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La Tiradera

Un blog de Enrique Bethencourt

Podemos 1 – La casta 2

Las formaciones emergentes comparten la crítica a la política realmente existente, a los partidos y sindicatos que han operado desde la transición y al funcionamiento de las instituciones. Pero, asimismo, tienen en común su transversalidad, su populismo y, con frecuencia, una valoración escasamente crítica de sí mismos que contrasta con la extrema dureza con que se refieren a los demás.

Cada vez estoy más convencido de que, en distinto grado, Podemos y Ciudadanos tienen en común muchos de los rasgos de las formaciones populistas. Que son, como se sabe, de muy distinto estilo en el ámbito europeo, desde el Frente Nacional francés al Movimiento Cinco Estrellas del italiano Beppe Grillo.

Populismo

Como bien señala Eugenio del Río en un extenso e interesante artículo publicado en la revista Página Abierta (¿Es “populista” Podemos?) estos rasgos del populismo serían, entre otros, los siguientes:

“- 1. La presencia de un hiper-liderazgo unipersonal. El objetivo es que sea percibido como encarnación no contaminada de las ansias de cambio y que sea considerado como propio por “el pueblo”, a diferencia de los políticos establecidos que son considerados como distantes y ajenos a “la gente”.

  1. Evitar insertarse en el sistema de representación izquierda-derecha, que ha recogido las grandes identidades socio-políticas en el último siglo. Se entiende que está superado. Hay que actuar transversalmente, uniendo a sectores sociales diversos con intereses sociales diferentes. Hay que atraer a personas de ideologías distintas.
  2. La necesidad de recoger y difundir las ideas máspopulares. Ser altavoces de lo que la gente siente y piensa, y de lo que la gente quiere oír. Las ideas son útiles cuando valen para ganar apoyos para la propia causa. Se trata de dar satisfacción a la gente, de promover objetivospopulares, atendiendo a los deseos de mucha gente o del electorado que interesa conquistar.
  3. La eficacia en política está asociada a la repetición de unos pocos mensajes fundamentales.
  4. Se pone en pie una representación social dicotómica, muy simplificada. De un lado están las élites, el sistema político y el poder financiero; una pequeña minoría. Enfrente, el “pueblo”, la inmensa mayoría. Anti-pueblo y pueblo”.

Una de las expresiones de esa simplista representación social dicotómica es el recurso de Podemos a calificar de casta a poderes económicos y financieros, partidos políticos y sindicatos, así como a los militantes y dirigentes de estos; salvo los suyos, claro.

Cierto es que, poseedores en exclusiva del poder calificador, exoneran a quienes les conviene. Así, Jesús Montero, secretario general municipal en Madrid, asegura que el banquero Emilio Botín, fallecido en septiembre del pasado año, no debería ser considerado casta (“Hay dos culturas empresariales. Una es casta, la otra quiere contribuir al bienestar social, como la familia Botín en el Banco Santander”, dijo; manda eggs, que quieren que les diga). Y, asimismo, otro líder, Luis Alegre, secretario general de Podemos en la Comunidad de Madrid, otorgó indulgencias plenarias al ex ministro Ángel Gabilondo.

El castámetro lo deben tener averiado. O, a veces, se vuelve extremadamente laxo.

En Canarias, sin embargo, son mucho más exigentes. Casta debe ser todo lo que queda fuera del perímetro de Podemos y sus círculos. Así lo explican, sin sonrojarse, sus flamantes nuevos (¿nuevos?) dirigentes, verdaderas espadas flamígeras contra todos los que piensen distinto a la oficial línea ganadora en las Islas; incluso, a veces, se les va la mano y machacan sin piedad a sus propios compañeros y compañeras, los de corrientes minoritarias o no tanto (probablemente los de más profundas convicciones democráticas, los menos intolerantes, los más unitarios), desde un sectarismo reserva, envejecido en barrica desde los años setenta, tan bien retratado en La vida de Brian.

La yenka

Hay que tener una memoria muy pequeña y una cara dura de enormes dimensiones para atreverse a semejante ejercicio. Y lo hacen personas con décadas de liberación sindical en los viejunos sindicatos hoy tan denostados. Otras que, cual practicantes de la yenka, han ido saltando de lista electoral y de abajo firmantes, unas veces el PSOE, otras IU, otras abstención, otras una presunta plataforma unitaria de la izquierda, nuevamente el PSOE y hasta el infinito y mucho más.

