carácter netamente nacionalista de CC; y repudia, asimismo, cualquier entendimiento con la extrema derecha.

Ese mayoritario silencio habrá tenido algo que ver el impasse de agosto y la situación de aparente parálisis que sufre la organización tras la hecatombe postelectoral. Lo que le ha llevado a anunciar la celebración, previamente a su ya previsto Congreso de 2020, de una Convención en el otoño que serviría para redefinir el proyecto nacionalista e, incluso, para abrir puertas a una posible reunificación con Nueva Canarias.

Debate riguroso

Esos planificados tiempos pueden irse completamente al traste si finalmente tenemos elecciones generales en el próximo mes de noviembre, lo que resulta hoy bastante posible por la falta de entendimiento entre las izquierdas, siempre dispuestas a no aprender y a equivocarse de forma reiterada, en el ámbito estatal. El pulso que mantienen Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tras la fracasada investidura de julio parece que no llevará a nada bueno.

Los tacticismos, basados o no en lo que pronostican las encuestas -las recientes confirman un PSOE al alza, un PP que se recupera levemente, un Ciudadanos en claro declive y un Unidas Podemos que resiste-, la autosuficiencia altiva y la mirada de corto alcance se imponen. Mientras las comunidades autónomas se asfixian económicamente por la provisionalidad del Gobierno central. Y no se ponen soluciones a los auténticos problemas de la gente: empleo, salarios, calidad de los servicios públicos, sostenibilidad de las pensiones, acceso a la vivienda o las consecuencias presentes y futuras de la Crisis Climática que, pese a negacionistas como Trump, Bolsonaro o su versión españolista, ha llegado con intención de quedarse. La política se degrada, genera más desafección y abre puertas al abstencionismo y a los salvapatrias demagogos y simplistas.

Será, de producirse esa convocatoria electoral, un fracaso de la izquierda y un fracaso de la política que debe ser capaz de atender a esos problemas y de ofrecer soluciones a corto, medio y largo plazo. Con el añadido riesgo de que el Congreso resultante se parezca mucho en su conformación al actual y persistan las dificultades para conseguir un Gobierno estable y coherente para el próximo periodo en medio de tantas dificultades, como las que suponen la desaceleración económica y las consecuencias del Brexit, así como el impacto que tendrá la sentencia del Tribunal Supremo sobre el procès, que conoceremos en octubre.

Resulta imposible llevar a cabo un debate riguroso y sereno -como el que se supone pretende la Convención que ha planteado Coalición Canaria, abierta incluso, según han señalado, a la aportación de personas ajenas a la organización nacionalista- cuando lo que urge es preparar la campaña, designar candidatos, conseguir recursos y volcarse en la búsqueda de votantes en un extenuante viaje electoral con anteriores paradas el 28 de abril y el 26 de mayo.

Todo apunta a que, salvo que Unidas Podemos acepte ofrecer en los próximos días un cheque en blanco a Pedro Sánchez y apoyarle en la investidura sin integrarse en su Gobierno, y que Sánchez concite otros apoyos que le posibiliten prolongar su estancia en La Moncloa, la referida Convención tendrá que aplazarse a los primeros meses del próximo año.

Peores condiciones

Antes, los dos nacionalismos canarios, en caso de nuevas elecciones, tendrían que decidir si competir o buscar fórmulas de colaboración, algunas ya experimentadas en un tiempo no tan lejano. Me dirán que no ayuda que uno se encuentre en el Gobierno y otro en la oposición. Cierto. Lo mismo que en 2011 y, sin grandes traumas, se pudo hacer.

Tengo la impresión de que las condiciones de hoy son más complicadas que las de mayo para ambas fuerzas políticas. Peor aún en el caso de CC que, desde entonces, ha perdido un importante poder institucional: Gobierno de Canarias, varios cabildos y numerosos ayuntamientos. En unos comicios que polarizarán y estatalizarán mucho el voto y que pueden beneficiar al PSOE y al PP frente al resto de alternativas.

Pero también considero que puede tratarse de una interesante oportunidad para limar asperezas, restablecer confianzas y poner por delante, con un programa común de defensa nítida de Canarias, lo más importante: contar con voz propia, diferenciada y de obediencia exclusivamente canaria en el Congreso y en el Senado. Por los contrastados buenos resultados que esta circunstancia ha supuesto en las últimas décadas. Por los retos que nuestra Comunidad tiene en el período próximo, que son muchos y bien complejos, en un contexto internacional desfavorable. El tiempo corre en contra. Tensa espera.

 

—–Publicado en CANARIAS7 el miércoles 4 de septiembre.

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