Las hay también que han recorrido en los últimos años todas las siglas (a la izquierda y a la derecha) hasta descubrir la verdad verdadera o las posibilidades de acomodo político-institucional, que no es lo mismo pero es igual.

Conozco, asimismo, dirigentes de Podemos en el Archipiélago que abandonaron sus formaciones políticas originales (en algunos casos borradas de la personal biografía, queda mucho mejor hablar de un idílico y puro pasado de movimientos sociales y ONGs) no por razones ideológicas o disensiones programáticas, sino porque les parecía poco para sus méritos la dirección asignada en el Ejecutivo o el puesto en la lista al ayuntamiento o al cabildo.

Incluso colaboradores directos del personaje más siniestro de la política canaria de los últimos cuarenta años son hoy, asómbrense, anticasta.

Que con esas trayectorias llamen casta a otros resulta tan atrevido como inconcebible. Cualquier examen objetivo confirmaría que en Podemos hay igual o más casta que en el resto de los partidos. Y son, justamente, los que mandan en la organización. Por eso, junto a la ambigüedad ideológica y la necesidad de ocultar el proyecto social que tienen muchos de sus componentes, les conviene y mucho esconder quiénes están detrás de la organización, dirigiéndola entre bambalinas, y su verdadera trayectoria e historia, no tan inmaculada como pretenden hacer ver.

Aunque todo tiene solución: seguro que Luis Alegre o Jesús Montero les absuelven de la consideración de casta. O les exorcizan para expulsar de sus cuerpos los satánicos restos de su prolongado pasado político o sindical, restos que no son precisamente del 15M y sus aledaños sino de propuestas mucho menos amables.

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¿Ciudadanos versus Podemos?

Las últimas encuestas publicadas siguen siendo muy confusas. Unas colocan al PP claramente en cabeza y detrás, casi en empate técnico, a PSOE y Podemos. Otras sitúan a los de Iglesias liderando la intención de voto ciudadano. Da la impresión de que hay mucho voto oculto, especialmente de gente del PP que no se atreve a manifestar su apoyo en estos momentos a una formación con tantos incumplimientos en su programa y con tantos casos judiciales abiertos.

Pero, sin duda, una de las novedades de los estudios sociológicos es el crecimiento en los sondeos de Ciudadanos. Evidente en el caso de Cataluña. Y, en los últimos meses, destacable también en el conjunto del Estado. Aunque con notables diferencias entre lo que dice el CIS y lo que afirma Metroscopia, dándole esta última un incremento exponencial en el último período.

Esa irrupción me hace preguntarme quién sale beneficiado y quién resulta perjudicado del aumento de expectativas de voto de la formación que lidera Albert Rivera. Y la respuesta no es fácil.

La primera impresión es que Ciudadanos se alimenta en primer lugar de UPyD. Ocupa un espacio político similar muy centrado. Con un discurso y una visión del Estado poco dado a modificaciones federalistas, pero evitando los radicalismos ideológicos y políticos del PP. Con muchas ambigüedades en temas que puedan resultar espinosos: en la reciente entrevista concedida a los lectores de eldiario.es, Albert Rivera eludió responder, entre otras, a preguntas sobre la inmigración, el aborto o la tauromaquia. La indefinición está de moda, sin duda.

Y con una ventaja respecto a los magenta: cuentan con un líder joven (frente a una Rosa Díez con más de 35 años en distintas instituciones y largo pasado socialista), con buena pinta y que se defiende muy bien ante las televisivas cámaras.

Política espectáculo

En la era de la política espectáculo, en el auge de los tertulianos y de los liderazgos políticos mediáticos, Albert Rivera se mueve muy bien en espacios en los que también lo hacen Pablo Iglesias o Tania Sánchez. O, con una imagen mucho menos juvenil, el socialista Carmona.

Pero no es UPyD la única damnificada. Un partido con vocación transversal (al igual que Podemos y la propia formación de Rosa Díez, los tres intentando no ser ni de derechas ni de izquierdas), con buscadas indefiniciones y con escaso pasado (una ventaja en estos tiempos en que tanto se denigra la política existente y el bipartidismo) logra pescar votos en muy diversos caladeros. En los del PP, esencialmente. Y también en los del PSOE.

¿Y en Izquierda Unida y Podemos? Considero que la organización de izquierda de Lara y Garzón tiene bastante con su profunda crisis interna y con la vía de agua que les ha supuesto el abordaje de Podemos. Taponarla no va a resultar tarea fácil.

Tengo la impresión de que existen más probabilidades de que una alta implantación electoral de Ciudadanos termine por afectar a Podemos. No hay que olvidar que un porcentaje significativo de los que votaron a los de Iglesias en las europeas, y de los que se sumaron al carro después de sus sorpresivos resultados en esos comicios, lo integran votantes desencantados del PP.

Moderada

Se trata de gente muy moderada que se encuentran muy alejados de los orígenes político-ideológicos de Iglesias, Monedero o Bescansa. Y a las que no les hace la menor gracia sus simpatías internacionales o muchas de sus propuestas más avanzadas en políticas sociales o respecto a cambios en la fiscalidad. Ciudadanos y ciudadanas que les prestaron su apoyo por rechazo a los graves defectos de los otros, más que por auténtica identificación con sus virtudes y sus propuestas.

No sería extraño que una parte de ellos, hartos de comportamientos deleznables y de engaños electorales, hastiados del PP, pero reacios a aventuras, puedan sentirse mejor representados por una formación conservadora en lo económico, como Ciudadanos; que levanta menos miedos en personas de clases medias y medias altas que no tienen el menor interés en que se produzcan cambios profundos en el sistema político.

Los próximos sondeos electorales en las cercanías de las municipales y autonómicas pueden desvelar si lo que planteo acaba por confirmarse. O si Ciudadanos vive una subida efímera como las que en el pasado reciente tuvieron UPyD e Izquierda Unida, situadas ahora casi en situación de marginalidad.

NA

El Barómetro de Invymark para La Sexta dado a conocer en la noche del 28 de febrero arroja el siguiente resultado: PP: 27,8% Podemos: 23,6% PSOE: 21,5% C’s: 6,4% UPyD: 4% IU: 3,8%. Respecto al sondeo anterior, el PP sube ligeramente y en menor medida el PSOE, mientras que Podemos pierde tres puntos, los mismos que gana Ciudadanos.

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Pablo Iglesias, entre Lenin y Marx (y viceversa)

El marxismo no es una ciencia exacta, aunque algunos lo vean así e incluso lo conviertan en una verdad absoluta, en algo más parecido a una religión que a un método de análisis y transformación social. Las controversias respecto a la figura de Pablo Iglesias lo confirman. Para unos se trata de un Lenin redivivo. Para otros un marxista, pero más en la línea del genial cómico Groucho.

Lo digo por cómo lo perciben dos dirigentes históricos de la izquierda española, de IU y del PCE, tanto monta, monta tanto. Para Julio Anguita, Iglesias y su formación política “son hijos ideológicos nuestros”. Y rendido al líder de Podemos asegura que lo considera “un sabio adaptador de Lenin a las actuales circunstancias”.

No es menor la admiración que suscita en Cayo Lara, que también ve a Pablo Iglesias como hijo ideológico del marxismo, pero, en este caso, del que encarna Groucho. “Da la impresión de que algunos sólo tienen los principios de Groucho Marx, tengo unos pero si no le gustan, tengo otros”, asegura.

Resulta cuanto menos curioso que dos marxistas de prolongada trayectoria y asentadas ideas analicen de manera tan diferente a un dirigente político contemporáneo. El Pablismo, como el peronismo, tiene plurales formas de ser entendido. Por lo pronto cuenta con dos interpretaciones completamente antagónicas si hacemos caso a los puntos de vista de Lara y Anguita.

En mi época estudiantil la izquierda ofrecía una variada gama de configuraciones del original legado de Marx: leninistas, trotsquistas, maoístas y hasta acérrimos seguidores de Rosa Luxemburgo o Gramsci, a lo que se fueron sumando las influencias de las revoluciones latinoamericanas. Y, fraccionados en muy variadas organizaciones (PCE, PCE m-L, células del PCE, ORT, PTE, OIC, PUCC, OCE-BR, MC, LC, LCR… ) dedicaban buena parte de su tiempo a combatir las otras y desviadas formas de pensar y practicar el marxismo. Ahora, observando los enfrentamientos dentro de IU y en el seno de Podemos, al menos en el ámbito autonómico, se repiten buena parte de los peores estilos sectarios.

Pasiones

Volviendo a lo que nos ocupa, probablemente Anguita y Lara, Lara y Anguita, se hayan dejado llevar por sus pasiones, por sus filias y fobias. Y hayan sacralizado uno y denostado otro a un líder mucho más humano y del que es todavía prematuro saber hasta dónde llegará y cuál será su influencia y su capacidad política más allá de recoger el variado descontento de un país en crisis económica, política, social e institucional.

No parece, cierto es, que analizando los estudios sociológicos sobre lo que piensan los españoles, ubicados como mucho en el centro izquierda, los tiempos estén para soluciones leninistas. Ni que la gente, como se dice ahora, aspire a la dictadura del proletariado y a la socialización de los medios de producción.

Pero también resulta descabellado -pese a lo sano que resulta reírse, también de uno mismo- pensar que millones de hombres y mujeres del Estado español estén dispuestos a fiar su futuro a un humorista de extremadamente cambiantes posiciones ideológicas, aunque esté el precedente de Beppe Grillo en Italia.

Mientras se despeja la duda sobre cuál de los dos tiene razón, Cayo Lara o Julio Anguita, muchos se hacen un lío y no se aclaran quién dijo aquello de “Un paso adelante, dos pasos atrás” o calificó a la política del arte “de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Eso sí, marxistas eran los dos. Groucho y Vladimir, digo.

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La parte contratante, sólo superada por Cospedal y su contrato simulado y en diferido

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Disidente

El mejor análisis de la izquierda (con perdón) actual española. Realizado en 1979.

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Cadena perpetua: ¿lo que la gente quiere?

“Los partidos, y desde luego las organizaciones de izquierda, tienen que jugar un papel pedagógico y transformador. Aunque eso suponga no contentar a todo el mundo”

En las redes sociales se ha producido un importante rechazo a la inclusión de la cadena perpetua revisable en el pacto contra el terrorismo yihadista firmado por PP y PSOE. Especialmente por considerar que los socialistas, una vez más, se han plegado a la derecha y han renunciado a sus principios para aparecer en la foto o mostrar su condición de partido de Estado. Pero, también, por ser una oportunidad única para atacar a Pedro Sánchez y desnudar al PSOE como un partido de la casta, integrante del impresentable bipartidismo; más impresentable, si cabe, cuando uno no forma parte de él.

Me parece un grave error la decisión de Sánchez. Desde el punto de vista de la imagen que trasladan a sus militantes, simpatizantes y votantes, confirmando como Groucho Marx que si no le gustan mis principios, “tengo otros”. Dando además aire a los que entienden el sistema penal solo de forma punitiva, olvidando la faceta rehabilitadora.

Y asimismo, de forma práctica. Estoy convencido de que los yihadistas se encuentran “aterrorizados”, que no logran conciliar el sueño tras la decisión de los, hasta ahora, principales partidos españoles. Como si su brutalidad pudiera ser limitada por el endurecimiento de las penas, sea esta cadena perpetua revisable sea la pena de muerte. Más aún cuando el fanatismo religioso sustituye a la razón y hay garantías de lograr el cielo en la sangrienta batalla contra los infieles.

Ahora bien, veo mucha hipocresía en este debate mediático. Recuerdo que el 2 de octubre publiqué un tuit que señalaba “Leer a gente de Podemos y Ganemos pidiendo cadena perpetua no tiene precio. Se pierden los valores a la velocidad de la luz”.

En aquella jornada decenas de tuit apostaban por la cadena perpetua, en este caso en referencia a los delitos económicos y la corrupción de banqueros, empresarios o políticos. No sé si los mantendrán o los habrán convenientemente borrado vista la evolución de los acontecimientos.

Pero es más, el populismo que viene poco puede decir en este asunto. Son claros al no definirse en muchos temas y señalar (hasta con la sevillana Semana Santa) que será el pueblo el que decida. Es una de las esencias del populismo que, como señala Eugenio del Río, pretende “ser altavoces de lo que la gente siente y piensa, y de lo que la gente quiere oír. Las ideas son útiles cuando valen para ganar apoyos para la propia causa. Se trata de dar satisfacción a la gente, de promover objetivos populares, atendiendo a los deseos de mucha gente o del electorado que interesa conquistar”. Una senda, en mi opinión, harto peligrosa.

En el caso que nos ocupa parece, por lo que señalan algunos estudios sociológicos, que un 70% de la ciudadanía (67%, según la encuesta de Metroscopia para El País publicada el 8 de febrero) apoyaría la cadena perpetua para determinados delitos. Eso acotaría mucho la capacidad de actuación de las formaciones populistas. Lo apunté en un artículo del pasado mes de noviembre: “Si funcionáramos solo en base a lo que la gente piensa no se hubiese aprobado la ley del matrimonio homosexual, que en ese momento no era sentida como una necesidad por la mayoría de la población española. Ni tampoco la actual ley de plazos en la interrupción voluntaria del embarazo. Y, en otros momentos, podría haber significado abanderar la cadena perpetua o la expulsión o, al menos, la restricción de los derechos a las personas inmigrantes”.

Como bien señala el profesor Ignacio Urquizu “sería un error pensar que esta forma de hacer política es la correcta. El liderazgo no consiste en dar siempre la razón a la gente. Ser sensible a la opinión pública es una condición necesaria pero no suficiente”. Al contrario, los partidos, y desde luego las organizaciones de izquierda, tienen que jugar un papel pedagógico y transformador. Aunque eso suponga no contentar a todo el mundo y dejar de ser un simple aparato atrapa votos -aunque muchos sean escasamente digeribles- que aplican esa horrible máxima futbolística del todo vale: “Hay que ganar como sea”.

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El ‘gatillazo’ de Soria

Lo que le ha pasado al ministro Soria con las prospecciones petrolíferas en Canarias es, seguramente, un enorme gatillazo político. En Canarias, el debate económico, social y político de los últimos tres años ha estado marcado por el petróleo. Desde su llegada al Gobierno de España, el ministro de Industria, José Manuel Soria, impulsó decididamente la realización de prospecciones petrolíferas en aguas cercanas a Canarias. Sin la menor pedagogía, sin diálogo, sin búsqueda de entendimientos.  Actuando de manera completamente autoritaria.

El Parlamento y el Gobierno de Canarias, así como la mayoría de las instituciones y formaciones políticas (a excepción del PP, UPyD y CCN), se opusieron a las mismas. También los hombres y mujeres de las Islas: las distintas encuestas coinciden en un rechazo del 70% de la población; y en los últimos años de produjeron masivas manifestaciones que exigían su paralización y apostaban por las energías renovables.

Sin embargo, el Gobierno de España no escuchó las reivindicaciones Canarias y autorizó las prospecciones, con curiosas declaraciones de impacto ambiental que no veían problema alguno en las aguas cercanas a las Islas, mientras alertaban de peligros para distintas especies marinas en las prospecciones que pretenden realizarse en el Mediterráneo.

Frustración PP

La reacción ante el anuncio de Repsol de levantar el marino campamento perforador y marcharse a investigar a otras zonas ha causado reacciones dispares. Frustración en el PP que ve diluirse su gran argumento para modificar la economía de las Islas y generar empleo. Por cierto, algunos medios de comunicación canarios, ebrios de la fiebre del oro negro, llegaron a hablar de 52.000 empleos, muchos más de los 37.000 que Repsol tiene en más de cien explotaciones en todo el mundo.

Euforia en el presidente Rivero, que ha plantado cara al ministro y a la multinacional, y alegría en la mayoría de las formaciones políticas y en la ciudadanía de las Islas, preocupadas por las consecuencias ambientales y económicas de un posible vertido, en un territorio que vive del turismo (representa un tercio del PIB canario) y en el que una catástrofe como la del Golfo de México supondría decenas de miles de parados que añadir a los 350.000 actuales.

Aunque un concejal pepero de Lanzarote dijo solemnemente en un pleno de su ayuntamiento que un derrame sería beneficioso: daría trabajo a miles de personas en las duras tareas de limpieza del piche (chapapote) en las playas.

Alegría más comedida en otros sectores que consideran que la salida de Repsol puede ser un tiempo muerto vistos los actuales precios del crudo y los costes añadidos que supone extraerlo, si lo hay en cantidad y calidad suficiente, a 3.000 metros de profundidad.

Y, en fin, sentimiento agridulce de una minoría que no está favor de las prospecciones por parte de una multinacional y que considera que las riquezas naturales deben ser para beneficiar a la mayoría y no para el lucro de unos pocos. Y que son los ciudadanos y ciudadanas de Canarias, los de hoy y los de mañana, los que deben tener la última palabra.

Desgaste

Aunque saque pecho con su habitual fanfarronería, Soria es el gran derrotado de esta larga batalla por el petróleo. El desgaste de su partido por este asunto es más que evidente, especialmente en las islas orientales, como ya se pudo percibir nítidamente en las europeas y como señalan distintas encuestas.

Sus predicciones, las de Soria, fallaron, como falló en su día su ubicación del Meridiano de Greenwich, https://latiradera.wordpress.com/2013/09/26/greenwich-pasa-por-soria-el-ministro/, porfiando en que guste o no pasaba por Canarias, cuando lo hace por Aragón y Comunidad Valenciana y por Argelia o Burkina Faso y ni siquiera atraviesa Marruecos, situada al este del Archipiélago canario.

Pero la espantada (temporal o no) de Repsol también desnuda al Gobierno de Canarias y a los partidos que lo sustentan. Su argumentación contra el petróleo y sus reiteradas loas a las energías renovables chocan con el escaso avance en la implantación de la eólica o la solar y, asimismo, con su empeño en implantar el gas. Ahora, tras despejarse la neblina del petróleo, se podrá ver más claramente cuál es el auténtico alcance de su aireada vocación ecologista. 

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El Trío Zapatista y su ‘Petróleo Canario’

https://www.youtube.com/watch?v=_4MHsqH_aAE

Tripartidismo e inevitables coaliciones

Siete meses después de la irrupción de Podemos se consolida el tripartidismo que parece haber enterrado definitivamente al bipartidismo que presidió la vida política española en las últimas tres décadas. Al menos eso muestra la encuesta de Celeste-TEl de diciembre para eldiario.es. Según el estudio demoscópico el PP seguiría en primer lugar con el 29,9% de intención de voto, por delante del PSOE (24,1%) y de Podemos (21,7%).

Respecto al sondeo de noviembre, el PSOE retrocede levemente y Podemos se estanca, mientras que IU sube ligeramente (medio punto).

El reparto de escaños que estima Celeste-Tel es el siguiente: PP (125/130), PSOE (89/94) y Podemos (60/66), a gran distancia de IU (10/11), ERC y CiU,ambos con 9/10, y Ciudadanos (8/9), que superaría a UPyD (5/6), los mismos que PNV y por debajo de Amaiur (6/7).

Coaliciones

Con estos datos ninguno de los tres grandes partidos podría gobernar en solitario, lo que obligaría a grandes coaliciones (PP-PSOE, PSOE-Podemos o, la más improbable a priori, PP-Podemos). Curioso que Podemos afirme que no pactaría con ningún partido de la “casta”, el PSOE niegue res veces cualquier coalición con el PP y los de Rajoy muestren su disposición a un encuentro con los de Sánchez.

Según la encuesta, Podemos se alimenta fundamentalmente de antiguos votantes del PSOE (22.74%) y el PP (24,31%). El 12,05% son nuevos electores y el 10,05% ex votantes de IU.

Pero hay otros datos para reflexionar. Primero el de una abstención superior en ocho puntos a a los comicios de 2011. Y otro el reparto de los que huyen de las urnas: 2,4 millones de antiguos votantes del PP y 900.000 del PSOE. ¿Nos encontramos ante una desafección irreversible o en un refugio temporal de esos votantes que, al menos en parte, pueden ser recuperados por conservadores y socialistas?

Lo que decidan será clave para el resultado final de las futuras elecciones generales y, también, para las autonómicas y locales del próximo 24 de mayo.

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La información completa en eldiario.es: 

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Caimán acosado

Para las personas que todavía seguimos incluyendo en el bagaje de

nuestros idearios y actitudes ante la vida valores como la solidaridad,

la justicia social y el igualitarismo, viajar a Cuba -aunque sea de

vacaciones- produce unos sentimientos muy especiales. Máxime

cuando se es isleño, pues, como comentamos en una animada charla

con Pablo Milanés en su casa de La Habana, la isla marca, y en El

Caribe o en el Atlántico uno termina amando esos peñascos y tiene

enormes dificultades para vivir en un continente.

Cuba atraviesa hoy por uno de los momentos más difíciles desde

la instauración de la Revolución en 1959. La caída del Este, con el que

realizaba el 70% de sus relaciones económicas, ha supuesto un golpe

terrible para la isla caribeña, y eso se nota en las carencias enormes de

abastecimiento, que alcanzan a casi todos los productos.

Las consecuencias del brutal bloqueo económico por el que la isla

es sometida desde la llegada de los barbudos al poder, junto a la

descrita dependencia del antiguo bloque soviético y los propios errores

de los gestores económicos del país, sitúan a esta pequeña nación

latinoamericana ante una encrucijada de difícil salida.

Estando allí, las simpatías ante un intento de construcción de una

sociedad más igualitaria, más soberana y justa, no nos ocultan los

problemas del exceso de burocracia, la escasez de debate, el carácter

panfletario y adulador de la prensa, la contradicción que genera el

modo de vida y los privilegios del turista, los obstáculos para introducir

los necesarios cambios en lo económico, político e ideológico y, en

definitiva, las sombrías perspectivas que se ciernen sobre un pueblo

acostumbrado a resistir, pero cuyo aguante tiene también un límite.

Pese a la crítica situación, la educación y la sanidad mantienen

niveles inimaginables en la mayoría de los países de América Latina,

cuando un crac similar en cualquier otro país hubiese derivado en un

recorte en estos sectores y en una desprotección total de las capas más

débiles de la sociedad, especialmente los niños y niñas, carne de cañón

en muchas de las democráticas naciones del continente americano, en

las que mueren de hambre o tiroteados en cualquier esquina.

El futuro de Cuba, de este pequeño caimán acosado, es hoy una

incógnita rodeada, en casi todos los discursos, de los más

desesperanzadores presagios. Su caída, esperada desde la cercana

Miami y no menos ansiada desde Washington, no sería un hecho

trivial. Para América Latina supondría un grave retroceso, una muestra

de que es imposible emprender aventuras que molesten al coloso del

Norte y la confirmación, en definitiva, de que no hay lugar para la

utopía.

(Un pequeño articulado publicado en 1992 en la revista Disenso; y no resulta tan viejo)

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Conver qué? (Las ingenuidades de Garzón)

Me temo que el valor en alza en Izquierda Unida, Alberto Garzón, no ha entendido nada de lo que está pasando. O hace como si no entendiera nada, que no es lo mismo pero es igual para el caso que nos ocupa. Su insistencia en la convergencia con Podemos y en la responsabilidad histórica de quien no apueste por la misma es plenamente melancólica y está muy alejada de la realidad.

Seamos claros. Podemos no parece tener el menor interés en esa convergencia. Por puro cálculo electoralista, analizando con una balanza qué gana y qué pierde. Y, de forma inteligente o perversa, ustedes dirán, su cúpula prefiere tener a los de Lara (al político de izquierdas, que no al dueño de una cadena televisiva) a prudente distancia; bueno, sin eufemismos, cuanto más lejos mejor.

Digo lo que digo sin menospreciar a IU, a su compromiso, a la capacidad movilizadora y al trabajo de muchos de sus militantes y dirigentes. Pero los datos electorales, ese exiguo 5% que le otorgan las distintas encuestas, aunque no son la principal motivación, es cierto que no ayudan a que Iglesias, Errejón y compañía estén dispuestos a mover ficha a favor de un posible entendimiento. Más bien todo lo contrario, como está sucediendo con los Ganemos.

Porque, además, el actual núcleo de votantes de IU no garantiza que Podemos crezca. Por un lado, porque una parte significativa de ellos no está dispuesto a apoyar a una formación “ni de derechas ni de izquierdas” ni a formar parte de un proyecto socialdemócrata. Ni a diluir a IU hasta su más que posible desaparición.

Pero, y esto es mucho más relevante, es el meollo de la cuestión, una alianza con IU, una especie de Frente Popular, aunque no lo sea ni de lejos, podría hacer que Podemos pierda el aluvión de votantes que, como muestran todos los sondeos, provienen del PSOE y, también, del PP (hasta el 15% según señalan muchos de los institutos demoscópicos).

Garzón se equivoca. Los que aspiran sin disimulos a la centralidad del tablero político (como señalan en diversos documentos), a ocupar el espacio del PSOE, es más que probable que sientan a IU como un incómodo socio a evitar y no como un deseable compañero de viaje.

Pactos

Por otra parte, me preocupan las declaraciones del secretario de Organización de Podemos, Sergio Pascual, recogidas por los medios de comunicación este domingo http://bit.ly/1wqRviw . Pascual apuesta claramente porque tras las autonómicas y locales no se produzcan pactos de su formación con el PSOE ni en comunidades autónomas ni en ayuntamientos. “En Podemos tenemos clarísimo que la casta son el PP y el PSOE. Son iguales y han votado el grueso de las políticas que han llevado a este país a la ruina, en concordato”, asegura.

De ser así, el PP, pese a su retroceso, podría mantener varias comunidades y ayuntamientos clave en el conjunto del Estado. En el caso de mi tierra, Canarias, esa inhibición de los de Iglesias posibilitaría, por ejemplo, que el PP siguiera al frente del municipio más poblado, Las Palmas de Gran Canaria, del Cabildo de Gran Canaria, entre otras instituciones donde perderá la mayoría absoluta pero seguirá siendo el más votado.

Las posibilidades de ganar al PP y de sustituirlo al frente de los ayuntamientos pasan, inevitablemente, por acuerdos progresistas amplios en los que, en el 95% de los casos, se hace imprescindible contar con el PSOE.

En aras al objetivo de ganar las generales, de llegar al cielo de La Moncloa, se muestran dispuestos a dejar en manos conservadoras buena parte de los ayuntamientos. Un mal negocio. No sé si para ellos. Pero sí para millones de hombres y mujeres de este país que saben muy bien el impacto que las políticas que se desarrollan en las corporaciones locales tienen sobre sus vidas cotidianas.

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Encuestas y reforma constitucional

Las nuevas encuestas publicadas estos días, realizadas por distintos institutos demoscópicos, siguen planteando significativas diferencias sobre el orden de los que serían más votados en estos momentos si se celebraron unas hipotéticas elecciones generales. Para unos, el PSOE. Para otros, Podemos. Las diferencias son abismales.

Según Metroscopia, para el diario El País, el PSOE tendría una estimación de voto del 27%, dos puntos por encima de Podemos (25%) y con un PP que se hunde (20%). Mientras que Sigma Dos (para el periódico El Mundo) coloca a los de Iglesias primero (29,1%), por delante de los de Rajoy (28,3%) y los de Sánchez (19,6%).

Entre un sondeo y otro, PP y PSOE llegan a tener diferencias que superan los ocho puntos; Podemos, sin embargo, se diferencia en sólo cuatro. Son lógicamente menores las distancias entre los otros dos aspirantes, IU (5,6% en Metroscopia, 4,8% en Sigma Dos) y UPyD (4,8% y 4,4%).

 

METROSCOPIA SIGMA DOS
PSOE 27,7% 19,6%
PP 20% 26,5%
PODEMOS 25% 29,1%

Lo que sí puede concluirse, pese a proyecciones electorales tan diferenciadas, es que parece consolidarse el novedoso modelo tripartidista, inédito en la democracia española; y tras décadas de bipartidismo y alternancia entre PSOE y PP.

Entendimiento

De mantenerse la actual tendencia, y al margen de quién se coloque primero en ese singular podio, se haría imprescindible el entendimiento de dos de esos tres partidos para establecer un Gobierno estable, con un amplio apoyo parlamentario. Lo que parece entrañar enormes dificultades.

Las encuestas se daban a conocer en el fin de semana en que se conmemora el trigésimo sexto aniversario de la Constitución. Y en un momento en que se debate sobre la conveniencia o no de su reforma. El PP sigue cerrado en banda, negándose a entrar en un diálogo sobre esa posibilidad. El PSOE parece dispuesto a impulsarla, al igual que Podemos o IU, aunque hay diferencias en los respectivos contenidos que pretenden incorporar a la misma.

Considero que es un buen momento para afrontar una necesaria actualización de la Carta Magna. Y que los conservadores se equivocan al negarse a una revisión y actualización que, casi cuarenta años después de su aprobación, permitiría adaptarla a las nuevas realidades y fortalecerla ganando en legitimidad y apoyo ciudadano.

Mayorías

Pero no va a ser sencilla esa reforma. Se necesitan mayorías muy amplias para iniciar el proceso y para, en su momento, culminarlo. En el caso de las cámaras de dos tercios de sus integrantes. Eso supondría, en el caso del Congreso de los Diputados, del imprescindible apoyo de, al menos, 210 escaños de los 350 que lo conforman. Algo que es imposible de alcanzar con la composición actual y la aplastante mayoría absoluta del PP, pero que tampoco está, ni mucho menos, garantizado en las Cortes que salgan de las futuras elecciones generales.

Por último, a los que nos sentimos republicanos (ya los que no) no debe pasarnos desapercibido un dato de la encuesta de Metroscopia: la elevada valoración de Felipe VI. Lo aprueba un 67% de la muestra y los desaprueba un 24%, con un diferencial positivo de 43 puntos, frente a la valoración negativa de todos los líderes políticos. Al final, resultaría paradójico que la Monarquía pueda resultar la gran beneficiada de los tiempos y los vientos de cambio.

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